miércoles, 22 de febrero de 2017

NOTICIA - HOMICIDAS

Muere policía herido por la bomba en la Santamaría
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Albeiro Garibello. Foto: www.eltiempo.com
FUENTE: EL TIEMPO El patrullero Albeiro Garibello Alvarado falleció esta mañana tras las heridas sufridas en la barrera de seguridad que protegía la plaza de toros de Bogotá el domingo pasado antes de la corrida, por la bomba que también lesionó a otros 22 compañeros suyos y varios civiles. El joven de origen campesino servía en el cuerpo desde hace cuatro años.

La última anotación médica en su historia clínica dice: "Paciente con evolución tórpida con inestabilidad de signos vitales, poca respuesta neurológica, en quien se realiza tomografía cerebral encontrando infarto extenso de hemisferio cerebral izquierdo, se procede a realizar gammagrafía cerebral que comprueba la ausencia de flujo sanguíneo lo que es conducente con signos radiológicos y clínicos de muerte cerebral".

lunes, 20 de febrero de 2017

¿CÓMO ASÍ SEÑOR ALCALDE? - VIÑETA 187

Viñeta 187

¿Cómo así señor alcalde?
Por Jorge Arturo Díaz Reyes. Cali, 20 de febrero 2017

Foto: Mauricio Dueñas, www.eltiempo.com
Yo estaba a 100 metros cuando estalló la bomba en la Santamaría. No se había extinguido el eco terrible. No se había secado la sangre de las víctimas. Nadie se había repuesto del ataque cobarde. Cuando salió el antitaurino alcalde Peñalosa a exonerar confusamente a sus conmilitones.

 “No tiene nada que ver con los antitaurinos” pero… “Autorizamos la corrida para no dar la razón a los terroristas”. “Fue en el barrio de La Macarena” (No en la plaza de toros). Fue qué no murió nadie. Fue que iba contra la policía. Fue que…

¿Por qué tan rápido? ¿Por qué absolución automática de su bando sin mediar ninguna investigación y sin mostrar ninguna prueba? ¿Por qué obviar coincidencias inocultables? ¿Por qué ignorar pistas de bulto, como que sucedió el domingo, día de corrida, a la hora del sorteo, a ocho metros de los muros de la Santamaría, tan cerca como las barreras de la policía permitían aproximarse al coso?

¿Por qué soslayar antecedentes inmediatos como la ferocidad homicida y las papa-bombas con que las turbas antitaurinas el 22 de enero pasado desbordaron las fuerzas del orden y atacaron a los pacíficos asistentes al grito de “Mueran ustedes hijueputas pero no maten los toros”, dejando otro reguero de heridos?

¿Cómo se puede olvidar que su señoría misma, desde el instante de su elección llamó repetidamente a la protesta: “Si me obligan a dar las corridas seré el primero en salir a marchar”? ¿Cómo pasar por alto su desprecio a las advertencias respetuosas que se le hicieron desde esta misma columna por última vez el 21 de junio pasado (Viñeta 156) señalándole que ese era un comportamiento altamente riesgoso?

¿Cómo podemos desconocer que la canallada criminal no conviene a los intereses electorales de los políticos autores de las iniciativas legislativas prohibicionistas que usted apoya públicamente?

¿Cómo se puede soslayar todo lo que ha pasado, todo lo que se ve, todo lo que se oye y salir de una, sin que nadie, aparte de los hechos, los estuviese acusando, a proclamar, nosotros no fuimos, no fuimos, no fuimos…? ¿Cómo así, señor alcalde?

Cómo se pude hablar en esa forma cuando lo exigido por el derecho, la justicia y la lógica es una investigación seria, discreta, independiente, sin presiones, sin excluir ningún sospechoso, la cual lleve a la captura y sanción ejemplar de los inhumanos criminales que perpetraron la animalada en la plaza de toros el día de la última corrida. Sean los que sean.

domingo, 19 de febrero de 2017

GALERÍA BOGOTÁ 6ª

6 toros de: Santa Bárbara
Sebastián Vargas, Cristóbal Pardo, Ramsés
Testimonio gráfico
Fotos: Jorge Arturo Díaz Reyes

Lea crónica del festejo aquí

Al comandante de la policía 

Respeto por las víctimas
Vargas, Ramsés y Pardo

LLave del toril

El 1º

Vargas



Cara cara







Pardo






Ramsés



Clovis

Añadir leyenda

La oreja

Santana


Las dos orejas

Nuestra bandera

Salida triunfal

BOGOTÁ 6ª (CRÓNICA)

Contra terror, valor
Jorge Arturo Díaz Reyes, Bogotá, Colombia, II 19 17

Ramsés se fue a hombros tras desorejar al sexto. A Vargas le negaron la puerta grande pese a dos faenas meritorias. Pardo porfió con un lote complejo. Muy seria corrida de Santa Bárbara.
 
Ramsés. Foto Jorge Arturo Díaz Reyes
La tarde se insinuaba lúgubre, fría, oscura. Partes tristes sobre los heridos de la mañana. Paseíllo a cabeza descubierta en homenaje a las víctimas del atentado, y minuto de silencio en memoria del ganadero Ernesto González Caicedo fallecido tres días antes. Pero saltó “Buenavida”, musculoso, castaño, capirote, veleto, astifino, rematador, y estalló la ovación de los tozudos aficionados que pese a la bomba terrorista coparon casi media plaza. Loor también a ellos.

El capitán Barbero trajo seis toros con mucha leña y cuajo (cuatro cinqueños, 1º, 2º, 4º y 6º). Parecían con más kilos que los acusados por las tablillas. Cunas amplias. Agudas, largas y veletas perchas. Capas de diversos matices, cinco en castaño y un negro salpicado, el manso. Todos de bella lámina. Su juego fue también diverso, enriqueciendo las alternativas de lidia. Desde el bravo y noble sexto hasta el manso quinto. Las versiones del toro ibérico. Pelearon en varas, persiguieron banderilleros, algunos fueron a inciertos y ásperos, pero ninguno aburrió. Transmitieron. El hierro vuelve a pasar con nota en su plaza tutelar. Y el público, encantado con el trapío, se les entregó de salida y arrastre. Una corrida como la merece la Santamaría, como la merecía un día tan infame y trágico que no podremos perdonar ni olvidar jamás.

Para empezar, Sebastián Vargas, tira de repertorio capotero. Verónicas, chicuelinas, caleserinas, gaoneras y brionesa de saludo y quite. Bulla puya bien, y el cucuteño, tras dos pares de poca precisión, clava uno espectacular de Calafia, que unifica las opiniones. Brindis al coronel Gualdrón comandante de la guardia de plaza que había sufrido más de veinte bajas cinco horas antes en el canallada criminal. Ovación a sus héroes. De una, torero sembrado en los medios. Dos y dos cambios por pecho y espalda, trincherilla y pecho. Tandas a diestra y siniestra, ligadas y rematadas, que perdieron secuencia en la última parte pues “Buenavida” buscó tablas y tardeó. Allá fue tras el, y plantándole cara le robó los muletazos y hasta le obligó en dos circulares de revés. La estocada ejecutada con gran facilidad y limpieza produjo derrame. La petición fue tenaz. Pero Don Orlando Garcia-Herreros se sostuvo, encima le dio una vuelta al toro que nadie pidió, y encaro con firmeza la bronca.

El cuarto, tumbó a Clovis, y en el último tercio tuvo un juego similar al anterior, que la veteranía de Vargas no tuvo problema en resolver. Finalizando con un volapié bien ejecutado pero hemorrágico y tardo que ahora sí recibió la oreja. Con esa misma óptica presidencial en el primero, quizá se hubiese ido a hombros.

Ramsés, pasó silenciado con el carialto, incierto y rudo segundo. Pero con el que cerró la temporada, el imponente “Corredor”, fue otra cosa. Lanceo dominador. Aplaudida vara de Adelmo. Tercio luminoso de Santana y Garrido. Y luego, el mejor toreo de la tarde. Fiel a sí mismo el capitalino. Verticalidad de plomada. Pierna y muleta por delante. Aguante. Temple, trazó largo, mano baja, encadenando uno con otro sin ceder pulgada. Todo en los medios. Todo bien. Tanto en las series derechas como en las naturales. Las mejores. La plaza, la martirizada plaza cerraba su ciclo arriba, y con un torero paisano, hijo de otro, de “El Bogotano”, que volvía con su toreo adusto y veraz a estar como se debe estar con un bravo de trapío tan respetable. Orgullo ciudadano. Las faenas valen a según el toro ¿No? Y este era inobjetable. Faltaba la muerte ritual, merecida, y la honró con un estocadón de padre y señor mío que recibió las dos orejas inmediatas y la salida triunfal en hombros. El clamor del tendido era como un mentís a los miserables, a los gargajeantes, a los bestias, a los leguleyos, a los asesinos, y a la vez un grito de que la Fiesta y la libertad  no se rendirán.

Cristóbal Pardo, tuvo mala suerte en el sorteo,  pero pese a que porfió, la verdad es que tampoco se le vio a gusto en ninguno de sus seis tercios. Ademas no estoqueó con tino.

La valiente terna colombiana cerró así, honrosamente, la temporada de reapertura de la Santamaría, la de “La Libertad”. Una temporada que había comenzado con vergonzosa y feroz azonada antitaurina, transcurrido bajo aleves ataques políticos, y terminado bárbaramente con terrorismo. Pero a pesar de todo la Fiesta vive.

FICHA DEL FESTEJO
Domingo 19 de febrero 2017. Plaza de Santamaría. 6ª de “La Libertad”. Nubes y lluvia leve. Menos de media plaza. Seis toros de Santa Bárbara (en Domecq), Bien presentados, seriamente armados, astifinos y de juego diverso. Al 1º se le dio vuelta, el 2º y el 4 aplaudidos y el 6º ovacionado. También de salida casi todos.
Sebastián Vargas, vuelta tras fuerte petición y oreja
Cristóbal Pardo, silencio y silencio tras dos avisos
Ramsés, silencio y dos orejas

Incidencias: Saludaron Ricardo Santana y Carlos Garrido tras parear al 6º. Al terminar la corrida Ramsés salió a hombros.

FOTOS DE LA CORRRIDA

BOGOTÅ 6a SORTEO

7 Santa Bárbara 7
Jorge Arturo Díaz Reyes, Bogotá, Colombia, II 19 17

Los siete toros de El Capitán Barbero, han sido aprobados y debidamente apartados para la última corrida de abono en la Santamaría. Serán lidiados por los nacionales: Sebastian Vargas, Cristóbal Pardo y Ramsés. A punto de iniciar el sorteo, explotó una bomba en la esquina noroccidental de la plaza.




NOTICIA - BOMBA EN LA SANTAMARÍA

 Bomba en la Santamaría
Por: Jorge Arturo Díaz Reyes


Bogotá. A las 10:30AM cuando nos disponíamos en los corrales al sorteo del encierro de Santa Bárbara, ha estallado con gran estruendo un petardo en la afueras mismas  de la plaza, Carrera 5a con calle 27, al borde de una barrera de seguridad con un saldo sin confirmar de al menos 27 heridos (20 policías y 7 civiles), daños en edificaciones vecinas y en automotores.

Hasta el momento ninguna organización ha reivindicado el atentado, pero simultáneamente se había convocado una concentración de animalistas a cuarenta cuadras del suceso. Ululan las sirenas de las ambulancias, el sorteo y la corrida no han sido suspendidos.


jueves, 16 de febrero de 2017

OBITUARIO

Ernesto González Caicedo
(Q.D.E.P)
Jorge Arturo Díaz Reyes MD

Ernesto González Caicedo. Foto: Jorge Aerturo Díaz Reyes
 Cuando pienso en Ernesto González Caicedo, la primera imagen que acude, no es la del hombre público, la del político, la del gobernante, la del médico, la del ganadero, la del maestro de toreros, la del aficionado, la del investigador, la del conversador ameno…

La primera imagen es una vieja foto; niño, de unos doce años, con una muleta (de torear) plegada bajo el brazo, mirando fijo a la cámara, parado junto a su madre, a su hermano: Antonio José, y a Don Julián Llaguno y su mayoral, en la ganadería San Mateo (México).

Esa imagen me viene involuntariamente, quizás porqué cuenta su biografía desde antes de que sucediera. Una biografía larga, diversa en muchas esferas, pero concéntrica en los toros.

1946. Mexico, ganadería de San Mateo. 1 “Conejo Chico”. 
2 Administrador de San Mateo. 3 Ernesto González Caicedo. 
4 María de González Piedrahita. 5 Julián Llaguno. 
6 Antonio José González Caicedo.   
Los años y las cosas pasadas han mantenido vigente aquel retrato infantil. El muchacho de mirar confiado, se hizo hombre, médico, especialista, padre, político, parlamentario, alcalde, gobernador… Por todo eso y más pasó. Enterró a sus progenitores, abandonó su profesión, conoció el triunfo y la derrota, superó vicisitudes, pero siempre siguió ahí, con la muleta bajo el brazo, dirigiendo la Escuela Taurina de Cali, criando toros, cultivando el encaste Santa Coloma en su propia versión, investigando, publicando libros, ejerciendo su magisterio y mirando afirmativo al frente.   

Ernesto González Caicedo, cuya voz taurina he oído con fruición y reverencia desde mis primeros años de aficionado, que también fueron los primeros de mi vida, cuya amistad me ha honrado, murió ayer, temprano, aquí en Cali, en su casa de Santa Rita, cerca del río. Tenía 84 años.

Se batió valientemente contra una larga y devastadora enfermedad que lo minó física pero no espiritualmente. Su partida me entristece, más por los momentos en que ocurre. Cuando depredadores de todas las pelambres rodean y acosan encarnizadamente la Fiesta, su Fiesta. Por eso me pesa más su ausencia irreemplazable, la falta de su brazo, el concurso de su brillante inteligencia.