martes, 29 de julio de 2014

DESDE MÉXICO

Colombia taurina
(Vista desde México)
 
Pepe Cáceres
Por: Horacio Reiba "Alcalino"
Peebla - México /La Jornada de Oriente
Deltoroalinfinito
En México nos quejamos del trato que se dispensa a nuestros toreros en España. No reparamos, sin embargo, que, de cara a las tauromaquias de otros países americanos, entre nosotros tampoco priva precisamente la justicia sobre el ninguneo, por más que no deje de reconocerse y jalearse en momentos puntuales a ciertos valores de esas naciones hermanas cuando son tan evidentes que nadie en el peculiar planeta Tauro osaría ignorarlos. Casos paradigmáticos en este sentido han sido los dos Césares grandes del toreo: Girón y Rincón, venezolano y colombiano respectivamente.
 
Desde Bogotá hasta el mar. Desde las tierras altas de Santa Fe de Bogotá, el toreo baja por verdes serranías y dilatados recodos boscosos hasta el mar Caribe. Colombia tiene cerca de cien cosos taurinos en activo y algunas de las ferias más importantes de América (Cali, Medellín, Manizales, la temporada invernal de Bogotá…). Además, ha sido cuna de más de un centenar de matadores, entre los cuales sobresalen nítidamente los nombres de Pepe Cáceres (José Humberto Eslava Cáceres: Honda, 1935Sogamoso, 1987) y Julio César Rincón Ramírez (Bogotá, 1965).
Dos clásicos intemporales. Pepe Cáceres tomó la alternativa en Sevilla de manos de Antonio Bienvenida (30.09.56). Y fue, durante décadas, capitán general del toreo colombiano, de lo cual tuvimos buena constancia en México entre los años 60’s y 70’s. Tan a pecho tomó esa condición que, con la vida resuelta y un hierro ganadero al alza, se siguió sintiendo torero hasta el último día, cuando con más de 50 años a cuestas y vestido de salmón y oro, se inmoló a las astas de “Monín”, de San Esteban de Ovejas, en una de las corridas de la veraniega feria de Sogamoso –departamento de Bocayá, centro–oriente del país–. Herido de muerte el 20 de julio de 1987, sobrevivió hasta el 16 de agosto, dejando una huella indeleble en la historia universal de la tauromaquia.
De Pepe Cáceres ha escrito José Alameda: “Su verónica, de un clasicismo impecable, pudo quedar de modelo en la más exigente academia del arte taurino” (El hilo del toreo, p. 252).
De César Rincón, frescas aún las huellas de su esplendor y relativamente reciente su retirada, baste recordar que ha sido el único matador, en la dilatada historia de la primera plaza del mundo, que descerrajó en cuatro actuaciones consecutivas la puerta de Madrid, durante la memorable campaña del 91 que lo entronizó como figura indiscutible de la Fiesta. Después de Arruza, su trayectoria en cosos hispanos ha sido la más trascendente de un torero nacido en nuestro continente.
Rincón, un César conquistador de todo el orbe taurino, primerísima figura durante tres lustros, orgullo de Colombia y de América.
Mexicanos en Colombia. A despecho del deplorable dominio colonialista ejercido regularmente en Sudamérica por las casas empresariales españolas, la torería azteca ha podido abrirse paso por aquellos cosos en épocas diversas. Venezuela y Ecuador fueron teatro de frecuentes triunfos de toreros mexicanos, desde los Armilla, Liceaga, Silverio, Velázquez o Procuna hasta los Huerta, Leal, Martínez, Cavazos, Rivera y Ramos. En cambio, Perú y Colombia fueron siempre más resistentes a la presencia de nuestros toreros, aunque Luis Procuna haya sido el primer ganador del trofeo del Señor de los Milagros, en Lima, y el guanajuatense David Liceaga sostuviese hasta el final de sus días que uno de los mayores éxitos de su vida ocurrió en Medellín, con Carlos Gardel en el tendido* y una copiosa cena de enhorabuena que el Zorzal Criollo le ofreció la noche anterior a su trágica muerte, en junio de 1935.
De Arruza a Mariano. Durante el primer invierno de Manolete en América, el Monstruo y Arruza arrasaron en tres actuaciones consecutivas en la Santa María de Bogotá (abril de 1946). También actuaron en Colombia, con suerte diversa, las principales figuras mexicanas de la década del 50 –Calesero, Velázquez, Rafael Rodríguez, Córdoba, Juanito Silveti—, pero sería hasta finales de la década siguiente cuando los abanderados de la siguiente generación plantaron con fuerza su bandera, coincidiendo con la consolidación de la feria de Cali como la principal de América del Sur.
Antes, en agosto del 68, Manolo Martínez –que en el futuro iba a torear en Colombia más bien poco y con escasa fortuna– fue consagrado, en una cabeza a toda plana de El Espectador, como un torero eucarístico, tras una gran tarde en Bogotá, coincidente con el congreso de la CELAM, presidido por Paulo VI. Pero, en la década siguiente, serían los de Eloy Cavazos, Curro Rivera y Mariano Ramos los nombres mexicanos más sonoros y significativos, a tono con sus éxitos tanto en la plaza de Cañaveralejo como en Manizales y Medellín. Sobresale nítidamente una memorable corrida de Piedras Negras con la que triunfaron arrolladoramente Pepe Cáceres, Palomo Linares y, con tres orejas, un indulto y un rabo simbólico, el regiomontano Eloy Cavazos (Cali, 01.01.72).
Ese año, durante las ferias de enero y febrero, Curro Rivera arrasó en Manizales y Medellín. Y en 1977, Mariano Ramos sería señalado como autor de la mejor faena de la feria de Cali, a un toro de Tequisquiapan al que se le perdonó la vida debido a su infatigable bravura y nobleza.
Los toros colombianos. Aunque divisas clásicas como Aguas Vivas y Dosgutiérrez procedían del encastes hispanos francamente duros –Parladé, Campos Varela–, las ganaderías actuales son troncales de Núñez y Domecq, caso de Las Ventas del Espíritu Santo, el hierro de César Rincón.
Como sea, en los principales cosos de Colombia siempre gustó el toro con casta, edad y cuajo, y no han sido pocos los percances sufridos por ases iberos que, confiados en “hacer la América”, se encontraron allí con una realidad distinta. Paco Camino, Diego Puerta, Manuel Benítez, su hijo putativo –anunciado también como El Cordobés–, Ortega Cano y Sebastián Castella pueden dar fe, dolorosamente, de la casta y certeza al herir de las reses colombianas. Aunque tampoco hayan faltado Dominguines y Ordóñez, en su tiempo, o Ponces y Julis, en el nuestro, empeñados en imponer el medio toro, como admirablemente han reflejado en sabrosos textos Antonio Caballero y Víctor Diusabá, dos de los autores más señeros de actual literatura taurina en el mundo.
Agradecimiento. Hablando de escritores y cronistas eminentes, debo señalar mi gratitud hacia Guillermo Rodríguez, de Radio Caracol, de Bogotá, por su generosa mención al autor de esta columna, y la transcripción parcial que le mereció la del pasado 30 de junio. Como no es la única persona con quien me interesaría entablar fructíferos diálogos, remito a los lectores mi correo electrónico:hreiba@gmail.com.
*N de R: Carlos Gardel jamás asistió a toros en Medellín. Su estancia en esa ciudad fue solo una escala aérea entre Bogotá y Cali


domingo, 27 de julio de 2014

VALENCIA: 7ª de la Feria de Julio

Un excelente toro de Cuadri
Crónica de Barquerito
Rafaelillo con las orejas del cuarto Cuadri. Foto: Jesús Camacho www.burladero.com
 
Valencia, 27 jul. (COLPISA, Barquerito) Vuelta aclamada en el arrastre, dos orejas para un Rafaelillo, resuelto, listo y entregado. Faena a favor del toro. Otros dos toros notables dentro de una corrida demasiado desigual 
LA CORRIDA  DE CUADRI fue tan honda como suele. Cuatreños los seis, de muy serio cuajo: los pechos, las cajas, los cuartos traseros, las papadas de pavo, flequillos de garza. Negros zainos todos. La pinta de tizón. Cornicortos y astifinos, las palas grises tan propias de la casa. El gesto frío de partida. La guasa recelosa de un toro que no es por norma pronto, sino todo lo contario. La presencia inquietante.
Una cara manera de venderse. El toro de Cuadri no suele definirse de salida. Ni siquiera del todo en el caballo aunque apriete y sangre. Menos que ninguno en banderillas porque espera, corta y persigue. Así que toca esperar. Los dos últimos de corrida se aplomaron: el sexto, hasta la exasperación; no tanto el quinto. Hubo, en fin, un segundo de mala nota, violento, revoltoso, de pegar solamente cabezazos. Todo eso.
Pero hubo, sobre todas las cosas, tres toros de buena nota: un cuarto bravo con ganas, de embestidas en tromba cada vez que se lo propuso o se lo propusieron; un primero de apariencia reservona, porque se lo pensó no poco, pero que tomó engaño por abajo, descolgó y repitió con buen ritmo; y un tercero de particular hondura –más largo que los demás-, maltratado en varas, una primera implacable, interminable, severísima, y una segunda tan trasera como lesiva, y, a pesar de todos esos pesares, un toro de mucha nobleza y hasta cierta elegancia al embestir con sitio para hacerlo y fuera de las rayas, en la zona franca que va del tercio a los medios.
Murieron de bravos tercero y cuarto. La muerte de ese cuarto fue singular. No espectacular, pero sí de una resistencia fuera de lo común. Tragando sangre pero sin perder la atención de nada, pendiente de Rafaelillo, que quiso esperar sentado en el estribo para verlo doblar, y no consintió el toro. Cuando rodó, derrumbado  como épico coloso, se sintió temblar la tierra y la gente prorrumpió en una ovación atronadora. Le dieron la vuelta al ruedo al toro –se llamaba Trastero- y las orejas a Rafaelillo, que se batió el cobre de verdad, se asentó desde el principio, cuando más turbulentas y seguidas fueron las embestidas, y supo esgrimir sus armas de torero muy toreado cuando llegó el momento de vérselas tanto con el toro como con la gente.
De la fijeza del toro, y de la listeza de Rafaelillo, dará idea el hecho de que la faena se jugara en un mínimo espacio de ruedo. Detalle nada común en un toro de Cuadri, que suele exigir faenas cortas y cambios de terreno para no aquerenciarse, enviciarse ni orientarse. Con su fuerza trepidante fue toro muy noble. Las tandas de Rafaelillo –muletazo más corto y ancho que largo y bajo, más de apagar el incendio que de prender la llama- tuvieron por mérito mayor la firmeza y la ligazón. Con los deberes hechos por las dos manos, Rafaelillo se adornó con dos cambiados de repertorio y dos o tres desplantes del repertorio popular. Antes de eso, había hecho intención de rematar alguna tanda mirando al tendido. Tampoco en ese punto quiso trato el toro. Cosa seria la bravura. La estocada fue de gran entrega y no tanta muerte. La agonía fue parte de la trama.
Después de las vueltas al ruedo del toro y de Rafaelillo, la gente de sombra descubrió en un tendido alto la presencia de Fernando Cuadri junto a un grupo de fieles amigos de su pueblo, Trigueros, provincia de Huelva, y rompió otra ovación que pareció irse abriendo paso palma a palma hasta llegar al destinatario. La humildad del ganadero: no quiso saludar, solo meciendo la cabeza de arriba abajo y abajo arriba hizo un gesto de agradecimiento. Había en la plaza aficionados de Castellón, que son incondicionales de la ganadería.
Y también había un par de centenares de Requena, que no estaban por los toros sino por el torero del país, Jesús Duque, que cumplió, por cierto, muy dignamente. El tercero de la tarde le hizo tirarse de cabeza al callejón tras dos primeras arrancadas feroces, pero solo fue una falsa alarma. Luego, sangrado y casi molido pero todavía entero el toro, Duque se salió a los medios, se estuvo sereno y listo, dibujó muletazos de bella cadencia y, del todo sobrepuesto, solo pecó de citar demasiado en corto y por fuera cuando el toro ya se había parado. La estocada fue excelente por todo. También la que hizo rodar al apagadísimo sexto.
La ovación tan cariñosa para Cuadri no fue solo para subrayar la personalidad del cuarto, sino para premiar lo que estaba siendo hasta entonces signo de la corrida, porque primero y tercero habían puntuado lo suyo. Rafaelillo cumplió bien con el primero, que precisó de ir empapado en el engaño y, tuvo, sin embargo, un punto pegajoso. Ni falta ni exceso de confianza del torero murciano, que echó la muleta al hocico en el momento justo, midió el trabajo y no supo redondear con la espada: dos pinchazos, una entera atravesadísima que asomó y una buena estocada al cuarto viaje. Los dos toros de Bolívar entraron en el cupo de nada que rascar. En particular el segundo, que ni una broma. Con el quinto, esfuerzo denodado pero reiterativo del torero de Cali, que no pasó con la espada y anduvo moroso antes de eso. Morosa fue la lidia de ese toro. Y la del sexto todavía más. Ese borrón en un final de feria bastante más interesante de lo previsto.
FICHA DE LA CORRIDA
Valencia. 7ª de la Feria de Julio. Un tercio de plaza. Brisa cálida, estival. Seis toros de Cuadri. Corrida honda. 565 kilos de promedio. Salvo segundo y sexto, todos se emplearon en el caballo. Primero, tercero y cuarto pelearon en la muleta con el estilo de casa: un punto tardas pero casi en tromba las embestidas. El cuarto, de soberbio fondo, premiado con la vuelta al ruedo. Violento el segundo, con genio. Se aplomaron sin remedio los dos últimos.
Rafaelillo, saludos tras un aviso y dos orejas tras aviso.
Luis Bolívar, silencio tras un aviso y silencio.
Jesús Duque, ovación tras un aviso y palmas.
Dos grandes pares de Joselito Rus al cuarto.


BOLÍVAR EN SANTANDER

Bolívar pincha en su aniversario
(La prensa Española)
Luís Bolívar cita el bronco tercer Victorino. Foto: Wences Muñiz, www.aplausos.es
  Por: Jorge Arturo Díaz Reyes
Conmemorando los diez años de su sangrienta alternativa, en la corrida de la prensa, y ante dos victorinos complejos de diferente genio, el caleño se muestra torero, cuajado y capaz pero falla con la espada opacando la efeméride.
 
APLAUSOS: Luis Bolívar fue silenciado con el tercero, un victorino que lo puso complicado en los primeros tercios y también en el último tercio. El colombiano lo intentó por el pitón izquierdo pero el lucimiento fue imposible. Mal con la espada. El colombiano se mostró por encima del sexto del festejo y de la feria en una faena meritoria y presidida por la firmeza. Muy voluntarioso, malogró su actuación por el mal uso de los aceros.
 
ZABALA DE LA SERNA (EL MUNDO): Con el sexto, regresó el sello de la casa de la humillación. Muy por abajo el hocico, y por encima los conocimientos engrasados de Luis Bolívar de la sangre albaserrada.
 
ROSARIO PÉREZ (ABC): El colombiano se desesperó y lo despachó (al 3º) malamente a la última. Con el sexto anduvo profesional y más entregado, pero sin terminar de dar al paso al frente con el acero.
 
PATRICIA NAVARRO (LA RAZÓN): …en el polo opuesto, el toro imposible de la corrida, fue el tercero, se lo hizo pasar mal a todos los que se pusieron delante sin excepción. La prenda le cayó en suerte a Bolívar que pasó el trago como pudo. El sexto al menos descolgó, informal y pegajoso pero dejaba estar. Aprovechó las arrancadas el colombiano y le falló la espada.
 
FICHA DE LA CORRIDA
(Aplausos)
Corrida de la Prensa. Dos tercios. Toros de Victorino Martín, bien presentados, entipados y de parejas hechuras. Variados de juego, destacaron el buen primero, por su clase y humillación, y la exigencia y transmisión del segundo.
Fernando Robleño: Oreja y ovación con saludos;
Javier Castaño: Ovación con saludos y silencio tras aviso;
Luis Bolívar: Silencio tras aviso y palmas.
Saludan: Ángel Otero y Fernando Sánchez en 1º y 2º. En el 5º la cuadrilla de Castaño - Galán, Adalid y Sánchez.

 

domingo, 20 de julio de 2014

MADRID 5ª CONCURSO NOVILLEROS

Interesante debut de Fermín
Crónica de Barquerito 
 
Curro de la Casa. Foto: www.las-ventas.com
 
Un novillero cacereño que no solo se presentaba en las Ventas sino que toreaba por primera vez con picadores. Valientes Miguel Giménez y Curro de la Casa
SUERTE Y ESTILO bien distintos dentro de la novillada de jandillas de Palla. Casi clones tercero y cuarto: castaños lombardos, las puntas finas, hirsuto el flequillo. Muy bonitos. Pero el uno se aplomó en banderillas, se echó al quinto viaje, resistió malqueriendo en una faena de sorprendente buen pulso del debutante Alejandro Fermín y volvió a echarse ya sin remedio al cabo de veinte muletazos tirado a tenaza y compás, de notable encaje y rico son. Hubo que apuntillar al toro sin que pudiera entrar a matar Alejandro. En dos lances a la verónica se dejó sentir una particular calidad que luego iba a quedar patente.
 El cuarto, en cambio, fue toro de mucha y larga duración, prontitud y buen recorrido, repetidor, brioso. Un punto llorón, pero el mejor de la corrida con mucha diferencia. Muy afanoso con él el valenciano Miguel Giménez, que ya es novillero de vuelta, tiene oficio y horas de vuelo, estuvo firme. Torero de mejor cintura que pulso o muñecas. Un pelo acelerado. Muy seguro y valeroso  con la espada.
En el lote del alcarreño Curro de la Casa entraron dos novillos muy distintos. El segundo de la tarde galopó de salida y empujó en una primera vara bastante en serio, pero enterró pitones después del puyazo y acusó el percance. Se rebrincó, claudicó, llegó a parecer descoordinado, pegó cabezazos, punteó engaño, bramó dolido. Al toro le hizo un airoso quite de lances de costadillo Alejandro Fermín. Curro superó sin duelo una voltereta: le sorprendió el novillo fuera de cacho. Porfía honrada. Una estocada sin puntilla. El quinto, atacado de carnes, de frágiles apoyos, barbeó las tablas, apretó en banderillas y, sin llegar a romper en serio, tuvo trato. Atrevido y firme, Curro abrió con el pase cambiado por la espalda en los medios y con cite de largo. Una buena tanda en trenza. Ha empezado a calar entre novilleros el modelo Perera, en versión Fandiño, y de esa escuela parece deudor De la Casa. Una faena paciente, pero encimista. Sin vuelo la muleta, precisos los toques, bellos cambiados semicirculares en los remates de tanda. Hasta que se paró el toro ya sin aliento. Seguro y firme el torero. Una tanda de manoletinas versión La Serna: con toque por los vuelos, lacio el muletazo. Una estocada cobrada a ley pero con vómito.
El primero de la tarde, de buen remate, se blandeó en la primera vara y se empleó en la segunda. Curro de la Casa hizo un valiente y fino quite por gaoneras de escuela, puras, flexibles. Giménez se había ido hasta la boca de riego en lances de saludo encajados pero bruscos. Pronto en banderillas, fue, sin embargo, novillo gazapón, la cara alta, poca entrega. El viento no dejó elegir terrenos. Se vio descubierto dos veces y casi cogido Miguel. Faena resuelta, sin esconderse el torero. Una estocada soltando el engaño y arreón final del toro, que lo persiguió.
No fue feliz la idea de Alejandro Fermín de irse a porta gayola a saludar al sexto, que salió de estampida y a cañón, lo desarmó y pasó por encima, y se descompuso desde entonces. Raro de hechuras, alto de agujas, ofensivo. El reverso del lindo tercero. Y, en fin, novillo muy a menos, venido abajo, a topetazos solamente. Muy compuesto y firme de verdad el torero cacereño. Muy agradable sorpresa. Pues otra vez volvió Alejandro a ponerse donde más cuesta estar, y a tirar con pulso del toro que se resistía. Con la espada, en cambio, la falta de sitio y recursos resultó inocultable: un metisaca, cuatro pinchazos sin cruzar, un aviso, se echó el toro. Sensación de buen torero.
Ninguno de los tres de terna alcanzó la final del certamen de novilleros del verano. Se anunció por megafonía que los finalistas serán, el próximo domingo, Juan Miguel, Gonzalo Caballero y Miguel Ángel León.
FICHA DE LA NOVILLADA
Madrid. 5ª del certamen de novilleros. Suave calor, tarde algo ventosa. Un cuarto de plaza. Seis novillos de Antonio Palla. De condición y hechuras distintas. Muy bellos los cuatro primeros. El cuarto fue el mejor de la corrida. Se echó el tercero. Gazapón el primero, rebrincado y claudicante el segundo, se paró el quinto, se defendió el sexto.
Miguel Giménez, silencio y palmas tras un aviso.
Curro de la Casa, saludos y vuelta.
Alejandro Fermín, de Cabezuela del Valle (Cáceres), nuevo en Madrid, silencio y silencio tras un aviso. Fermín debutó con picadores.
 


jueves, 17 de julio de 2014

MONT DE MARSAN 2ª DE LA MADELEINE

Fandiño arrolla en Mont de Marsan
(Revista de prensa)
 
Por: Jorge Arturo Díaz Reyes
A plaza llena, el torero de Orduña, reciente triunfador del San Fermín pamplonica, se refrenda con dos faenas de poder a serios toros de la Quinta, corta tres orejas y sale a hombros en la segunda de la Madeleine.  

APLAUSOS: Exhibición de Fandiño, tres orejas en Mont de Marsan.

 

LA RAZÓN: El torero de Orduña apostó fuerte en el sexto tras conseguir una oreja en el tercero de la tarde, una faena basada en el pitón izquierdo que remató de una gran estocada.
 
COPE: Triunfa el mando de Fandiño. Dos faenas poderosas le han valido aIván Fandiño paras cortar tres orejas. Tarde redonda ante una corrida muy bien presentada de la Quinta. 
 
MUNDOTORO.COM: Soberbia tarde de Fandiño. 
 
BURLADERO.COM: Fandiño imparable abre la puerta grande.
 
FICHA DE LA CORRIDA
Jueves 17 Mont de Marsan / 2ª de feria. Lleno.Toros de La Quinta, muy bien presentados, desiguales de hechuras y con muchos pitones. El segundo, más acochinado. Faltos de clase y casta. 
Antonio Ferrera: Silencio y oreja.
El Juli: Silencio y pitos.
Iván Fandiño: Oreja y dos orejas. 
 


PAMPLONA TROFEOS 2014

Fandiño triunfador del San Fermín 
Iván Fandiño con "Español". Foto: Diario de Navarra
En reconocimiento a sus faenas con toros de Victoriano del Río y Jandilla, los días 9 y 11 de julio, en las cuales cortó un total de cuatro orejas, el matador vasco Iván Fandiño ha recibido por segundo año consecutivo el trofeo como triunfador de la feria del toro, San Fermín 2014.

Triunfador de la Feria, Ivan Fandiño, trofeo del Diario de Navarra.

Mejor Faena, Miguel Ángel Perera, trofeo del Hotel Maissonnave, por la faena con el toro de Vegahermosa, 5º el 11 de julio al cual cortó las dos orejas.

Mejor estocada,  Alejandro Talavante, por el volapié al toro “Cazadotes”, 3º de Garcigrande en la 6ª de feria. Trofeo del Club Taurino de Pamplona.

Mejor toreo al natural, Pepe Moral, por el realizado al 5º toro de Fuente Ymbro el 12 de julio. Trofeo del Corte Inglés.

Mejor toro, “Español” de  Victoriano del Río, lidiado 5º en la quinta corrida por Ivan Fandiño, quien le cortó las dos orejas.

Mejor encierro, Victoriano del Río, Trofeo “Feria del toro”, de la Casa de Misericordia, por el lidiado en la 8ª corrida.

Mejor vara, desierto.

Mejor par, Curro Robles de la cuadrilla de Esaú Fernández, por el ejecutado el en la 10ª de feria al toro Olivito, 6º de Miura. Trofeo del Club Taurino de Pamplona.

Mejor toreo a caballo, Pablo Hermoso de Mendoza, por su faena con el primer toro de Carmen Lorenzo en la segunda de feria. Trofeo Onda cero.

Detalle para el recuerdo, Pablo Hermoso de Mendoza, por la ejecución de la “Hermosina” con el toro “Canastito” 4º de Carmen Lorenzo, en la segunda corrida.

lunes, 14 de julio de 2014

PAMPLONA: 10ª de San Fermín

Oficio y carácter de Luis Bolívar
Bolívar se encara el segundo miura Miura . Foto Diario de Navarra / EFE
Crónica de Barquerito
 
Una corrida de muy desigual condición de Miura. Con el lote más propicio, el torero colombiano hacer valer su sentido del toreo, se entrega con la espada y se hace querer.
 
SOLTARON GLOBOS AZULES durante el paseíllo. Sería para celebrar que en esta última tarde de sanfermines salió por fin el sol, y se quedó para toda la corrida sin esconderse. Los  mejores golpes de luz en Pamplona, si el tiempo no hace regates, son dos: el amanecer en el casco viejo y la puesta de sol en la plaza de toros. Largo el día. Y breve de verdad una corrida de Miura que, como tantas otras veces, fue la de clausura de la Feria del Toro. Menos de dos horas. Si Esaú Fernández no se encoge con la espada –cinco pinchazos en el sexto, el último de la feria-, se habría llegado al ideal  un festejo de ochenta minutos. No hace falta ni un segundo más.
Por prontos, y por ofensivos, los toros de Miura suelen propiciar espectáculos de apenas dos horas. No fueron, sin embargo, dos horas precisamente intensas. El primero de corrida se desparramó sin la menor fuerza y Castaño abrevió al cabo de un trasteo justificatorio porque no cabía más. El tercero, de mucha movilidad aparente, también se derrumbó como descaderado. Y el cuarto, casi lo mismo: frenazos, ahogos, ni siquiera medios viajes, simples tumbos y al suelo. Rodó el toro antes incluso de que la gente, la de sol y la de sombra, pudiera dar cuenta de la merienda. Los dos últimos toros, salineros de pinta, de hechuras muy similares dieron más de sí en todos los sentidos: más tiempo vivos en escena, mayor protagonismo, más viveza. Y más bondad.
La gente los estaba esperando. Esperando, en realidad, a uno de esos dos de pinta tan al calco. En la carrera del encierro uno de ellos se había ensañado con un corredor dicen que australiano, lo había prendido y buscado, quiso zurcirlo a cornadas y le pegó tres. Descolgado de la manada, se volvió antes de enfilar la larga derechura de la calle Estafeta. Se vivieron momentos de pánico. La pericia de los pastores evitó males mayores. Cuando estaba todavía por resolverse el sentido del toro, aparecieron los bueyes de escoba. Arropado en ellos, el toro se fue cabalgando a buen ritmo hasta la plaza. Lo recibieron con una ovación de gala.
Solo que la imagen y la noticia de las tres cornadas habían trascendido. Es tradición en Pamplona que el toro que ha herido de gravedad a algún mozo en el encierro sea recibido con una pitada ruidosísima. Como el quinto y el sexto eran idénticos, la bronca se la llevó el quinto. Hasta que se deshizo el entuerto. El malo de la película era, en realidad, el sexto, que se llamaba Olivito. Y resultó ser, por cierto, un toro muy noble. Noble fue también el quinto. Hay toros de Miura que llevan impresa la marca pero tienen  alma de cántaro. Ese mismo. El sexto se movió más y mejor que ninguno. Esaú Fernández dejó claro que anda fácil y suelto con el toro que sea. No se aflige, resuelve. El puro desenfado. Pero no pasa con la espada. O no pasó en este turno de cierre de feria. Tenía el premio en la mano. Premio a su resolución y soltura. Se esfumó.
Premio pilló Luis Bolívar en tarde de carácter. El segundo miura fue el más miura de los seis. Sin la claridad del sexto, pero con mucho más temperamento, ataques sin pausa ni respiro, alguna tarascada a final de viaje, pero la cara y la mirada en el engaño. Bolívar le pegó de salida dos largas cambiadas de rodillas, quitó luego por lances de costadillo, brindó a la plebe, acertó a fajarse y medirse, a correr la mano, a engañar al toro y buscarle las vueltas. Por una mano y por la otra. Se volcó el torero de Cali con la espada. Como si en la estocada le fuera el destino, la vida, el futuro, quién sabe. Salió prendido de mala manera por la ingle, con la taleguilla blanca hecha unos zorros y la tira bordada desprendida y abierta en canal. ¿Ileso? No se sabe. Debía llevar unos cuantos varetazos o moretones. La oreja le sabría a gloria. No todos los días se corta en Pamplona una oreja a un toro de  Miura. Cárdeno, como los otros tres que se jugaron por delante de los salineros.
No tuvo más opción que la de lidiar y abreviar Javier Castaño, porque los dos toros de lote se fueron de las manos y, desvencijados, se abrieron enseguida de patas en señal de renuncio. Y casi lo mismo Esaú con el tercero. Bolívar se pertrechó de un pantalón de arenero que se calzó encima de la taleguilla blanca y de esa guisa faenó con el quinto. La gente estuvo más pendiente de la indumentaria que otra cosa. La estocada, al encuentro, fue de gran habilidad. El trabajo, sereno y de autoridad. No brillante.
FICHA DE LA CORRIDA
Pamplona, 14 jul. 10ª de San Fermín. Lleno. Soleado, templado, bueno.
Seis toros de Miura. Segundo y sexto, de notables hechuras. Bien armados los seis. Se derrumbaron tres de ellos: primero, tercero y cuarto. Dieron buen juego los otros tres.
Javier Castaño, silencio en los dos.
Luis Bolívar, una oreja y saludos.
Esaú Fernández, silencio y silencio tras un aviso.
 


domingo, 13 de julio de 2014

PAMPLONA: 9ª de San Fermín

Tres toros de Adolfo sin suerte
Urdiales pasa trabajos. Foto: Noticias de Navarra/EFE
 
Crónica de Barquerito

Una corrida de formidable artillería y desigual condición. Dieron juego los dos últimos fue apto el tercero, deslucidos los demás. Empeño muy discreto de Escribano y Aguilar.

LOS TRES TOROS cinqueños de Adolfo Martín se abrieron en lotes distintos. Lo mismo ha pasado en todas las corridas de feria que han venido a Pamplona salteadas de edad. La  edad parece primar sobre cualquier otra cosa. El toro de Santa Coloma y el de Saltillo, las dos líneas de la ganadería de Adolfo y de su hierro par de Victorino Martín, suele embestir más templado con los cinco años cumplidos que con solo cuatro. La corrida de esta baza, de envergadura y hechuras sobresalientes, embistió lo justo o demasiado poco. Los toros que se emplearon lo hicieron recelosamente.
No todos: el último de los seis, uno de los cuatreños, de estampa sensiblemente diferente, salió galopando, tomó engaño por los vuelos, apretó en serio en el caballo, cobró a modo, atacó en banderillas, tuvo prontitud y bravo estilo. Se llamaba Bonito. Lo fue. El de más peso de una corrida liviana, la más ligera de estos sanfermines. Promedio de 520 kilos. La mínima de la feria. Tuvieron trapío los seis toros. Exageradamente cornipasos segundo, tercero y quinto. De los que “no caben en la muleta”, según definición de don Pablo Lozano. Pero el sexto estaba armado de otra forma.
Corrida bajita de agujas, en tipo y muy bien hecha. Sin contar siquiera con su mayúsculo velamen. Astifino, de cañas finas, ligeramente montado, el toro Bonito remató de salida. Fijeza y ganas. De buena nota, No llegó a pararse ni a ponerse con él Alberto Aguilar. Por falta de ideas y resolución. La indecisión. En los medios el combate, y por eso no hubo modo de taparse ni esconderse. No puede decirse que se quedara sin ver el toro. Porque se vio.
 Si hubiera salido en la primera mitad de festejo, se habría visto mejor. O con más atención. La mayoría de los toros que mejor han embestido en Pamplona este año se han jugado después de la merienda o en plena merienda. Como el sobrero de la corrida de Fuente Ymbro, por ejemplo. Por lo demás, no era el día de Alberto Aguilar, que se echó por delante uno de los tres cinqueños y, por el nombre, de reata casi infalible: Aviador. De todos los cornipasos, este lo fue más que ninguno. Un punto felino el estilo, y eso es siempre buena señal en el toro de Saltillo. Temple al tomar la muleta por la mano izquierda. Largos viajes. Muy acelerado Alberto en el momento de tomarle la temperatura al toro. Y, después de tomada, y el toro ligeramente aplomado, pareció el torero cansado. Así que Alberto, el mejor librado en el sorteo de los tres de terna, tuvo suerte con su lote. Pero no al revés. Sí funcionó como casi siempre esa especie de electricidad innata del torero de Fuencarral, que llega a la gente con un gesto o una sola palabra, un chillido para provocar una embestida. La chispa, sí; el asiento, no.    
En el cupo de toros aptos para más logros de los vistos entró también el quinto de corrida, que Manuel Escribano esperó a porta gayola de rodillas para librarlo con la preceptiva larga cambiada. El toro vino con franco ataque por derecho y, loca carrera, se fue a saltar al callejón justo al pie de las sinfónicas peñas de sol. No hay nada que más divierta al sol de Pamplona que un salto al callejón. No olímpico, porque el toro estuvo a punto de quedarse colgado. Un paseo por el callejón y de vuelta al tajo con no tanta alegría como la primera.
Escribano se estiró en dos verónicas buenas, pero el tercer lance de tanda fue una chicuelina inapropiada que cortó el flujo al toro y a todo el mundo. Ese corte de fluido fue constante de la faena toda. Tiempos muertos y demorar larguísimas entre par y par de banderillas. Y todavía más acusado ese vicio en una faena excesivamente plana, ligerita, vaporosa. A su aire el toro, que fue noble y mereció algo más. Una faena lógica. ¡Qué menos!
El toro que rompió plaza, vuelto de cuerna y paso, salió con pies y ganas, metió la cara, descolgó enseguida, hizo buena salida de varas, tuvo fijeza, pero se apalancó de repente y sin aviso, empezó a frenarse y enterarse, a pensárselo y a soltar algún cabezazo que otro a final de viaje. Desarmó a Urdiales casi arrancándole la muleta de las manos. Curioso el caso de un toro de esa estirpe que después de sangrado se envenena y antes de varas, en cambio, parecía casi transparente.
Los toros segundo y cuarto llevaban el mismo nombre: Sevillano. Es frecuente en la ganadería. En Madrid se les distingue con numeración romana. Aquí no. El segundo, muy descarado y distraído, salió revoltoso y a la defensiva. Se ponía por delante. El más difícil de los seis. Resolvió sin apuros ni empacho Escribano. El otro Sevillano, algo frentudo, hocico respingón, hechuras distintas a las de su presunto hermano, salió extraordinariamente distraído.
 
Quiso rajarse, se quedó prendado de no sé sabe qué o quién del tendido 2,  junto a las sillas del Casino y bajo la pancarta de la Peña Borusia, la decana de las peñas extranjeras de San Fermín Alemanes de Düsseldorf, gente seria. Más que el toro. Ni dos embestidas iguales tuvo el toro, tan noble como incierto. O tan incierto como noble. Urdiales abrevió a la fuerza.
FICHA DE LA CORRIDA
Pamplona, 13 jul. 9ª de la Feria del Toro. Lleno. Templado, soleado. Seis toros de Adolfo Martín, en tipo, de impresionante arboladura, con mayoría de cornipasos. Cumplieron en varas los seis. A la corrida le faltó en general celo. El sexto tuvo son y entrega. Tercero y quinto dieron juego. Se apalancó y violentó el primero. Se defendió el segundo; distraidísimo el cuarto.
Diego Urdiales, silencio en los dos.
Manuel Escribano, silencio en los dos.
Alberto Aguilar, silencio en los dos.
 


 

sábado, 12 de julio de 2014

PAMPLONA 8ª de San Fermín

Padilla, patente de corso

Juan José Padilla a hombros hoy en Pamplona. Foto: Noticias de Navarra
Crónica de Barquerito

En su lote, los dos toros de mejor condición de una despampanante y afiladísima corrida de Fuente Ymbro. Botín de dos orejas. Buen debut del olvidado Pepe Moral.

SE HABÍA CORRIDO la voz de que la corrida de Fuente Ymbro venía armada hasta los dientes. Reclamo morboso para corredores del encierro, que en sábado de fiesta suelen multiplicarse. Muy astifina la corrida. Agujas, guadañas, garfios carniceros, amplísimos balcones, sienes disparatadas. Todavía más amplias las defensas que las de la corrida de Victoriano del Río, de apariencias más que disuasorias. Tres toros cinqueños y tres cuatreños, repartidos equitativamente. Esa fue toda la equidad, porque entero, templado, noble y bravo solo hubo en rigor uno entre los seis que corrieron encierro y entraron en sorteo. El primero, que fue una preciosidad.

En Pamplona no es costumbre aplaudir de salida a los toros. Tal vez porque ya están vistos dos veces antes de asomar: primero, en el manifiesto de la Rochapea –los corrales del Gas- y, luego, en el encierro. Pues ese primero fue un toro con tanta plaza que las peñas lo festejaron con un clamor de asombro. El toro, además, salió con galope engallado. Por si fuera poco, Padilla lo recibió hincado de hinojos en tablas con una larga cambiada de rodillas y, enseguida, tres más ganando terreno hasta el tercio, y dos delantales, y una revolera. La revolución. Ondearon las banderas corsarias. Por el torero de Jerez, que es en Pamplona el rey del sol.
Y no por el toro, cuyas embestidas tanto en las largas voladas como en los lances por bajo fueron de un temple nada común.

Padilla quitó por navarras y remató con un lance arrepentido pero marcado abajo. Planeaba el toro. Pepe Moral salió en su turno a quitar a la verónica. Dos y revolera. Galopó el toro en banderillas. Lo tenía todo. El runrún tan particular que se dejaba sentir de pronto en el ambiente lo había provocado el toro con su manera tan armónica de moverse y venir a reclamo. Y con su cuajo formidable. Padilla brindó al público, abrió faena de rodillas y por arriba, en el mismo punto donde había recibido al toro con la larga cambiada, y, gateando, de pase en pase, se pasó la segunda raya, que en Pamplona se pinta de almagre, grana o calimoche. Como en Sevilla. El toro pedía distancia, como todos los que galopan, pero Padilla prefirió las cercanías, como llama Suárez-Guanes a ese terreno donde torear no resulta ni más ni menos difícil, pero bastante más seguro. Aprovechando un hueco de acústica, se coló La Pamplonesa con un pasodoble tan airoso como el Gallito, de Lope.

Padilla optó por la faena trapisonda, un molinillo porque costaba soltar a toro de tanta entrega y tanto temple, un desplante,  circulares cambiados de rodillas, un caos deliberado, pausas para dar entrada al coro. Y, sin embargo, la faena fue perdiendo aliento y color. Una estocada caída y soltando el engaño. Adiós, toro, que se llevó dentro mucha vida.

El segundo de corrida se aplomó y, al apoyarse, pegaba cabezazos. Se defendía. Era el debut de Pepe Moral en sanfermines. Solo cupo abreviar sin aburrir. ¡Bien! El tercero fue el primero de los tres cinqueños del envío. Castaño, igual que el primero, pero muchísima más envergadura. Corona terrorífica: tan abierta la cuerna, tan largas las astas, tan buidas las puntas. Un toro cornalón. Se desinfló tras la primera vara. No le tembló el pulso a Jiménez Fortes, templado en buenos y suaves lances de recibo. Valiente el torero malagueño, firmeza innegable, pero el toro, que metía la cara, no tenía el menor resuello, se quedaba debajo. Ni un viaje en condiciones. Se vio a Fortes respirar como si tal cosa. Tampoco es que pasaran silbando las balas. Costó lo indecible cruzar con la espada. Un aviso tras cuatro o cinco ataques.

Otra pieza de museo fue el cuarto, cinqueño, Embriagado. Se derrumbó. Fragilidad indisimulable. El primer toro devuelto por inválido al corral de toda la feria. El sobrero, de Fuente Ymbro también, no había corrido el encierro, por ser sobrero, y resultó el más brioso de todos. De una calidad parecida a la del primero. De son más poderoso por vivo. Gran toro. Cinqueño, igual que el recién devuelto. Padilla lo recibió con larga de rodillas y se aplicó en largos lances limpios, banderilleó con fortuna y trasteó, en fin, en una faena de sol muy de su marca, jalonada por gestos y más gestos a su clac de incondicionales. El oficio propio y seguro.

Confianza porque el toro, siendo bravo, la consentía. Y la apuesta populista, espumosa y espumante como la baba del dragón: espaldinas y molinetes de rodillas, algún trastazo, su dosis de escarnio del toreo, y su verdad también, una consumada teatralidad, un pinchazo, una estocada de alto riesgo.

El quinto fue de los buenos de la corrida. Se empleó en serio en el caballo y salió de la segunda vara casi desencuadernado. Fortes hizo un lindo quite por lances de costadillo y tafalleras, dos y dos, y abrochó con una larga. Aunque escarbó, el toro se recompuso y, a más, tomó la muleta por derecho. Llegó a echarse, pero se sostuvo. Muy decidido Pepe Moral, a por todas. Más derecho que una vela, tanto que hasta pecó de rígido. Embraguetado, suelto. Cuando el toro se pensó el embestir, lo hizo el torero por los dos. Una tanda excelente con la izquierda. Larga faena. Tan breve antes, y ahora por capítulos. Para dejar claro que la sustitución de David Mora no había sido un antojo. Una gran estocada.

Cerró un jabonero con menos cara que los demás. Poca fuerza, un fondito protestón y violento. Fortes sufrió dos desarmes: uno de capa y otro de muleta. No vino a ritmo la cosa, sino a menos. La corrida se había pasado de tiempo, porque las vueltas al ruedo de Padilla y Pepe Moral se hicieron interminables. Ese tiempo pesaba y se echó encima de Fortes como plomo. El desaliento de sentir que el toro, como se dice entre toros, no servía. Ni poniéndose Fortes de frente. Ni de perfil.

FICHA DE LA CORRIDA
Pamplona, 12 jul. 8ª de San Fermín. Lleno. Nubes y claros, fresco. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). El cuarto, sobrero. Primero y sobrero dieron excelente juego. Se apagaron los demás, por falta de gas o fuerza. Todos salvo el sexto lucieron despampanantes arboladuras. Fue corrida, por lo demás, de soberbias hechuras.
Juan José Padilla, una oreja en cada toro.
Pepe Moral, que sustituyó a David Mora, silencio y una oreja.
Jiménez Fortes, silencio tras un aviso y silencio.