domingo, 31 de agosto de 2014

Agosto 31. MADRID PRENSA

Fermín impresiona
(Revista de prensa)
Alejandro Fermín con "Sabrosón" el 6º. Foto: Paloma Aguilar. www.lasventas.com

EL MUNDO, Madrid, Íñigo Crespo: “Alejandro Fermín, una bisoña proyección”. El novillero extremeño soprende por su concepto encajado y de mano baja y saluda una ovación en Madrid; destacó el oficio de Curro de la Casa.
ABC, Madrid, Andrés Amorós: “Las Ventas, una escuela exigente”. Destacan el valor de Curro de la Casa y el temple de Alejandro Fermín...
APLAUSOS, Madrid: “Ovaciones para Curro de la Casa y Alejandro Fermín”. Valor del alcarreño y personalidad del extremeño frente a una novillada sin raza de Las Dos Hermanas.
LA RAZÓN: “Fermín apunta en Las Ventas”. El extremeño Alejandro Fermín logró esta tarde lo más destacado de la tarde en el coso venteño y saludó en el sexto de la tarde, mismo balance que Curro de la Casa.
 FICHA DE LA CORRIDA
(Barquerito)
Madrid. Ciclo de novilladas. 3.500 almas. Bochornoso, calima. Cinco novillos de Las Dos Hermanas (Patrick Laugier), bien presentados, de hechuras y juego diversos, y un sobrero, jugado de quinto, de Los Rodeos (Joao Moura), astifino y acucharado, que dio juego. La novillada de Laugier, de general nobleza. Buenos los dos primeros. El tercero fue el de mejor nota. Apaisado de pitones, el cuarto, distinto a los demás, punteó sin descolgar. Solo manejable el sexto.
Curro de la Casa, silencio tras un aviso y saludos tras aviso.
Pablo Gallego, nuevo en esta plaza, silencio en los dos.
Alejandro Fermín, silencio tras aviso y palmas tras dos avisos.
Notable brega de Miguel Cubero, Juan Navazo y Antonio Martín.


Madrid: Novilladas de verano

Debut aceptable del ganadero francés Patrick Laugier
 
(Crónica de Barquerito)
Curro de la Casa con "Recatado" el 1º. Foto: Paloma Aguilar www.las-ventsa.com 
 Una novillada de encaste Arjona-Juan Pedro, de variada condición y general nobleza. Curro de la Casa, maduro y capaz. Aprueba en su presentación Pablo Gallego. Carácter del extremeño Alejandro Fermín
Madrid, 31 ago. (COLPISA, Barquerito) UNA RAREZA: la presentación en Madrid de un ganadero de bravo francés, de los Alpilles, junto a Arles,  Patrick Laugier, con uno de sus dos hierros, el de Las Dos Hermanas, procedencia Sánchez Arjona-Juan Pedro Domecq. El otro hierro de Laugier, Piedras Rojas, es de sangre Marqués de Domecq, y da más carácter que éste del debut en Las Ventas.
 De hechuras desiguales la novillada. La desigualó un cuarto descarado –paso y playero-, corto de manos y bajo de agujas que fue, por lo demás, el único de los seis con una gota de temperamento. El más difícil, si no el único: por no descolgar, por emplearse sin darse sino punteando, rebrincado y hasta incierto en algunas bazas. Eso fue parte de la emoción. La otra parte la puso con su sereno arrojo Curro de la Casa, un buen novillero de Guadalajara a quien los toros castigaron el año pasado mucho y a destiempo. Pero no se ha afligido.
De natural frío este penúltimo Curro. Le gusta y cuadra torear despacio, encajado y en silencio. De eso hubo prueba evidente en su primer trasteo, con el novillo que abrió a Laugier las puertas de Madrid, y que tuvo el gas muy justito pero nobleza y bondad casi pajunas. Dos volatines completos, de enterrar pitones a pulso las dos veces, lo dejarían mermado. No quiso caballo ese torito del estreno. Pablo Gallego, de la serrana Cercedilla, nuevo en las Ventas, le hizo un cadencioso quite a la verónica: lances medio desmadejados pero muy bien tirados. Lidió tan bien como suele Miguel Cubero. Con un par de lances suyos basta para verse un toro. Este, muy alto de cruz, un punto zancudo, se había movido sin armonía pero se templó en banderillas y, aunque frágil, vino a engaño dulcemente.
Y entonces fue la parsimonia natural de Curro, su firmeza, su buen toreo de brazos. Y su exceso: porque fue faena demasiado larga, y la primera parte mejor que la segunda. Dos intentos fallidos con la espada pero, a la tercera, una estocada soberbia. Ya había sonado un aviso. La pelea con el cuarto fue de riesgo. Por lo abierto de las palas del novillo, porque se le quedó debajo una vez y disparó apuntando  -terrible hachazo- y porque no hubo más solución que porfiar sin volver la cara ni perder los nervios. Caló en la parroquia la verdad de la pelea. Un pinchazo y una buena estocada. Y un gracioso quite del repertorio mexicano al sexto de la tarde: la caleserina engastada, media verónica de echar el pecho adelante.
El segundo de los novillos de Laugier se fue al suelo cuando remataba un inoportuno quite Alejandro Fermín. Apenas se tuvo en pie. Corrieron turno y el segundo bis fue quinto de sorteo. Más cuajado éste que aquél. Muy noble, poco motor. Gallego, airoso al lancear a pies juntos, cometió el error de abrir faena castigando por abajo y se quedó sin toro. Cauteloso con la mano izquierda. Toreo de acompañar más que de templarse. Combate nulo. El sobrero, del hierro de Los Rodeos, muy en lo viejo del Marqués de Domecq, se blandeó de manso en el caballo, rompió a noble después. Un punto tibio el torero de Cercedilla: vertical, elegantón, brazos sueltos, golpe plástico, bien compuesta la figura. Pero exceso de toreo a suerte descargada. Mejor la caligrafía que el argumento. Una buena estocada.
Y dos novillos más, que fueron bastante distintos. Un tercero salinero de muy bonitas hechuras, buen motor  y conducta irregular –embestidas a golpes a veces, templadas otras- y un sexto muy alto de agujas, zancudo, cuesta arriba y sin cuello que hizo ademán de afligirse pero no tanto. Con los dos estuvo bravo y entero Alejandro Fermín, cacereño de  Cabezuela del Valle –el paradisiaco valle del Jerte, “¡Viva Cabezuela!”, gritó uno del tendido-, que debutó con éxito en Madrid hace apenas un mes. Un torero muy preparado: sentido del temple, colocación, buen ritmo, descaro, suficiencia. Ni embraguetado, ni despegado. Muy habilidoso para encontrar toro en todas partes. Listo para ganarle al sexto la partida cuando se le resistió: entre pitones, capaz de convertir un desarme en un desplante. Muchas tablas. Buena técnica para con la mano izquierda someter al tercero en muletazos poderosos. Codo y antebrazo como un acordeón. Cierto clamor de los paisanos. Alguna reconvención de los puristas. Con la espada no anda.
FICHA DE LA CORRIDA
Madrid. Ciclo de novilladas. 3.500 almas. Bochornoso, calima. Cinco novillos de Las Dos Hermanas (Patrick Laugier), bien presentados, de hechuras y juego diversos, y un sobrero, jugado de quinto, de Los Rodeos (Joao Moura), astifino y acucharado, que dio juego. La novillada de Laugier, de general nobleza. Buenos los dos primeros. El tercero fue el de mejor nota. Apaisado de pitones, el cuarto, distinto a los demás, punteó sin descolgar. Solo manejable el sexto.
Curro de la Casa, silencio tras un aviso y saludos tras aviso.
Pablo Gallego, nuevo en esta plaza, silencio en los dos.
Alejandro Fermín, silencio tras aviso y palmas tras dos avisos.
Notable brega de Miguel Cubero, Juan Navazo y Antonio Martín.
 


sábado, 30 de agosto de 2014

ALMERÍA 3ª PRENSA

Perera, también Almería

3ª de la Virgen del Mar
(Revista de prensa)

Perera se dobla con el sexto- Foto: Baltasra Gávez www.burladero.com


EL MUNDO, Madrid, EFE: “Rotundo Perera en Almería”. Miguel Ángel Perera cortó hoy tres orejas y salió a hombros en el tercero festejo de la feria de la Virgen del Mar de Almería, en el que tanto Hermoso de Mendoza como Julián López El Juli lograron un apéndice cada uno.

ABC, Madrid, Rosario Pérez: “Perera el triunfador tranquilo”. Corta tres orejas y sale a hombros tras imponerse a dos mansos...

DEL TORO AL INFINITO, José A. del Moral: “Perera a hombros con una tercera oreja que sobró”. Perera es uno de los pocos toreros actuales que mantienen la dignidad y la fidelidad a los grandes valores a costa de lo que sea, incluso de sus propias conveniencias…

LA RAZÓN, Madrid, Manuel Peñalver: “Perera suma y sigue, tres orejas en Almería” Miguel Ángel Perera siguió con su abrumadora temporada y arrasó con tres orejas en la corrida mixta que marcaba la tercera de abono en la Feria…
 
FICHA DE LA CORRIDA
(Agencia EFE)
Tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Dos toros para rejones -primero y cuarto- de San Mateo, sin celo y deslucidos; y cuatro en lidia ordinaria de Charro de Llen, bien presentados, nobles y que en general se dejaron a pesar de faltarles algo más de motor y un tranco final en sus embestidas. Destacó el sexto.

Pablo Hermoso de Mendoza: rejón y, pie a tierra, descabello (ovación); y pinchazo y rejón (oreja).
Julián López El Juli: estocada (oreja); y dos pinchazos y casi entera (ovación).Miguel Ángel Perera: estocada (oreja con petición de la segunda); y estocada (dos orejas).

lunes, 25 de agosto de 2014

BILBAO FINAL PRENSA

Así terminó Bilbao 2014

Bilbao 10ª de las Corridas Generales
(Revista de prensa)
 
El Cid. Foto Liibertad Rodríguez www.burladero.com
 
EL MUNDO, Madrid, Vicente Zabala de La Serna: “Cid y Victorino, por los años de 'All Iron'”. El matador de Salteras corta una oreja del mejor lote de una corrida muy seria de albaserradas; trabajo importante sin premio de Luis Bolívar; Urdiales sin opciones; cogida brutal de un espontáneo.

ABC, Madrid, Andrés Amorós: “Victorinos con guindilla en Bilbao”. El Cid corta una oreja al lote más noble y un espontáneo es cogido...

MARCA, Madrid, Carlos Ilián: “Un gran Victorino le da vida a El Cid”. Un espontáneo se jugó la vida y Luis Bolívar hizo lo mejor de la tarde sobre la mano izquierda en el sexto, otro gran toro

LA RAZÓN, Patricia Navarro: “El Cid, un trofeo con «Victorinos» a medida”. El sevillano le toca el lote noblón de un variado encierro del ganadero de Galapagar en la última de Bilbao.

FICHA DE LA CORRIDA
(Barquerito)

Bilbao. 9ª de las Corridas Generales. Casi media plaza. Soleado, bueno. Seis toros de Victorino Martín. Corrida de bellísima y seria factura. Todos galoparon de salida. Muy ovacionados en el arrastre segundo, tercero y quinto, muy completos los tres. De menos a más hasta asentarse un nobilísimo e inmenso sexto. Predador el cuarto y cobardón el primero, pero encastados los dos.

Diego Urdiales, saludos en los dos.
El Cid, ligera división al saludar y una oreja
Luis Bolívar, silencio y palmas tras un aviso.

 

BILBAO: 10ª Corridas Generales


Cuatro soberbios victorinos

(Crónica de Barquerito)


Victorinos en Bilbao

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Gran corrida de toros: el trapío y el fondo. Tres toros sobresalientes, dos de ellos en el lote de El Cid, y uno fiero para Bolívar. Un notable trabajo del propio Bolívar con un sexto de doble fondo. Categoría de Diego Urdiales con dos toros de difícil trato

Bilbao, 24 ago. (COLPISA, Barquerito). DE TODAS LAS corridas recientes de Victorino en Bilbao ésta última fue la más hermosa. Con sus pequeños matices, la más pareja. Impecable el remate. Astifinos los seis, los seis en tipo. Un regalo para la vista. Segundo y sexto fueron muy aplaudidos de salida. El segundo, tal vez por ser el de más distinguido porte; el sexto, por ser el de más hondura, cuajo y trapío. Los otros cuatro merecieron honores parecidos. Hechuras extraordinarias, armónicas. Parecía corrida elegida no solo por nota, que eso iba a saberse después, sino por estampa y lámina. Todos cárdenos, salvo el tercero, negro entrepelado.

En el arrastre sonaron ovaciones rotundas no para todos, pero sí para cuatro. La corrida completa, con la excepción de los dos del lote de Diego Urdiales. Un primero que galopó y atacó de salida pero no quiso a la hora de la verdad pasar de las rayas. Sin llegar a aquerenciarse en tablas, para ellas apretó ya en banderillas. No fue toro de sentido ni de defenderse, pero sí algo incierto. Urdiales lo manejó con calma sencilla, tragó un par de zarpazos sin desencajarse, no tiró la toalla ni siquiera cuando sintió al toro más acobardado que amenazante, le pegó con la zurda dos o tres muletazos de rica composición, abrevió y mató pronto y por arriba.

El cuarto fue de estilo predador. No se sabrá nunca si en la listeza artera que fue desarrollando el toro tuvo algo que ver un enojoso trance. El toro había salido galopando como todos, pero estuvo a punto de saltar junto al burladero de capotes. En la primera carrera, enseguida, apareció en la arena un espontáneo. Ni joven ni talludo, de raras hechuras y mal equilibrio, armado con solo una chaqueta que blandió a modo de capote. La tuvo con las dos manos y citó al toro, que embistió y repitió. En la repetición le pegó al espontáneo un trastazo en el pecho y una voltereta que lo dejó tendido e inerte junto a las tablas.

Las cuadrillas saltaron en pleno y a la velocidad de la luz. El toro se vio casi cercado por casi una docena de toreros, pero se abrió paso zumbante entre todos. Costó no poco montar al espontáneo por encima de las tablas y dejarlo en manos de las asistencias. El susto fue tremendo. Se dejó sentir un sonoro runrún de sorpresa. Mientras se debatía el escándalo, el toro empezó a retratarse: al caballo de pica andando y sin pelear. Y casi desde el primer muletazo, guasa no de toro pendenciero, que los hay en la ganadería, o los había, sino de toro listo y enterado: se  coló por las dos manos, se apalancó con la antena puesta, desarmó a Urdiales, cazaba moscas.

Una faena de castigo de Diego muy bien resuelta: un manojito de muletazos de pitón a pitón tan bien compuestos como si fueran suertes de arte y favor. Al terminar el macheteo, un desplante de verdad, expresivo y rancio. “¡Te he podido, toro!” Como tiene que ser. Un pinchazo y una excelente estocada ligeramente contraria pero fulminante. Diego llevaba dos años toreando con primor en Bilbao toros de Victorino. Dos, tres y hasta cuatro. El destino es caprichoso: en su lote esta vez los dos toros que no quisieron trato.

Los otros cuatro sí quisieron. Y quisieron mucho. El formidable sexto -560 kilos, todo músculo, ofensiva cara- quiso más que pudo pero tuvo la virtud de ser toro a más, característica tan del toro de Saltillo, y, además, la fortuna de encontrarse con un Bolívar en disposición incondicional, seguro de verdad, retemplado. Torero generoso con el toro, pues hubo que tirar de él como con pinzas para asentarlo, mimarlo casi y sujetarlo. Hasta que al cabo de un largo, firme y laborioso trasteo vino el toro a emplearse con insospechado son. Un aviso, y algún momento cargante, pero una faena de méritos reales y muy de fondo. Un pinchazo, un horrendo metisaca. Pero se supone que la satisfacción íntima del torero de Cali por haber dado la talla y algo más.

Entre taurinos andaluces se dice, para ponderar las calidades de un toro que lo es “de cualquier manera”. De cualquier manera quiere decir extraordinario. Y de cualquier manera fueron los restantes victorinos de esta última Corrida General. Tres toros soberbios y, además, diferentes. Un segundo de temple y nobleza nada comunes, y ritmo muy original; un tercero más bravo que ninguno, codicioso y repetidor, nervioso, pendiente del engaño, siempre dispuesto, gran gallo de pelea; y un quinto de suave son, no pastueño como algunos del catálogo de Victorino, sino ligero al venirse. Fue el que mejor descolgó de los cuatro de nota. El de viajes más largos. Sin la gota a veces fiera del tercero. De modo que para el catador de bravo la corrida fue una fiesta y, bien pensado, hasta los dos del lote de Urdiales sumaron y no restaron porque en las ganaderías encastadas a veces sale la almendra amarga de retorcido colmillo.

Parece injusto siempre sostener que un torero está por debajo de un toro, pero es la manera de decirlo. Oficio y hasta ambición de El Cid con sus dos toros, el lote perfecto que con la marca de Victorino uno espera encontrarse en Sevilla, Madrid o Pamplona. Pese al oficio y al querer, dos faenas más episódicas que otra cosa. Ya no habla tanto del pico de la muleta ni se censura como solía. Pues pico hubo a modo cuando El Cid trajinó con la izquierda, y muchas voces. Ligazón muy irregular, templados cambiados de remate de tanda, pero más despegados que ceñidos.

Con prisa la primera de las dos faenas. Más reposada la segunda, que fue ganando en confianza sin excesos. Tardó la música en arrancarse, y no por resistencia del palco ni de la banda, sino por falta de motivos. Pero al fin se arrancó la banda, otra vez el maestro Ocón al frente, y regaló a El Cid, y a todo el mundo, con dos versiones muy empastadas del Amparito Roca y del Martín Agüero. Así da gusto torear. Media y descabello para tumbar al primero, al que El Cid muchos lances laterales para fijarlo de partida. Una estocada tendida luego y la punta del capote de un banderillero para hacer que el toro doblara como fuera. Y dobló. De todas las ovaciones en el arrastre, la del quinto fue la más sonora.

El gesto de la tarde corrió a cargo de Bolívar: abrir de largo, desde el platillo, con la zurda y sin cata previa la faena del temperamental tercero. Y aguantar la primera reunión, tan difícil, con entereza. Lo que no pudo ser fue aguantar tres viajes más porque el toro se había desatado y, aunque vino humillado siempre, y planeando a veces,  se empleó con tal garra que, si no le ganabas la pelea en el preciso momento de la arrancada, ya no se podía contener el chorro. El cuerpo a cuerpo fue bastante equilibrado, pero la gente estuvo fría y neutral. Las pausas entre tandas no le hicieron bien a nadie. Ni al toro ni al torero. Y eso que este fue, sin tópicos, un espectáculo de verdad interesante. El mejor de la semana.

FICHA DE LA CORRIDA
Bilbao. 9ª de las Corridas Generales. Casi media plaza. Soleado, bueno. Seis toros de Victorino Martín. Corrida de bellísima y seria factura. Todos galoparon de salida. Muy ovacionados en el arrastre segundo, tercero y quinto, muy completos los tres. De menos a más hasta asentarse un nobilísimo e inmenso sexto. Predador el cuarto y cobardón el primero, pero encastados los dos.

Diego Urdiales, saludos en los dos.
El Cid, ligera división al saludar y una oreja
Luis Bolívar, silencio y palmas tras un aviso.

 

domingo, 24 de agosto de 2014

BILBAO 8 PRENSA


La Quinta decepciona

Bilbao 8ª de las Corridas Generales
(Revista de prensa)

La Quinta. Foto: www.las-ventas.com 
 
EL MUNDO, Madrid, Vicente Zabala de La Serna: “Fandiño no pasa el fielato de la suerte”. El torero de Orduña se lleva y pincha el mejor lote de una inválida y vacía corrida de La Quinta, que tuvo en el sobrero su mejor exponente; frustración de El Juli con dos santacolomas por los suelos; y brillos de Ferrera con el cuarto.

ABC, Madrid, Andrés Amorós: “Ferrera  Fandiño lidiadores sin espada”. Ambos matadores pierden las orejas tras buenas faenas con una floja corrida de La Quinta...

MARCA, Madrid, Carlos Ilián: “Se derrumba el monoencaste de La Quinta”. Una corrida inválida y raquitica de casta que fulmina uno de los carteles más atractivos de la feria.

LA RAZÓN, Patricia Navarro: “Y la gesta desapareció”. Iván Fandiño, con el mejor lote, noblón y justo de poder, falla a espadas y El Juli queda inédito en la penúltima de Bilbao.

FICHA DE LA CORRIDA
Bilbao. 8ª de las Corridas Generales. 7.000 almas. Nublado al cabo de una tarde soleada. Seis toros de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi). El sexto, sobrero. Algo pasada de peso pero en tipo la corrida toda. Cinqueños primero y quinto, que no se dieron. El uno, por no descolgar; el otro, por gazapear y tardear desganado. Muy deslucido y flojo el segundo. Dieron juego los otros tres. El cuarto, de muy buena nota. Muy nobles los otros dos.

Antonio Ferrera, silencio y saludos.
El Juli, pitos en los dos.
Iván Fandiño, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso.

 

BILBAO: 8ª Corridas Generales


Tarde oscura de El Juli
(Crónica de Barquerito)
 
El Juli. Foto_ Liberrtad Rodríguez www.burladero.com
 
Los dos toros más amargos de la corrida de La Quinta en el reparto de la suerte. Pesa la rivalidad soterrada con Fandiño, pero el torero de Orduña no aprovecha la bonanza de su lote. Un excelente y bravo cuarto. 

Bilbao, 23 ago. (COLPISA, Barquerito) DESGANADO, DESCONFIADO Y desafortunado, El Juli vivió la más gris de sus muchas tardes de toros en Bilbao. Más de cuarenta, a contar desde 1999. La desgana no fue tan notoria como la desconfianza. Ni la desconfianza tanta como la mala fortuna de pescar en el reparto y sorteo de la corrida de La Quinta los dos toros más impropios y menos propicios. El Juli era protagonista mayor del cartel. La corrida de La Quinta, también. La fecha, un sábado de puente en Bilbao y con todo el pescado de la semana ya vendido, no era la mejor. Apenas siete mil almas en los tendidos, galerías y gradas de Vista Alegre.  

Una incomodidad añadida: a El Juli parece perturbarle no se sabe si poco o mucho la presencia fastidiosa de Fandiño en el mismo cartel. Ni haciendo de tripas corazón lo disimula. El penúltimo pleito subterráneo se resolvió e inclinó a favor de Julián y sin demérito de Fandiño en Madrid el pasado junio. En la última Corrida de la Beneficencia, y con toros de Alcurrucén. El año pasado se tropezaron Julián y Fandiño en Mont de Marsan, y salió escaldado El Juli. Y este mismo año, hace justamente un mes, la misma película y el mismo final. Otra vez Mont de Marsan.

Y no la misma corrida, pero casi: toros de La Quinta, se supone que mejor repartidos que los de esta baza de Bilbao. Pues, al margen de cualquier otro embrollo, la suerte es en este deporte fundamental. Los dos toros de Fandiño contaron entre los tres buenos de la corrida, aunque ninguno de los dos llegara a los niveles del mejor de los seis. El mejor fue el cuarto de sorteo y se lo llevó Antonio Ferrera, quien tuvo, por cierto, sus contenciosos con El Juli hace ya unos cuantos años –trece o catorce- sin que la sangre llegara entonces al río. El pleito con Fandiño, alentado de particular manera en la Francia occidental –Bayona, Dax, Mont de Marsan-, sí ha hecho sangre. Más de lo que se imaginaba nadie.

Fandiño no puede ocultar que convalece todavía del grave percance sufrido en Bayona hace dos semanas, que pudo haber sido fatal. Se hace más que evidente la inseguridad al atacar con la espada. La contundencia proverbial de Iván, que tantos toros lleva tumbados como si los partiera en dos mitades, se encuentra en plena cuarentena. No será solo por el recuerdo y la huella de la cogida de Bayona. Es que en reuniones con la espada, y en estocadas mortales, Fandiño ha salido más de una vez cogido y apaleado. La cornada más grave de su carrera se la pegó a Iván hace año y medio en Madrid un toro que salió casi muerto de la reunión y del último viaje.

Del río revuelto –el lote favorable de Fandiño, el muy deslucido de El Juli- no sacó ventaja ni provecho el torero de Orduña, que no llegó a pasar con la espada en ninguno de sus dos turnos, y recibió en los dos un aviso antes de echarse un toro, el sexto, o de doblar tras el cuarto golpe de verduguillo el tercero.

No solo por no acertar con la espada, sino porque Fandiño pecó de precipitado. Al bondadoso sobrero, sexto y último, le había pegado quince muletazos en apenas un minuto de partida. No le dio tregua al toro, que, siendo de son constante, la pidió más de una vez porque el primero de los dos puyazos cobrados fue casi exterminador. Los nervios se le fueron a Fandiño por la boca: muchos gritos para convencer al toro, que iba sin empacho a engaño y reclamo. Por la boca y por los pies: pecó de perderle demasiados pasos al toro. La inteligencia de Fandiño fue abrir mucho al toro y por eso mismo, porque tanto lo abría, no procedía perderle tanto terreno. No hubo ni dos muletazos ligados. Menos asiento de lo habitual. Parecía que la derrota de El Juli le bastaba a Fandiño en este último duelo encubierto.

El desafío solo tuvo un momento caliente: El Juli no llegó a estirarse con el segundo de corrida. Un toro celoso y pegajoso, que, antes de sangrar, se puso por delante o se frenó. Tras la segunda vara, castigado y menguado el toro, Fandiño salió a quitar: tres chicuelinas ligeras pero ceñidas, y media de remate. El Juli estuvo casi de espaldas a la escena. No hubo réplica. Ni hubo toro, que claudicó a los cinco viajes, se echó dos veces en sendos remates y, a la defensiva, por débil, punteó la muleta, que le estorbaba. Se oyeron palmas de tango. El Juli cobró un metisaca y una estocada.

Los dos primeros toros de corrida habían salido terciados. Cinqueño pasado el primero, que tuvo fijeza pero no humilló, cortó el viaje, adelantó por las dos manos y se enteró.  Ferrera resolvió con seguridad pero se atascó con la espada y con el descabello. El segundo no fue ni más toro ni mejor. El tercero, aleonado y cabezón, rizado, caribello, muy bien hecho, tuvo plaza y trapío. Fue pronto. Dos peleas en varas de mucho quebranto se tradujeron luego en cierta fragilidad. Ligeramente andarín, pero metía la cara y seguía el engaño. Fandiño le dio distancias, y esa fue buena idea, pero le perdió pasos por sistema. La faena no llegó ni a romper ni a progresar, y, aunque prolija y como el capítulos, se hizo plana. La banda de música, en tarde gloriosa -la batuta del maestro Ocón-, les regaló los oídos a Iván y al resto de la gente con el célebre Nerva, de Rojas, y su solo de trompeta. Larga la faena y por dos veces trabajó el solista. El Nerva, tan orejero y contagioso, no estaba en el programa de mano. Pero sí ensayado y afinadísimo. De pronto contó más la música que el toreo. Y no solo porque la banda estaba viviendo su mejor tarde de la semana. Los dos tercios de banderillas de Ferrera, valientes pero de muchos pies, se vieron subrayados y regalados con dos versiones magistrales de La Giralda y un pasodoble tan bilbaíno como el Martín Agüero.

El cuarto de corrida fue toro con música propia. Hechuras y pinta distintas a todos los demás del envío. Negro berrendo y aparejado, calcetero, formidable culata, muchos pechos. Toro de alegre aire: lances buenos de Ferrera. La bravura atenta: en cuanto abrieron la puerta de caballos, el toro se distrajo con ella. Buena pelea en el caballo y fuelle después. Gran toro. Así se esperaba la corrida entera. O tal vez no tanto. Se templó Ferrera en tandas bien ligadas y ajustadas, mejor con la diestra que con la siniestra. En los medios el trabajo entero, abierto en pausas excesivas que resultaron como cortes de luz. Un pinchazo, una estocada.

El quinto de la tarde fue tan deslucido como el segundo pero bastante más listo. Gazapón, frío de principio a fin, bien castigado en varas pero sin gana de pelea. A media altura sus viajes remolones y desganados. De trámite El Juli, en línea, por fuera, sin decidirse ni a castigar ni a probar alguna fórmula que no fuera el mero estar encima. Un pinchazo y una estocada. Algunos pitos, no muchos pero sonoros.

Antes de soltarse el sexto, y ya con la puerta de chiqueros abierta, se plantó en el ruedo un espontáneo, y tras el espontáneo, dos números de la policía y dos banderilleros en manifiesta actitud disuasoria. El toro saltó con aquella alegría antigua de los buendías puros. Tuvo que saltar al callejón como pudo uno de los dos policías de uniforme. El toro logró meter con llamativa delicadeza el espontáneo en la tronera. El quite de la tarde. El toro se reventó después de dos varas y fue devuelto. Fandiño llegó a torearlo encajado por delantales. Y, en fin, el sobrero y último, que se encontró cansado a todo el mundo menos a los veintipico profesores de la banda municipal y al eminente maestro Ocón. Una clase de música.

FICHA DE LA CORRIDA
Bilbao. 8ª de las Corridas Generales. 7.000 almas. Nublado al cabo de una tarde soleada.
Seis toros de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi). El sexto, sobrero. Algo pasada de peso pero en tipo la corrida toda. Cinqueños primero y quinto, que no se dieron. El uno, por no descolgar; el otro, por gazapear y tardear desganado. Muy deslucido y flojo el segundo. Dieron juego los otros tres. El cuarto, de muy buena nota. Muy nobles los otros dos.

Antonio Ferrera, silencio y saludos.
El Juli, pitos en los dos.
Iván Fandiño, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso.

viernes, 22 de agosto de 2014

BILBAO 7ª PRENSA


Otra vez brilla Perera

Bilbao 7ª de las Corridas Generales
(Revista de prensa)

Perera con el 2º. Foto: Libertad Rodríguez. www.burladero.com


EL MUNDO, Madrid, Vicente Zabala de La Serna: “La serenidad de Perera ante la locura”. El matador extremeño da la única vuelta al ruedo tras la faena de mayor mérito de la semana; Padilla trágicamente cogido; a Fandiño se le va el toro de la corrida de Jandilla que tuvo mucho malo.

ABC, Madrid, Andrés Amorós: “Tres auténticos valientes en Bilbao”. Perera da una clamorosa vuelta al ruedo y pierde el triunfo con el acero; Fandiño pincha una oreja, Padilla sufre feas cogidas...

MARCA, Madrid, Carlos Ilián: “Los sustos de Padilla y la contundencia de Perera”. Un gran toro de Jandilla con el que Fandiño no estuvo a tope.

LA RAZÓN, Madrid, Patricia Navarro: “El toreo sin espada tras la sombra del coloso”. Importante tarde de Perera, Fandiño y Padilla con difícil corrida de Jandilla.
 
FICHA DE LA CORRIDA
Bilbao. 7ª de las Corridas Generales. Casi lleno. Templado, soleado y bueno. Dos tercios. Toros de Jandilla () y Vegahermosa (3º); bien presentados, con dos toros buenos, 1º y 6º, deslucido el 2º, complicado el 3º, con movilidad el 4º y con genio el 5º.

Juan José Padilla: Aplausos tras aviso y saludo tras dos avisos; 
Perera: saludo y vuelta tras petición y aviso;
Fandiño: Silencio tras aviso y saludo tras aviso.

 

 

BILBAO: 7ª Corridas Generales


Un extraño rompecabezas

(Crónica de Barquerito)

Padilla cogido por el 4º. Foto: EFE, www.prensamundo.com
Desigual corrida de Jandilla: un espléndido sexto toro, un virulento quinto, un fogoso y bravucón tercero, etcétera. Padilla sufre y sale batido. Perera se juega el tipo. Fandiño recobra moral.

Bilbao, 22 ago. (COLPISA, Barquerito). UNA CORRIDA rompecabezas y descalabrada. Larguísima, casi interminable: aviso va, aviso viene. ¡Seis en total! El pánico de Padilla a descabellar. Pecó por testarudo Perera con el toro más difícil e incierto de toda la semana, el quinto de corrida, cinqueño. Fandiño se pasó de metraje con el más claro de los seis, el último, distinto a todos los que salieron y murieron por delante. No hay en rigor toro fácil, pero éste lo pareció. Comparado con el que acababa de arrastrarse, el quinto, que fue un dolor de cabeza. O comparado con el tercero, primero del lote de Fandiño, que tuvo el aire agresivo y a veces bravucón del toro pronto y de muchos pies que no termina de darse ni de resistirse. En eso consiste la agresividad.

 

Ni fácil ni difícil la corrida de Jandilla. Nunca había venido a Bilbao la ganadería con tanta variedad de pintas, plumaje y estilo. Colorados, negros, un cárdeno carbonero y lavado. Tres toros cuatreños de buena condición y otros tres cinqueños, que se repartieron en lotes distintos y fueron muy diferentes. Del cupo cinqueño, la “tonta  del bote” el primero. Eso dicen los toreros del toro que va y viene sin querer ni queriendo. Solo que quería más irse que  quedarse.

Iba a ser una tarde entre desafortunada y providente de Padilla. La suerte de salir ileso, sano  y salvo de dos cogidas durísima en el segundo de sus turnos. Dos percances que pudieron resultar más caros que su precio propio, y que pusieron a la gente y a la misma tropa al borde de un ataque de nervios. Pero eso pasó después. Al toro bueno, el primero, muy mugidor, le pegó Padilla voces y más voces. No hacía falta tanto ruido, Perera quitó por villaltinas o talaveranas, que son la misma cosa y, si no se dibujan despacio, son lances sin mayor peso. Morante las ha pintado alguna vez y ha hecho del lance, que no es ni un garabato, una etérea sustancia. 

El quite de Perera fue más liviano que etéreo. Pero sirvió para que la inmensa mayoría de la plaza –apenas media entrada- tomara nota de que, un día después de su exhibición tan valerosa con dos toros de Garcigrande, estaba de vuelta en Vista Alegre el torero de Tierra de Barros. De la Puebla del Prior. Enfrentado ahora a una papeleta muy distinta. Y ajustado en un cartel bastante chirriante, porque siempre que Padilla abre terna  chirría el cartel. Y si lo cierra Fandiño con su ambición de alpinista, también. El rango de Perera es otro. Distinto del de Padilla. Y del de Fandiño también. A eso se le llama no detalles, sino la circunstancia.

El quite por tafalleras de Perera no fue ni oportuno ni bueno ni malo. Padilla banderilleó como suele. Los pares al violín, y bien se vio en la tercera reunión, son una filfa. La faena de Padilla, hueca y larga, rematada de espadazo caído, creó un contrambiente, que estuvo latiendo de principio a fin y fue un lastre para todos.

El primero de los dos de lote de Perera, alirado de cuerna, colorado de pinta, de pajuna bondad, fue toro sin misterio ni poder. Fandiño quitó por gaoneras en tono desafiante pero no tanto, Perera no replicó. Brindís al público, para agradecer la entrega de la víspera. No era, sin embargo, toro de brindis. Ni de acariciar ni de someter. Nada que ver con ninguno de los dos garcigrandes de la víspera. El contraste fue inevitable. La estocada que le habría hecho falta cobrar a Perera el jueves fue esta primera del viernes. Rodó sin puntilla el toro.   

El tercero, del hierro de Vegahermosa, fue el más agresivo de los tres cinqueños. Bien armado, astifino, oliscó de salida. Es probable que fuera toro corraleado. Por la manera de oliscar y escarbar, por tardear, por su aire bravucón, por la manera de pensárselo y por la fiereza al repetir después de tomar engaño. Le costó a Fandiño estarse. Convaleciente de un percance reciente en Bayona –una dramática voltereta el pasado día 10, con la secuela de una lesión cervical-, vino el torero de Orduña a encontrarse con una papeleta enrevesada. El toro le habría costado a cualquiera. A Perera mismo. Trasteo de emergencia: Fandiño, un punto precipitado, se alivió desplazando al toro cuando atacaba. Supo hacerlo con oficio: que se viera lo difícil que era el toro. La casi infalible espada de Iván no entró ni caló hasta el cuarto ataque. Una estocada caída.

Padilla le pegó en tablas al cuarto una larga cambiada de rodillas en el recibo. Aparatoso, de nuevo excesivamente gritón, Padilla se peleó desde el principio con el toro, que pedía suave trato y no el cuerpo a cuerpo, ni violencias. Trasteo de trastazos. Un desarme. Molinetes en tanda o en cadena, y dos cogidas al rematar cada una de las tandas. Todos los toreros en plaza, aterrados, porque vieron a Padilla en el suelo, encogido entre las manos, inerme, a merced del toro. Dramático fatalismo. Cara y chaquetilla teñidas de sangre. ¡Dejadme solo! El brazo por delante y una estocada trasera de excelente ejecución. Se resistió a doblar el toro. La casta, porque la tenía. Fue toro de interés, de menos a más, y Padilla renunció a descabellar. Dos avisos. Un alivio al ver al toro enganchado en los caballos de tiro y arrastre de Bilbao. Con sus penachos rojos y blancos. Y su cascabelería.

Por si fuera poca la angustia vivida en el cuarto toro –escenas macabras las dos veces que Padilla volvió al toro después de las cogidas-, salió de quinto un toro descabalado y de fea traza que no hizo más que rebotarse, topar, gruñir e incomodarse. Es posible que fuera, como el tercero, toro corraleado. Las manos por delante, Perera desarmado en uno de los rebotes del toro más al pecho que al engaño. Pegó trallazos y más trallazos el toro. Tensión. No era el toro soñado para despedirse Perera de Bilbao por este año con aura de torero grande. Sino toro de los que se lidian y matan. Pero era cuestión de honor y Perera decidió jugarse el tupé, la barriga y la vergüenza misma. Sin ases en la manga. Ni comodines. Perera llegó a meter al toro en la muleta en dos tandas de milagro, pero el toro se escupía y protestaba. Problemas habituales en los toros que se crían con fundas. La pelea se pasó de tiempo. Un aviso antes de montar Perera la espada. Más breve, la emoción habría contado el doble. Un trago.

Y el sexto, que fue el toro de la tarde. En son, calidad, entrega. Muy completo. El toro carbonero, más ensabanado que cárdeno, moteado y caribello. Lindo. De buen compás. De venirse de largo, humillar y repetir. Y galopar. El toro que necesitaba Fandiño para recobrar la moral  Y no del todo ni toda, pero el toro le hizo a Iván sentirse seguro y estar tranquilo, componerse y respirar. Pero no le vio Fandiño la muerte al toro, no pasó con la espada y la cosa no fue a mayores. Una oportunidad singular.
FICHA DE LA CORRIDA
7ª de las Corridas Generales. Media plaza. Encapotado. Cinco toros de Jandilla (Borja Domecq Solís) y uno -3º- de Vegahermosa (Borja Domecq Noguera). El sexto fue excelente. Bondadosos los dos primeros y bueno el cuarto. Bravucón y fierito el tercero. Violento y descompuesto el quinto, de fea traza.

Juan José Padilla, silencio tras un aviso y palmas tras dos avisos.
Miguel Ángel Perera, saludos tras aviso y vuelta tras un aviso.
Iván Fandiño, silencio y ovación tras aviso.

 

 

jueves, 21 de agosto de 2014

BILBAO 6ª PRENSA

Perera, también en Bilbao

Bilbao 6ª de las Corridas Generales
(Revista de prensa)
Foto: A. Ramos www.prensamundo.com

EL MUNDO, Madrid, Vicente Zabala de La Serna: “Grandiosa tarde de Perera sin justicia”. Una actuación de cuatro orejas del torero extremeño se queda en una por la espada y por la interpretación de la presidencia; vuelta al ruedo para el tercero de Garcigrande; Juli se lleva un trofeo.

ABC, Madrid, Andrés Amorós: “Miguel Ángel Perera también se consagra en Bilbao”. Corta una oreja que pudieron ser cuatro; El Juli pasea un trofeo...

MARCA, Madrid, Carlos Ilián: “Perera en su sitio, y el palco también”. No se puede indultar a un toro manso en varas ni conceder dos orejas por un bajonazo

LA RAZÓN, Patricia Navarro: “Perera, a un paso de la gloria y el infierno”. El extremeño y El Juli cortan una oreja; «Hechicero», de Garcigrande, fue un gran toro de vuelta al ruedo.

FICHA DE LA CORRIDA
Bilbao. 6ª de las Corridas Generales. Casi lleno. Templado, soleado y bueno. Dos toros -2º y 3º- de Garcigrande (Concha Escolar) y cuatro de Domingo Hernández. Se pidió el indulto para el tercer garcigrande, bravo de gran entrega y premiado con l vuelta al ruedo. Nobles los dos últimos. Muy deslucidos segundo y cuarto, faltos de trapío los dos. Mansito el primero, de pobre trapío.

Enrique Ponce, saludos y silencio tras un aviso.
El Juli, silencio y oreja tras un aviso.
Miguel Ángel Perera, vuelta tras un aviso y oreja con petición de una segunda.

Notable en brega y banderillas Joselito Gutiérrez.

BILBAO: 6ª Corridas Generales


Exhibición apabullante de Perera

(Crónica de Barquerito)

Perera. Foto: Libertad Rodríguez www.burladero.com
Faena de dominio, gobierno y severa firmeza a un bravo toro de Garcigrande. Pésimo remate con la espada. Repetición de alardes con el sexto. Aclamado el torero extremeño. El Juli firma una preciosa faena de ritmo renovador en él.

Bilbao, 21 ago. (COLPISA, Barquerito). NO CONTARON APENAS los dos primeros toros. El uno, por almibarado y mansito; el otro, por escarbar y recular, por sentarse y porque, aun teniendo más cara que el primero, era para Bilbao una birria. El Juli no perdió el tiempo con el segundo y lo mató a la primera y por arriba. Ponce se dio más coba con el otro. Ponce vendió humo, El Juli fue al grano sin demora. No pasó nada. La gente estaba esperando a Perera. Se palpaba y sentía. No haría falta ni demostrarlo.

El toro que partió plaza fue del hierro de Domingo Hernández, El segundo, de Garcigrande, y el tercero también. Un toro de espléndido porte a pesar de ser calcetero y de pinta muy clara, albardado, chorreadito de listas cárdenas, castaño el pelo de cabeza y cuello, carifosco y bociblanco. De los que salen en las colecciones de pintas raras, mixtas y exóticas. Y ojo de perdiz. Tanto como los colores se vieron las puntas. Un toro ligeramente vuelto de cuerna, pitones muy afilados. Más que astifino. Ni descarado ni excesivo. Pero ofensivo.

En tipo: puro Juan Pedro Domecq. Esa pintas y ese  remate abundan en la ganadería de Parladé, la segunda de Juan Pedro pero ya convertida en prioritaria y de sementera. La primera, por tanto. Da un grado de fiereza. Y eso es lo distintivo y hasta la novedad. Con la fiereza, se dan por añadidura carbón, velocidad y resistencia. Pero con la fiereza, también nobleza. Todo eso hizo singular al toro. Sin la entrega tan trepidante, dominadora y rotunda de Perera es más que probable que la singularidad del toro no se hubiera hecho tan patente. Y sin el temple, porque fue toro de desbordar a quien fuera, como sucede con los llamados “toros a más”. Y no de menos a más porque en este caso no hubo más momentos de menos que algunas distracciones pasajeras en dos o tres bazas y luego de soltar Perera el toro en remates de tanda.

Toro de extraordinaria fijeza, pero le llamarían la atención las luces solanas o el ruido de las gradas altas de Vista Alegre. Los bordes del gran vaso campaniforme que ideó el arquitecto Luis Gana para que la visibilidad fuera perfecta desde cualquier localidad de la plaza. Privilegio de Bilbao. Y ese curioseo tan original del toro, que vino sin demora cada vez que fue reclamado. No como una exhalación pero arreando muy en serio.

Sin descomponerse nunca y desde el arranque. Ya a los vuelos del capote cuando Perera salió a pararlo y fijarlo con lances a pies juntos de notable firmeza. Un puyazo romaneando, y duro, porque el toro perdió las manos al salir de la pelea, y hasta se sentó una vez después de quitar el propio Perera a pies juntos de nuevo –dos lances, uno por cada mano, y revolera. El segundo puyazo, profiláctico, fue mero trámite. El toro estaba más crudo de lo previsto y atacó en banderillas con la prontitud propia de la casta.

Perera brindó desde el platillo y ahí mismo citó de largo. El toro, muy vivo, pero sujetado en el burladero de toriles. Una madeja de alarde mayor: de los ocho muletazos de apertura, tres fueron cambiados por la espalda y de pasar rozando, de aguantar impávido en las tres reuniones, y de coser el toreo de alarde, por alto en este caso, con tres muletazos suaves, de viaje conducido y ya rimado. Es muy del repertorio de Perera, del nuevo y del viejo, ese comienzo de dar ya jaque al toro y encender a la gente.

Una y otra cosa fueron signo de una faena de formidable autoridad por las dos manos, ligada con el compás ligeramente abierto y descargado para abrir al toro lo justo. Soltando toro Perera entre viaje y viaje, que es lo difícil. Dos tandas con la diestra. Una tercera y una cuarta con la zurda. Cuando mejor estaba acompasándose Perera, se le cayó la muleta de las manos o los dedos. No fue un desarme. La banda se había arrancado con “La gracia de Dios”, un pasodoble muy torero. Si no llega a ser porque a Perera le gusta prodigarse en el muletazo de trazo largo, se hubiera sentido una huella del Manolete de las películas. No tan grave, pero casi. Un ayudado por alto suelto y cambiado fue una preciosidad. Manoletista o amanoletada.

El encaje era más que relevante porque los toreros juncales no pueden taparse. Los muletazos de toma fueron igual de firmes que los de remate. Las salidas de la cara, de una seguridad insultante. Iban dos docenas cumplidas de muletazos y todavía quedaba toro para otros tantos o más. No se cansó Perera. En esa especie de segunda faena que vino enseguida, trató de salirse del guión canónico –los redondos, los naturales- y se pasó al toreo en trenzas. Con ellas se vivió una exhibición interminable: circulares cambiados ligados con el circular natural tras el cambio de mano casi preceptivo para enroscarse Perera el toro por los dos pitones; el molinete cosido con la trinchera en el viaje de vuelta, tan mexicano; los desplantes previos a la reunión, tan raros de ver. Una vez y otra, sin pestañear, sin ceder un palmo, pero soltando a su antojo el toro. Ni un enganchón. Toreo de mano baja y expresión severa.

Se puso de pie mucha gente. El ambiente era de clamor. Después de cambiar de espada Perera, empezaron a cobrar cuerpo y volumen voces que pedían el indulto. Perera se demoró intencionadamente, se salió de la reunión hasta tres veces, pero desde el palco le hicieron señas para que entrara a matar. Estaría nervioso, o se precipitaría, pero Perera soltó el engaño al cruzar y enterró la espada atravesada y caída, asomó una punta y el gesto de desespero fue más que evidente. Costó volver a igualar al toro, que de cara a las tablas y no aculado en ellas seguía tan vivo como antes. Mariano de la Viña, de la cuadrilla de Ponce, se tomó la licencia de sacar la espada desde la barrera ayudándose de otra espada prestada. La licencia fue una idea feliz. El toro sangraba por el costillar. Se sujetó Perera los nervios. Un pinchazo y otra estocada. Un aviso, Vuelta al ruedo al toro. Y vuelta aclamada de Perera.

Después de lo cual, lo que la gente quería era ver a Perera de nuevo. El cuarto fue de pobre nota e incierto, y habría procedido una faena de aliño y fuera. Ponce pretendió meterlo en el canasto. No le dejaron ni la gente ni el toro. El Juli, fino desde salida con el capote, le hizo al quinto una estupenda faena, graciosa pero rigurosa, de gran diligencia pero despaciosa, de obligar en un solo terreno. Un trabajo mandón y abundante, matemático y sencillo, sembrado de invenciones: un desplante columpiado en los talones, dos molinetes redondos ligados, algo de toreo andado por delante, un glorioso pase del desdén. Todo en un palmito de terreno. Ritmo soberbio. La igualada y se rajó el toro. ¡Qué ingrato! Otra estocada buena.

No fue Perera, por tanto, el único rey de la fiesta. Pero la gente quería compensar como fuera el final tan desdichado de la primera faena y arropó lo indecible y más en la segunda baza, con un toro que mientras peleaba en el caballo tiraba coces, que escarbó y, demasiado alto de grupas, se empleó a veces como renco. Fue noble. Puro aplomo, Perera hizo con él lo que quiso. Lo primero, tirar de él o empujarlo por delante. Y luego, lo demás, que fue un homenaje en toda regla a la tauromaquia del gran Dámaso González: ligar ocho o nueve veces el circular cambiado con el péndulo entre pitones sin el menor temblor. A puro huevo. Otra vez en llamas el ambiente. Bramaba la gente. Una estocada desprendida y sin puntilla rodó el toro. Una oreja y casi dos.
 
FICHA DE LA CORRIDA

Bilbao. 6ª de las Corridas Generales. Casi lleno. Templado, soleado y bueno. Dos toros -2º y 3º- de Garcigrande (Concha Escolar) y cuatro de Domingo Hernández. Se pidió el indulto para el tercer garcigrande, bravo de gran entrega y premiado con l vuelta al ruedo. Nobles los dos últimos. Muy deslucidos segundo y cuarto, faltos de trapío los dos. Mansito el primero, de pobre trapío.

Enrique Ponce, saludos y silencio tras un aviso.
El Juli, silencio y oreja tras un aviso.
Miguel Ángel Perera, vuelta tras un aviso y oreja con petición de una segunda.

Notable en brega y banderillas Joselito Gutiérrez.