domingo, 29 de marzo de 2015

LA DE RAMOS EN LAS VENTAS


Fandiño, un gran gesto pero un gran resbalón
(Crónica de Barquerito)

Fandiño al final de la gesta. Foto: www.las-ventas.es
Sin fortuna ni inspiración, el torero de Orduña cumple muy discretamente su arriesgada aventura de matar a solas seis toros. Lleno hasta la bandera, fuerza del gancho torista

Sobresalientes en pasivo David Saleri y Jeremy Banti. Buenos pares de Jarocho, Miguel Martín y Jesús Arruga. Brega notable de Pedro Lara y Javier Ambel.

LA APUESTA TEMERARIA de Fandiño –único espada, Madrid, seis toros de divisas y hierros comprometidos- se torció antes de lo previsto. No era sencillo estar a la altura de la expectación, que de antemano venía provocada más por el sesgo torista de la apuesta que por el reto del propio torero de Orduña. El  gancho mayor era la imagen de cada uno de los seis toros de la aventura, imágenes lujosamente reproducidas en los portales de información taurina desde el pasado viernes –cuando el reconocimiento- y hasta el mismo momento del apartado a mediodía.

Se llenó la plaza. 24.000 almas. Un público ligeramente distinto del de cualquier fasto de San Isidro.  Gente conmovida por el gesto de Fandiño y hasta entregada de partida con él. No es que fuera propiamente de gala el ambiente, pero ambiente había, y se estuvo mascando hasta el arrastre del cuarto de los seis toros del desafío, que fue, con el hierro de José Escolar y sangre Saltillo, el de más marcada  personalidad de los seis apartados.

O de los siete, si se cuenta el sobrero de Adolfo Martín que entró, de quinto bis, por un victorino de muy buen ver pero lastimado tras emplearse sin reserva en un puyazo primero con derribo y encele. Justo antes del tercer par de banderillas, cuando se hizo inocultable que el toro se había descaderado, el palco lo devolvió al corral. El toro de Victorino ocupaba un lugar estratégico en el orden de lidia. Era el quinto. Se dejó sentir que era de buena nota –un Garduño de rara reata- pero a Fandiño se le negó esa posible providencia. Para entonces, el gesto del torero se había quedado anclado en sus meras intenciones.

El pablorromero de  Partido de Resina, que rompió plaza, no tuvo gasolina ni alma; al hermoso toro de Adolfo, segundo de orden, solo pudo Iván cuajarlo a gusto en un ramillete de verónicas y una tanda despaciosa que se quedó en promesa de una faena muy a menos; el bello toro de Cebada Gago, tercero, se venía encima cortando no por sentido sino por falta de brío.

Así que la apuesta de verdad, la seria, la de jugarse la tarde y la fama, fue el toro de Escolar, saludado al asomar con una ovación de gala. Toro de soberbio trapío, puro músculo, muy enmorrillado, cárdeno, fino de cabos, bien lleno -562 kilos- y de inquietante condición. Se descaró de salida vuelto a tablas. Al llegar al primer burladero de donde lo llamaron se enredó con la arena amontonada que camufla las tablas de base y escarbó con una suerte de fiereza insólita en tales trances. Luego, se movió con la codicia y prontitud características y casi privativas del  encaste Saltillo. Atacó en la primera vara y apretó, pero luego de sangrarse volvió grupas.

Fandiño decidió dejarlo para la segunda vara en el mismo platillo, y el toro se desentendió. El detalle dividió las opiniones ruidosamente. Una vara cobrada de frente y valerosamente por Israel de Pedro, la segunda y definitiva, puso de acuerdo a la inmensa mayoría. Fandiño quitó por chicuelinas ajustadísimas pero desiguales, porque el toro se acostaba. Lidió por delante y sin pegar sino dos capotazos Javier Ambel, y la gente reconoció el detalle. El ambiente estaba caliente. Pero el toro fue todo menos sencillo: pegajoso ya en el tanteo con que Fandiño abrió faena, agresivo en el fondo, celoso en cuanto hubo que pelear cara a cara. Terco ahora, Fandiño se empeñó con la zurda pero sin poder ligar ni templarse. Antes de eso, un desarme porque el toro no llegó a descolgar. No hubo hilván. Media lagartijera muy trasera –con palotazo en la mandíbula- y seis descabellos.

Después de la devolución del toro de Victorino, Fandiño pareció muy desanimado. El sobrero de Adolfo, degolladito, entre vuelto y veleto, saltillo puro, de notable viveza, salió quebrantadísimo de una primera vara muy severa. Fandiño se empeñó en ponerlo de largo para una segunda –y eso ni procedía ni gustó- y la deriva fue luego muy deslucida. Por sangrado, el toro se puso demasiado revoltoso y, por falto de fondo, se acabó quedando a medio viaje aunque no debajo. Fandiño no le vio la muerte –dos pinchazos sin pasar, una estocada a paso de banderillas y soltando el engaño- y entonces sonaron pitos de castigo que fueron como la sentencia de la tarde toda. Al toro de Palha que cerraba, y salió abanto y manseando, Fandiño lo recibió con larga afarolada de rodillas en tablas. Fue el último cartucho. Toro manso, de no fijarse en nada: flaqueó, se frenó y se rajó. Fandiño abrevió. Trago amargo.

FICHA DE LA CORRIDA
Madrid, 29 marzo. Corrida de Inauguración. Lleno de No hay Billetes. emplado, nubes altas. Toros de distintos hierros. Todos, cinqueños. 1º, de Partido de Resina, monumental, noble, apagado; 2º, de Adolfo Martín, muy armado, bondadoso, a menos; 3º, de Cebada Gago, bien hecho, sin celo ni gana de pelea; 4º, de José Escolar, espectacular, serísimo, pronto, celoso; 5ª bis, de Adolfo Martín, quebrantado en varas, codicioso pero revoltoso; 6º, de Palha, fuera de tipo, peleón en el caballo, rajado y frenado.

Iván Fandiño, único espada. Silencio, silencio, silencio, división tras un aviso, pitos y silencio.

1ª LAS VENTAS

...y cinqueños para Fandiño
(Apartado)

Seis toros de los hierros: Partido de Resina (Pablo Romero), Adolfo Martín, Cebada Gago, José Escolar, Victorino Martín, y Palha. Cinco por encima de los cinco años, aunque tres bajo los 525 kilos, han  sido aprobados y apartados en Las Ventas, para la encerrona de Ivan Fandiño esta tarde.
 
"La gesta de Fandiño este domingo nos llena de orgullo. Nosotros reclamamos este tipo de retos, por ello le brindamos nuestro máximo apoyo y respeto” Dice Victorino Martín.

Partido de Resina. Nº
24. G.
0.
12/09
Medallito II
Cárdeno
484 kilos
 
Adolfo Martín. Nº
24. Guarismo
0.
I/10
Azafato
Cárdeno
484 kilos

Cebada Gago.
Nº 7
G. 0
Fecha: 1/10
Primillo
Colorado
470 kilos

José Escolar
Nº 11
G. 0
Fecha: 11/09
Curioso
I Cárdeno
562 kilos

Victorino Martín
Número 63.
G. 1.
12/10
Garduño
Cárdeno
568 kilos

 Palha. 
Número149.
 Guarismo 0. 
03/10. 
Bonito. 
Negro
 525 kilos

Planilla oficial Taurodelta


Orden
Ganadería
Número
Guarismo
Nac.
Nombre
Capa
Peso
1
Partido de Resina
24
0
12/09
Medallito II
Cárdeno
484
2
Adolfo Martín
24
0
1/10
Azafato
Cárdeno
483
3
Cebada Gago
7
0
1/10
Primillo
Colorado listón
470
4
José Escolar
11
0
11/09
Curioso I
Cárdeno
562
5
Victorino Martín
63
1
12/10
Garduño
Cárdeno
568
6
Palha
149
0
3/10
Bonito
Negro
525
Sob.
Adolfo Martín
14
0
1/10
Malagueño
Cárdeno
488
Sob.
El Ventorrillo
65
1
9/10
Chocolatero
Negro listón
527

sábado, 21 de marzo de 2015

9ª DE FALLAS

Marín y Varea novilleros estelares
(Crónica de Barquerito)
 
Varea con el que desorejó. Foto: Jesús Camacho, www.burladero.tv
Una gran corrida de El Parralejo, con tres toros espléndidos. Generoso premio de dos orejas para el torero de Almassora y solo una, pero de ley, para el de Olivenza.
 
UNA SOBERBIA NOVILLADA DE fuenteymbros de El Parralejo. Tres toros sobresalientes: un  primero y un cuarto de son espectacular, y un sexto de bravo nervio. De distinto manera los tres restantes: un segundo bis, sobrero, cabezón, que desigualaba el lote y el reparto, protestó antes de rajarse, o de pretenderlo; de más a menos un tercero noble; y noble un quinto que tuvo menos motor o gasolina que cualquier otro. Salieron galopando todos o casi todos, y casi todos, que no todos, se movieron mucho y sin duelo.

Las embestidas largas de los tres novillos sobresalientes vinieron subrayadas por una entrega y una fijeza raras de ver. Meter tanto y tan generosamente la cara se cobró su precio: dos volatines completos del cuarto, pero que no lograron troncharlo pese a caer a plomo en el segundo; otro del quinto, que claudicó antes de la voltereta y escarbó disimuladamente. También el sexto, que se escoció en banderillas, se volteó dos veces, pero fue el más pronto, serio y ganoso de la corrida, de manera que recién aterrizado del volatín ya estaba listo para volver a jugar, venirse y atacar.

El lote, la lotería, cayó en manos de Jorge Expósito, el torero de Algemesí, que ha progresado notablemente: como muletero a pies juntos, en la onda de por ejemplo Vicente Barrera y su original manera de cargar la suerte para enganchar los viajes de vuelta. Detalles de valor, de valiente: larga cambiada de rodillas para saludar en tablas al primero; y una apertura de faena muy de largo, la pedresina genuina y bastante bien librada; cierto aire temerario. Tuvo mérito no dejarse sobrepasar ni descubrir por dos novillos de tan alta nota.

Al cuarto lo esperó en el mismo anillo –parecía que iba a plantarse a porta gayola, pero no- y lo libró con dos saltilleras o valencianas de caro riesgo, una tercera de tanda no salió, y media de rodillas, muy de Barrera. En la faena, de menos a más, de irse creciendo y confiando Expósito, hubo una segunda parte bastante redonda, y no solo entonada, de muletazos largos muy tirados, encajada la figura siempre. Largos los muletazos, y largas las dos faenas –no hubo ninguna que no lo fuera, todas pasaron de los diez minutos- pero obligaba el compromiso: en tendido de sol dos centenares de partidarios. Los de Algemesí. No entró la espada ni a tiempo ni a punto.

La cosa estaba pensada para medir al jerezano Ginés Marín, afincado en Olivenza, y Jonathan Varea, castellonense, de Almassora. Dos de los seis o siete pesos pesados del escalafón. Distintos. La suerte, relativamente equitativa en el reparto de toros. Para Ginés, el sobrero, que no mordía pero fue el garbanzo negro; para Varea, el bravo sexto, que lo desarmó en el saludo de capote y le tropezó la muleta casi por sistema en las tres primeras tandas de una faena que tuvo su cumbre inesperada justamente en el cuarto asalto: una monumental tanda en redondo, despaciosísima, ligada, soberbio el ajuste.

No es común que un novillo-toro responda dócil y suave después de haber enganchado engaño tanto como lo hizo este. Pues fue el milagro del temple, patente no solo en esa tanda, sino en dos más que vinieron después. De calado no tan profundo, pero muy brillantes. Los remates con el cambiado a suerte cargada, perfectos, parecen especialidad de la casa. Antes de cobrar una estocada ladeada y tendida, un adorno final por muletazos agachados y casi en cuclillas, feos de ver y mal logrados, desdijo del serio fondo que tuvo todo.

Marín anda más suelto y más fácil que Varea: la soltura se traduce en aparente ligereza, pero no es tal, sino que con la mano izquierda el don es sencillo, natural, de virtuoso. El natural ligado con el auténtico de pecho es el abecé del toreo clásico, tanto como la ligazón pueda serlo del toreo moderno, y las dos cosas estuvieron en la faena de Ginés al quinto. Torero muy elástico –no le pesan los engaños-, fresco y risueño. Como si no tuviera modelos. De rodillas en los medios para abrir con el quinto y dejándolo venir sin freno; temple para medir el poder del toro; rigor para ordenar la faena. Con el sobrero también supo organizar la trama. Muy seguro.

En Varea se hace sentir un surtido de influjos: el trazo largo de Perera, la compostura de Ponce, el descaro de Talavante, el ensimismamiento de Manzanares. ¿Algo más? Un punto rígido con el capote Varea, pero atrevido y, aunque forzada la figura, vertical. Mejor en Valencia que hace dos semanas en Castellón, donde presentó fidedignas, indiscutibles credenciales.  Obsesionado por torear despacio, Varea, en estudiada parsimonia, ampulosa la expresión pero no postiza, parece decidido a abundar en esa línea. El tercer parralejo, al  aplomarse, pudo ser la gran prueba. Pero entonces prefirió el torero de Almassora los rizos en cortas distancias. Las espadas, en alto. Habrá más duelos.

FICHA DE LA CORRIDA
21 marzo 2015. Valencia. 10ª de feria. Un tercio de aforo. Fresco y nublado, pero sin viento. Ligera lluvia en el quinto toro. Casi tres horas de festejo.
Seis novillos de El Parralejo (José R. Moya). El segundo, sobrero, desdijo por fondo y forma de un conjunto de gran categoría. Primero, cuarto y sexto, sobresalientes. Muy bien hechos los cinco titulares: se aplomó el tercero, justo de fuerzas el noble quinto.
Jorge Expósito, saludos tras aviso en los dos.
Ginés Marín, vuelta tras un aviso y oreja tras un aviso.
Jonathan Varea, ovación tras un aviso y dos orejas.
Dos grandes pares de Javier Ambel.


viernes, 20 de marzo de 2015

8ª DE FALLAS

Buen debut del mexicano Leo Valadez
(Crónica de Barquerito)
Valadez con la oreja del sexto. Foto Jesús Camacho, www.burladero.tv

El novillero de Aguascalientes, que toreaba por primera vez con picadores, deja en Valencia sello de torero capaz, valeroso y preparado. Una muy grata sorpresa.
 
Seria, astifina y muy bien hecha la novillada de Antonio López Gibaja, que nunca había lidiado en Fallas. Dieron muy buen juego los dos primeros, pero el uno acusó un volatín completo –los pitones enterrados antes de ir al caballo- y se acabó parando; el otro, de menos a más, se jugó en pleno temporal y pese a eso fue un gusto verlo batirse tan a modo. Francisco Espada anduvo sereno con el primero, pero reiterativo y, a toro parado, tomó la solución de moda: meterse entre pitones. El viento no invitaba a mucho más.
 
Cristian Climent defendió honradamente su papel de torero del país. De El Puig, villa monacal, ciudad dormitorio, más cerca de Sagunto que de la propia Valencia. Climent ya toreó en Valencia hace un año. No ha progresado ni ha dejado de hacerlo. Se animó a banderillear, sin mayor fortuna, y porfió valeroso en una faena librada en medio de un vendaval. La semana de toros fallera más ventosa que se recuerda. La muleta descompuesta, y sin embargo se sujetó Climent sin miedo. Cuando el toro se paró, más seguridad, como si el torero fuera el amo. Algún apunte con la mano izquierda y una estocada.
 
En su quite de turno, el mexicano Valadez, debutante con picadores, sorprendió con un quite por aragonesas, de solo dos lances, y la revolera de remate. Como las aragonesas son parte del repertorio histórico perdido, el invento fue digno de encomio. Una novedad: por lo antiguo, por lo exótico. Demasiado rápidos los giros, y también los cambios de mano de capa por la espalda, pero el quite fue una buena tarjeta de presentación.
 
Desconocido para muchos, Valadez ha hecho, sin embargo, una brillante carrera de becerrista en los concursos españoles. En Francia se ha creado un cartelito como novilleros sin caballos. Tiene valor de verdad y eso se dejó sentir enseguida. En el quite sacado del baúl de los recuerdos, y en el saludo y recibo del primer utrero de su carrera en España, que no será el último porque se le adivina proyección. Torero de los que atacan y no perdonan un viaje. El novillero en estado natural. “Como los de antes”, se dice.
 
Lo dejó probado casi en la primera prueba dura, porque el quinto novillo lo cogió de fea manera al prender, o intentarlo, un par de banderillas que le había cedido Climent. Se repuso entre barreras y ni un gesto de aflicción o dolor. El novillo del debut, sin el son tan noble de los dos que abrieron el desfile, le puso en apuros. Faltó un puyazo. Valadez se ajustó en las reuniones, hizo de la firmeza bandera. Banderillero de instinto seguro –para encontrar terreno y medirlo, para sacar los brazos y clavar arriba- y, en cambio, pocas luces con la espada. Tres pinchazos, media, tres descabellos. Un aviso, pero llamó la atención el torero. Gustó.
 
El cuarto se jugó cuando llovía con más fuerza. Un torito. Lo fueron los tres de la segunda parte. Espada salió empalado por la espalda cuando remataba una chicuelina. Escandalosa voltereta, fea la caída sobre la nuca. Un susto. Nada más. El toro se enfrió antes de lo previsto, y reculó, y Espada, contra viento y marea –literalmente-, repitió la apuesta anterior: plantarse en la zona cero, en la boca del lobo, que no mordía pero tampoco se dejaba acariciar. Poca gente, parapetados los dos centenares de valientes del tendido bajo paraguas desplegadas, algo ajenos los que se subieron al resguardo de las gradas y nayas.
 
El quinto, seis picotazos corridos, se enteró de todo enseguida, cortó y no dejó a Climent ni respirar. Un calvario. Y, en fin, la faena de la tarde, que fue cuanto hizo de capa, muleta, rehiletes y espada el joven Valadez. ¿Valadez o Valádez? Veinte años cumple en mayo. Un quite del Zapopán no del todo logrado –ese viento, ese capote desplegado a destiempo…- pero contó la decisión de atreverse con él, porque el toro, casi un clon del temible quinto, se le vino cruzado, incierto, alta la cara. Tres pares de banderillas de riesgo. Del tercero salió perseguido feamente.
 
No estaba claro el negocio. Muy despejado y entero Valadez. Ni viento ni flores: al toro sin temblar ni dudarlo. Dos tandas estupendas con la mano izquierda –algo de perfil, ligadas en el sitio, bien rematadas- y una con la diestra en redondo no tan suelta pero bien gobernada. Pesaba el toro en cada viaje. Ni corta ni larga la faena, pero le dieron dos vueltas los músicos al Nerva. Una estocada cobrada con fe. Una oreja para presumir de ella. Muy bien.
 
FICHA DE LA CORRIDA
Valencia, 20 marzo 2015. 8ª de feria. Frío, ventoso, cortinas de lluvia, muy desapacible. Mil personas. Seis novillos de Antonio López Gibaja, astifinos, serios, lustrosos. Muy nobles los dos primeros. De fondo más propio de cuatreño el último. Orientado el quinto, que se puso imposible. Manejables los otros dos.
Francisco José Espada, ovación y silencio tras un aviso.
Cristian Climent, una oreja y silencio.
Leo Valadez, de Aguascalientes (México, debut con picadores). silencio tras un aviso y una oreja.
 
 
          


jueves, 19 de marzo de 2015

7ª DE FALLAS

El Juli, desatado como un vendaval
(Crónica de Barquerito)
 
El Juli con las dos orejas del segundo. Foto: Jesús Camacho, www.burladero.tv
Botín de cuatro orejas, dos faenas de mayúscula intensidad peleando contra un viento implacable. Comparte éxito un Perera dispuesto a replicar. Gran corrida de garcigrandes
Valencia, 19 mar.
      
EL JULI, DESATADO. Tanto como el propio vendaval que estuvo perturbando la corrida de principio a fin. Desencadenado y roto en dos faenas de rara estrategia, de abundancia y hasta desmesura muy llamativas, y raras también. Pese al exceso deliberado,  condicionado por el viento, las dos bazas fueron de una intensidad casi eléctrica. La electricidad de la tensión y no otra cosa.

La tensión la pusieron en partes proporcionales El Juli –más rotundo que nunca, que ya es decir-, dos toros de Justo Garcigrande bastante distintos pero con el denominador común de la entrega, la fijeza, la prontitud y el instinto de pelea y, desde luego, un ventarrón implacable, infame, violentísimo. No hubo rincón ni recodo de la plaza donde no hiciera estragos. Estragos de distinto grado, que es lo propio del viento racheado de levante.

La presencia también perturbadora del Juli olímpico, sí; la categoría de la corrida casi entera; la respuesta severísima de Perera, que pudo haberse tapado o resignado y sin embargo se avino a batirse con El Juli por palos distintos del toreo y con lote menos belicoso; y para abrir boca, con un primero de corrida de singular calidad, una faena de compás academicista de Finito de Córdoba, engastada por la mano izquierda en una tanda impecable, lección de estilo.

Todo eso, pero el protagonista fue el viento. Pero gracias al viento vino El Juli a romper con sus mismas dimensiones. La cosa fue desafiar los elementos y llegar a poder con ellos, pues, ni en los momentos en que el viento lo descubrió, cedió El Juli ni un palmo de terreno. Una racha fortísima estuvo a punto de llevársele de las manos el capote en el recibo del quinto, el más serio de la corrida pero también uno de los dos de mejor aire. Cuando recuperó el gobierno de la capa, todavía fue capaz Julián de salirse a rematar en el tercio con media.

Dos orejas llevaba de botín entonces: las dos del segundo, cumplida recompensa para una faena de sobresaliente firmeza, de imponente ajuste, de mano baja y muletazos largos, de ligazón clásica y soluciones sorprendentes porque para sortear el viento hubo que cambiar de terrenos pero sin poder siquiera elegirlos. Entre las soluciones, coser el molinete de salida con el de pecho; los cambios de mano por delante o por detrás para rematar tandas; no dejar ni un tiempo muerto, no hacer concesiones ni gestos a la galería; llegar a casi rozar la arena con el palillo de la muleta; soltar al toro sin tomarse ventaja. Es decir, envenenarse.

Como en sus tardes feroces, pero con el asiento propio de la edad. Por intensa, fue faena de emociones continuas, constantes y crecientes. La respuesta de la gente, generosísima. La estocada, un zambombazo. Con ese botín y en pleno vendaval, El Juli podía haber pisado el freno en el segundo turno, y pasó lo contrario: más marcha todavía, más madera, más desenfreno. Un punto caótico tuvo la faena, pero eso fue parte de su fuerza. La manera de abrirse Julián en los medios, de ofrecerse sin rectificar, de ligar a pesar de los pesares, las estrecheces en las reuniones, todo eso provocó un clamor agradecido.

Por culpa del viento Finito había tenido que arrojar la toalla con el cuarto de la tarde, un hermoso burraco y botinero –estampa soberbia- que, orientado por el viento, tuvo sus guasas y reservas. En el contraste, inevitable, El Juli salió favorecido. Muy vertical al encajarse, y encajado siempre, El Juli demostró su pericia en el toreo ayudado con la izquierda –la muleta pequeña, la espada suavemente señalada contra los flecos- y entonces se sintieron imágenes del repertorio más rancio, cuando el toreo ayudado no estaba provocado por el viento sino por el genio de los toros. Pese a los golpes de viento, hubo muletazos primorosos. Y hasta un desarme cuando, por abusar de su propia ambición, El Juli se pasó de faena y de tiempo, y sonó un aviso antes siquiera de haber pensado ni en la igualada. Y al fin, la igualada, y una estocada defectuosa pero fulminante.

Las dos réplicas sucesivas de Perera fueron de signo distinto al son impuesto por El Juli. Igual de desmedrado que él frente a los elementos, pero otro sentido del toreo: frente a las medias distancias de El Juli, su “toreo de cercanías”, como lo llamó un día Suárez-Guanes, y sus trenzas catárticas en bucles sucesivos, el toro cada vez más enroscado y sin salida. Los péndulos de raigambre damasista –Dámaso González- solo que con un aire más ligero o etéreo. El Juli se prodigó también en los circulares invertidos, pero solo de ida y vuelta. Perera desenredó madejas enteras, y la gente llegó a asustarse. Cuando el peligro saltaba a la vista y cuando no.

El no enmendarse conmueve siempre, y en las dos faenas de Perera, más eso que el mismo juego de brazos. Unos lances de compás muy despacioso al sexto, una apertura sorprendente de toreo de rodillas en ese mismo toro, una salida casi suicida al mismo platillo. Dispuesto a todo entonces el torero de la Puebla del Prior. Trenzas retrenzadas. Mucho tiempo. Otra medida de las intensidades que acababan de conmocionar a todo el mundo. Y el milagro: pese a ser uno de las corridas de más viento jamás sufrido, una gran tarde de toros.

FICHA DE LA CORRIDA
Jueves 18 de marzo 2015. Valencia. 8ª de feria. Media plaza. Invernal, extraordinariamente ventoso. Todo el festejo, con luz eléctrica. Seis toros de Justo Hernández, jugados con el hierro de sus padres. 1º y 5º, con el de Garcigrande (Concha Escolar); los demás, con el de Domingo Hernández. Corrida de desigual remate –preciosos 4º y 5º- y de alta nota media: movilidad, resistencia, entrega, variedad, carácter. Algo rajado el 6º, que se fue del caballo e hizo hilo en banderillas; un punto aplomado el 3º.
Finito de Córdoba, saludos tras un aviso y silencio.
El Juli, dos orejas y dos orejas tras un aviso.
Miguel Ángel Perera, oreja tras dos avisos en los dos.