jueves, 30 de abril de 2015

HOMENAJE A LAMARCA

Memorable homenaje a Juan Lamarca
Juan Miguel Núñez, ex director de EFE/TOROS
Madrid, 29 de Abril de 2015. / FOTÓGRAFÍA de RICARDO RELVAS

(www.deltoroalinfinito.blogspot.com)


Realmente ha sido impresionante la demostración de afecto y amistad ofrecida a Juan Lamarca López, Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía, con motivo de su cese definitivo de actividad profesional al alcanzar la edad reglamentaria de su jubilación.

Juan Lamarca se vió arropado en su mesa por compañeros del CNP; el Jefe Superior de Policía de Madrid, Alfonso Fernández, y su jefa de gabinete María Antonia Tomé, el 2º Jefe, Comisario Provincial, y UCCOT, Antonio Martín Zaragoza, los Comisarios Rafael Bermejo y Luis Carrión, el ex Comisario General de Policía Judicial y ex Jefe de INTERPOL, Jesús Espigares, y los Inspectores Jefes, Isidoro del Amo, Antonio González, y Justo Polo, éste actual presidente de festejos taurinos de Madrid.

 Tras las palabras de glosa por parte de Antonio Martín Zaragoza, la vehemente y entrañable de Justo Polo, destacando la abnegada y modélica dedicación profesional de Juan Lamarca durante su dilatada trayectoria de más de cuatro décadas al servicio de la sociedad desde su querido Cuerpo policial al que siempre representó con orgullo y dignidad, continuó el Jefe Superior describiendo una magnífica semblanza, terminando con un cálido ofrecimiento y la entrega de una especial placa conmemorativa.
Se hizo patente el la presencia del grupo de veterinarios taurinos de Madrid con su decano José manuel Durán, y en nombre de ellos, el afamado Javier Morales, expresó su felicitación y adhesión, para terminar su intervención con la lectura de una carta laudatoria del expresidente de la plaza de toros de Zaragoza, el recordado Fernando García Terrell.

 Tampoco faltó la presencia de la amplia familia de Juan Lamarca que no quiso perderse tan memorable celebración en honor de su ser querido.

El acto celebrado en el espléndido Palacio de la Misión, del Recinto Ferial de la madrileña Casa de Campo, en un inmenso salón presidido por la Bandera, e iniciado con los acordes del himno nacional, ha convocado un número extraordinario de personas de importante representatividad en el área policial, social, taurina, y mediática, siendo los más significados los que han participado en un turno de intervenciones para glosar la figura y trayectoria de Juan Lamarca cuya competencia oficial se extendió al desempeño de funciones gubernativas en los festejos taurinos de Madrid durante casi tres décadas, alcanzando gran relevancia en el ejercicio de la Presidencia de corridas de toros en la Monumental de Las Ventas y en otras plazas de la Comunidad, y también en el campo del asociacionismo taurino con la fundación del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida cuya actividad e implantación traspasó nuestras fronteras hacia Europa y América con la divulgación de los valores de la tauromaquia y la defensa de la Fiesta brava, misión corroborada con la presencia y apoyo de Miguel Mejías Bienvenida, Fernando Claramunt, Fernando del Arco, de Barcelona, y otros representantes de Venezuela como el merideño Fortunato González y su hermano Francisco, junto con el  maracayero Luis Medina.

 Precisamente fue Fortunato González, catedrático de la Universidad de los Andes de Mérida, y fundador y director de la Cátedra libre de tauromaquia "Germán Briceño Ferrigni", el que impuso a Juan Lamarca la Condecoración universitaria "Dr. Caracciolo Parra y Olmedo" 'Rector Heróico', otorgada por la U.L.A.



Sorprendió muy gratamente la presentación y moderación del acto por parte del matador de toros Juan Mora, impregnando el amplio salón del sentimiento y torería que ofrece ante los toros en los ruedos. Además hizo en preciso relato de la significación de la personalidad de Juan Lamarca en un ámbito tan conocido por él como es el taurino, en donde se ha granjeado el afecto y respeto que hoy le fueron a mostrar con su presencia una importante representación del mismo compuesta por toreros como Manuel Benítez "El Cordobés" acompañado de su esposa Martina,  o César Rincón con su mujer Natalia. Junto a ellos compartiendo mesa se encontraba Enrique Ponce con su suegro y apoderado Victoriano Valencia, el ganadero de Carriquiri, Antonio Briones, también con sus esposa.



No pasó desapercibida la mesa integrada por portugués Víctor Mendes, desplazado desde Lisboa, haciendo collera con Juan Antonio Ruiz "Espartaco" junto a sus antiguos apoderados los hermanos Lozano, Eduardo y José Luis, con su sobrino Pablo, en amena tertulia con el "médico de las Ventas", el cirujano Máximo García Padrós, y el "perpetuo" alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano y López del Hierro.
El "cartelazo" taurino se extendia por el amplio ruedo de La Misión con personajes como inefable y magnífico Manolo Lozano, los apoderados Miguel Flores, GonzalitoLázaro Carmona, el matador colombiano Jaime González El Puno, Leonardo San Sebastián, próximo confirmante de alternativa en Las Ventas, o el escultor Santiago De Santiago, sin perder de vista a los ganaderos, Juan José Rueda, Íñigo Ortiz de Urbina de "Sepúlveda", Ana Peña, Ismael Pérez, Zacarías Moreno, Ángel Pérez Tabernero, o Javier Sánchez Arjona, y el banderillero Vicente Yesteras, y el admirado Florito, mayoral de Las Ventas.





Las tareas taurino gubernativas de Juan Lamarca fueron evocadas con la numerosa presencia de compañeros del Cuerpo del "callejón y de palco"comandado por los presidentes de Madrid, Trinidad López y Javier Cano, y con otros antiguos como Aureliano Grande de Salamanca, o José Luque de Madrid, a los que se unieron el grupo de veterinarios liderados por su decano José Manuel Durán.

La asociación Internacional de Tauromaquia allí  estuvo con su presidente Willams Cárdenas, junto con el Club Taurino Internacional de la escritora y fotógrafa Mueriel Feiner, las ya famosas Majas de Goya con Charo Salvachúa, y el presidente de la Peña "Curro Romero" de Écija y Quito, el gran Fernando Atenciano.

En fin, que impresionante era el aspecto del abarrotado salón de comensales conformado también por deportistas como ex jugadores del Atético de Madrid como pepe Navarro y Miguel San Román, periodistas como Javier Hurtado, Federico Arnás y Juan Miguel Núñez, juristas como José Ramón García o José Ángel Galán, jueces tales como Carlos Valle o José Eladio Galán, médicos como Joquín Ortuño, José Luis Teruel, o José Luis Giraldez, profesores universitarios como Antonio Chávarri y Beatriz Badorrey, y otros como escritores, pintores, peñas y prestigiosos aficionados taurinos.

Muy significadas y emotivas fueron las intervenciones de Manuel Benítez "El Cordobés" y de María Susana Lamarca, hija de nuestro querido homenajeado, tras lo cual, y después de recibir galardones y regalos de parte de los amigos allí presentes, mantuvo un sentido a la vez que ameno discurso para hacer un somero recorrido por su vida vinculada a su educación en Úbeda, su ciudad natal, la toma de su afición taurina, estudios e ingreso en el Cuerpo General de Policía en el año 1972, prosiguiendo con historias y anécdotas durante su dilatada trayectoria profesional, taurina y social, con el entrañable recuerdo a las víctimas del terrorismo, y a personas decisivas en su vida, admiradas y queridas que fueron conformando su personalidad y adopción de principios y valores cuyo ejercicio ha sido norte y guía en su devenir hasta nuestros días.

Impactante resultó un emotiva lectura por Juan Lamarca en recuerdo de su amigo -el amigo de todos- Pepín Cabrales en presencia de sus hijos José María y María Jesús, tras lo cual cerró el acto con palabras de gratitud, reafirmándose en el amor a su profesión y a la patria, e invocando la lucha de todos en la defensa de la Fiesta y de España.

La aclamación del público asistente quedará como imagen imborrable en la memoria de todos y en el corazón de Juan Lamarca que la recibió con emocionada expresión y el brillo brotando de sus ojos.

¡Enhorabuena, don Juan, y suerte, presidente!


domingo, 26 de abril de 2015

SEVILLA 13ª DE FERIA

Fiesta de los Miura
(Crónica de Barquerito)
"Inquisidor" último toro de la feria e Iván Fandió. Foto Pagés www.burladero.tv
El hierro celebra su LXXV comparecencia consecutiva en la feria de Abril con una corrida vibrante. Dávila Miura y Manuel Escribano se alzan con sendos éxitos

NUEVE AÑOS después de su retirada, Eduardo Dávila Miura volvió a vestirse de luces para matar en Sevilla una corrida de la familia. La familia, el hierro y la divisa cumplían setenta y cinco presencias consecutivas en la feria de Abril. Una cifra astronómica, prueba insuperable de fidelidad. La fiesta tuvo tirón. Casi lleno, buen ambiente. No es costumbre en la Maestranza sacar a saludar a nadie después del paseo, pero la ovación con que se recibió a Eduardo Dávila nada más asomar fue de gala. Ya rotas las filas, la ovación se hizo irresistible y Eduardo tuvo que corresponder desde el tercio. Las palmas, tan rotundas, iban tanto por Eduardo y su gesto como por los Miura. Por todos los Miura, los ganaderos de ahora, los de ayer y anteayer, los de 1850 y 1900 también.

La corrida -600 kilos de promedio en báscula- fue de hechuras y catadura bastante diversas. Se enlotaron juntos los dos toros de más distinta traza: un segundo cárdeno claro y ojalado, largo y más bajo de lo habitual en la ganadería, y un quinto cinqueño, alto, un punto ensillado, muy alto, fuerte, de temible apariencia. Fueron los dos mejores de la corrida. Pero distintos. El segundo tuvo llamativa elasticidad y galopó en banderillas. La prontitud tan característica de los miuras pero salpicada por un son nada agresivo.

Los seis toros se emplearon en el caballo, los seis sin excepción. Este segundo vino a la segunda vara con tranco rico. Es muy de Miura que un toro de salida se vuelva, se descare y se entere. Y que se duela de la divisa. De la divisa no se dolió ninguno de estos seis. Volverse y descararse sí lo hicieron tres. Entre ellos, el imponente quinto. Escribano se fue a esperarlo a porta gayola en un alarde temerario. Al toro, tal vez deslumbrado, y casi frenado, le costó hacer por el cite y la larga cambiada preceptiva fue laboriosa. Temeridad, sí, pero valor de sangre fría también. En pie, y en el tercio, el toro embistió por derecho, largos viajes. Escribano soltó los brazos, se encajó a modo y pego cuatro lances templados de gran emoción. Muy buenos los remates.

También este quinto se empleó en varas con fijeza. No se oyó el ruido de los estribos en toda la tarde. Salieron a picar los caballos más pesados de la cuadra de Peña. Los tercios de varas fueron de impecable resolución y brevedad ejemplar. No hubo que reclamar a un toro dos veces para que atendiera la llamada de los picadores. Ni siquiera el sexto, que Fandiño puso en los mismos medios para las dos varas.

De los seis miuras el de más potencia fue precisamente el quinto, que quiso por las dos manos. Las más de las bazas vino descolgado. Le faltaba el golpe de riñón que propicia los muletazos largos. En los de pecho o cambiados de remate, el toro respiró mejor que en las tandas cobradas en distancia corta. Habría convenido, al contrario, la tanda corta y la distancia larga. La faena fue de tanta soltura como decisión, de torero preparado. Alguna pausa exagerada, algún paseo de más, el solo error de abrir faena por estatuarios en tablas, error que estuvo a punto de costar una cornada.

Esa segunda faena fluyó más y mejor que la otra del propio Escribano, que también entonces abrió trasteo por alto, pero de largo y con dos cambiados por la espalda. El bello segundo miura fue toro de solo mano derecha. La cara arriba en las tomas, contadas, por la izquierda. Esos dos toros tan distinguidos murieron como solo saben hacerlo los miuras literarios: sin cruzar la segunda raya a tablas, resistiendo en el tercio y pie como titanes hasta el momento de rendir el último aliento y rodando al fin como si se hundiera el mundo.

La muerte del quinto, herido de estocada desprendida, se acompañó de un clamor particular que estuvo vivo hasta el momento en que las mulillas desaparecieron por la puerta de arrastre. La euforia y su contagio: se pidió hasta una segunda oreja para Escribano, que había sumado el mérito de prender tres pares de banderillas a cada uno de los dos toros de lote. El tercero de cada tercio, cambiado en tablas. También el segundo tuvo muerte muy singular, por lo resistida, por la distinción de la escena.

El resto de corrida fue de otro aire. Se defendió, acostó y rebañó por falta de fuerza y codicia el primero, y Dávila solo pudo dejar claro que se había tomado la fiesta muy en serio. Nadie diría que llevara nueve años en la reserva. Bien vestido –tabaco y oro-, en perfecto estado de revista, gobernó la cosa con autoridad. Sopló viento en sus dos turnos. Ni eso pareció perturbarle.

Al cuarto, que fue, junto a segundo y quinto, el otro toro de buen trato, le pegó Eduardo de salida un puñado de lances de manos bajas, descargó la lidia en manos de un templado y seguro Javier Ambel, y toreo de muleta con sentido del ritmo, buen acople y mucha inteligencia. La propia de quien conoce la ganadería y sus muchos registros. Saber resolver el momento en que un miura se revuelve. Ligar el natural con el de pecho, y lo hizo una vez, y fue mágico. Entenderse cuando el toro empezó a frenarse. Y pegar una estocada sensacional por el hoyo de las agujas.

Fandiño no tuvo fortuna en el reparto: el tercero, gazapón, mirón y revoltoso, lidiado con desorden y avisado en parte por eso, pegó muchas tarascadas. Cobardón, siempre detrás de la mata. Fandiño abrevió. El sexto, de son apacible en los dos primeros tercios, mutó de banderillas en adelante, sacó son incierto, probaba, se apoyaba en las manos, tardeaba. Y dejó de pasar. Buena estocada de Iván al segundo viaje.

FICHA DE LA CORRIDA
Sevilla, 26 abr. 13ª de feria. Nubes y claros, algo revuelto. Casi lleno. Seis toros de Miura. Corrida seria y variada. Prontos y bravos en varas los seis. Segundo, cuarto y quinto dieron buen juego. Se defendió el primero. Artero el tercero. Incierto el sexto.
Dávila Miura, saludos y una oreja.
Manuel Escribano, saludos y una oreja.
Iván Fandiño, silencio en los dos.
Bregó con categoría Javier Ambel, brillante en banderillas. Dos grandes pares de Joselito Rus al cuarto. Picaron muy bien José Manuel Quinta y Manuel Bernal a segundo y sexto.

 

sábado, 25 de abril de 2015

SEVILLA 11ª DE FERIA

Padilla, ileso tras una aparatosa cogida
(Crónica de Barquerito)
Juan José Padilla. Foto Pagés. www.burladero.tv
Y premio sentimental de una oreja. Los dos toros mejores de una noble corrida de Jandilla, en el lote del torero jerezano. El público crédulo de los sábados de Feria.

LA COSA EMPEZÓ con un amago de tragedia. Padilla libró a porta gayola una larga cambiada de rodillas al primer toro de Jandilla, y enseguida otras dos largas más en paralelo a tablas. El toro corría escopetado, y escopetado y a la carrera se fue Padilla a perseguirlo y buscarlo en los medios. De espaldas a toriles –la querencia natural- Padilla se estiró en un lance a pies juntos que pudo haber sido fatal. El toro lo arrolló y prendió por la ingle o el vientre. La voltereta fue brutal.

Llegó al quite todo el mundo con formidable presteza, Padilla no pudo ni incorporarse, el gesto de las asistencias era de alarma. La cuadrilla sujetó al toro en el burladero de capotes mientras se llevaban casi a rastras a Padilla hasta el callejón por la puerta de cuadras y cuadrillas, que en la Maestranza da paso a la llamada Puerta Principal. Entre barreras se repuso Padilla como si no le doliera ni la paliza. Llevaba en la taleguilla, entre la cinturilla y el tiro, un siete de dos rasgados tremendos. Se calzó unos pantalones pirata y se le pasó el susto de golpe a todo el mundo. Y al tajo.

El toro sorprendió a Antonio Montoliu mal montado y derribó en la primera vara. Un segundo puyazo sin puntería. Abellán quitó por chicuelinas, tres, y abrochó con larga muy bien tirada. Padilla no perdonó ni las banderillas, pero el tercio se hizo eterno. La banda le dio dos vueltas al “Ayamonte”. Noble pero crudo, apenas castigado, el toro anduvo en la muleta muy a su aire y sin gobierno. Padilla, que toreó muy a la voz pero a voces, tuvo que esgrimir un par de acostones. La veteranía es un grado y en este caso fue recurso de Padilla para bandearse y salir salvo. Una estocada corta y tendida, siete golpes de verduguillo, un aviso. Y una ovación que Padilla recogió entre barreras. Antes de arrastrase el toro saltaron por sorpresa dos antitaurinos, uno de ellos se echó encima del toro cuando iban a lacearlo en el tiro de mulillas, la policía resolvió sin contemplaciones.

La nobleza fue nota común a toda la corrida de Jandilla, pasada de carnes y de variada condición: se vino abajo el segundo, que estaba rendido al cabo de cuatro tandas; el cuarto aguantó todo lo que le echaron, incluida una faena interminable de Padilla; el quinto, acaballado, solo quiso los justo por la mano derecha y gracias a la ciencia de Miguel Abellán; el sexto, castigado en banderillas con unas cuantas carreras enloquecidas, abrió la boca casi de repente y por ella echó los bofes. Fue muy llorón. El toro que más sonoramente roncó, sin embargo, fue el de Fuente Ymbro que completó corrida, se jugó de tercero y sacó buena condición.

Los afanes incansables de Padilla en el cuarto –tandas calcadas, toreo en serie- se encontraron de repente regalados por la banda de música. Con la música, el calor incondicional de ese público tan particular de los sábados de Feria en Sevilla, que nada tiene que ver con el de cualquier otro día de la semana o de la misma prefería. Bastó que Padilla abriera faena de rodillas para que se desatara la fiesta. Una buena estocada y pañuelos más que de sobra para una oreja casi por sorpresa.

Pegado a las tablas, Padilla se pegó una vuelta al ruedo de abusiva duración: abrazos a diestro y siniestro, saludos hasta al apuntador, sombreros, gorras. “Devolución de prendas”, decían los viejos despachos. Un mantón, algunos pañuelos. Y un clamor. Como si hubiera sido la faena de la feria. A la corrida del sábado se le llamó “la mediática” –por El Cordobés Díaz, por Rivera Ordóñez- y en su momento encontró en ella hueco y sitio Padilla, que no se cansa. Es tradición que embistan cuatro toros o más en esta fecha tan aparte. De El Pilar, de Torrestrella. De Jandilla.

En punto a toros no fue tan brillante esta baza. Abellán hizo y firmó las cosas mejores, pero le duró demasiado poco el segundo y el quinto no tuvo tampoco más allá de diez viajes, y los diez arrancados por el torero de Usera a base de ingenio, temple y colocación. El Fandi armó en banderillas la tremolina: facultades portentosas, reuniones inverosímiles, llegadas raudas, salidas limpias. No tanta puntería. Malabarismos con el capote y dos faenas demasiado parecidas y previsibles. El sexto toro adelantaba y se ahogaba; el tercero quiso infinitamente más. Pero a los dos les aplicó idéntico tratamiento. Dos horas y media y algo más. No hay cuerpo serrano que…

FICHA DE LA CORRIDA
Sevilla, 25 abr.11ª de feria. Primaveral, templado. Casi lleno. Cinco toros de Jandilla (Borja Domecq) y uno de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo) -3º- que completó corrida. Primero y cuarto dieron buen juego; el de Fuente Ymbro se empleó con son. Venidos abajo segundo y sexto. Deslucido el quinto.
Juan José Padilla, ovación tras un aviso y una oreja.
Miguel Abellán, saludos y silencio.
El Fandi, saludos en los dos.

        

viernes, 24 de abril de 2015

SEVILLA 10ª DE FERIA

Tres deliciosos toros de Cuvillo
(Crónica de Barquerito)
Manzanares, Foto Pagés, www.burladero.tv
Retorno feliz del ganadero de Vejer al abono de la Maestranza con una corrida de ritmo y nobleza muy notables. Manzanares no remata con la espada dos faenas aclamadísimas

EL TORO DE MÁS CARNES y el de menos entraron juntos en el lote de Manzanares. Un segundo negro, terciado, gacho y acodado, lustroso. Un dije. Cuentan que las familias ganaderas de Cuvillo han sido cribadas o reducidas, pero ese segundo cumplió con una norma sin excepción. Los cuvillos con nombre de participio embisten con particular calidad. “Arrojado” se llamaba el indultado en la mismísima Maestranza hace ahora cuatro cursos. “Encumbrado” este otro, de hechuras bastante distintas y son parecido pero diferente. Tranco de sorprendente regularidad. Es decir, rimo constante.

Ni siquiera un primer puyazo trasero hizo mella. Solo una claudicación a la salida de un pase cambiado de remate y en el arranque de una faena que, como tantas de Manzanares últimamente, pecó de larga. Longitud por abuso de las pausas entre tandas y tanda. Pausas que traducían sin pretenderlo una falta de resolución. Ni dejado solo llegó a enfriarse el toro. Sí a escarbar en uno de esos cortes o interludios tan teatrales. Los paseos y pausas se celebraron tanto como las reuniones. Hubo momentos, no solo entonces, sino en el segundo turno también, en que el acontecimiento parecía más la misma presencia del torero que el torear.

La banda ya estaba tocando al noveno muletazo. El “Cielo andaluz” de Pascual Marquina que por sistema subraya en Sevilla las faenas de Manzanares, primado más que nadie por los músicos del maestro Tristán. Una melodía que pone casi en trance a la gente. La acústica de la plaza se acopla como un guante al pasodoble, justamente a ése. Y, sin embargo, la faena tardó más de lo previsto en conformarse. Por salteada y espaciada. Porque al toro de Cuvillo no terminó de convencerle el toreo en redondo enhebrado que es casi patente de Manzanares. De ahí la claudicación primera y única del toro. Y sus resistencia a pasar del todo en un segundo remate cambiado por alto que Manzanares hubo de resolver en dos o tres tiempos, que no es lo mismo que echarse un toro por delante.

Aunque la zurda del torero de Alicante es mucho menos segura que la diestra, una tanda de cinco naturales abrochados con un cambio de mano por delante fue la guinda del pastel. Se desató una euforia formidable. Al abrigo de eso eco Manzanares se perfiló con la espada y atacó por derecho. Media estocada trasera. No  descubrió el toro en tablas. Un aviso, cinco descabellos. La ovación para el toro fue redonda. Manzanares estaba recogiendo la montera de brindis en el burladero de los médicos que le atendieron el pasado martes de una deshidratación. Lo sacaron a saludar. Una prueba más de amor. “El novio de Sevilla”, dicen. Un idilio.

El quinto cuvillo, castaño albardado, algo montado, finos los cabos como de purasangre árabe –un precioso toro-, tuvo nobleza muy notoria, pero no solo bondad: la manera de descolgar fue soberbia El ritmo, tan claro como el del segundo de la tarde. Este quinto no tenía nombre de participio latino. Era de reata floral: “Rosito”. También cobró trasero un primer puyazo, galopó en banderillas con buenos pies –Curro Javier prendió por dentro un excelente tercer par- y estuvo para cuanto fuera menester enseguida.

La banda de Tristán apostó ahora por el “Suspiros de España”, de Antonio Álvarez. Otro concierto, de pronto interrumpido, porque en un descuido Manzanares, de espaldas al toro, salió prendido y volteado feamente. Se levantó sin dolerse ni mirarse, y vuelta  al tajo, más caliente y afanoso que antes. Y por la mano izquierda. Una tanda de uno a uno con la zurda, la música de vuelta, otra tanda más embraguetada y espontánea, y una última tanda en redondo bien lograda y rematada con un cambio de mano. Se hace raro en la tauromaquia de Manzanares el genuino pase de pecho. Y el número fuerte: Manzanares decidió contra toda razón recibir al toro con la espada dándole adentros por primera vez en todo el trasteo. Un pinchazo soltando el engaño, otro más, un aviso. No aplaudieron al toro tanto como al segundo o al cuarto, que fue de arte mayor. Pero las ovaciones para Manzanares llegaron a tal grado que no tuvo más remedio que pegarse una vuelta al ruedo triunfal y terminar agradeciendo desde los medios tanto cariño, tan fiel amor.

Decir que Manzanares era y fue el papel de la corrida sería de Perogrullo. El amor es ciego. Pasó, sin embargo, que esta era la tarde del regreso a Sevilla del hierro y las sangres de Cuvillo, cuyo expediente en la Maestranza, tan brillante, llevaba dos años perdido. Tenían castigado al ganadero entre todos.

No fue una venganza, pero sí una reivindicación plena y en justicia. El sexto de corrida, de tipo raro en la ganadería, desdijo en condición pero entró en el cupo de nobleza que marcó el regreso de Cuvillo. Al tercero, un  punto distraído, le faltó el ritmo que tuvieron los tres de nota. El primero, quebrantado en el caballo, se fue encogiendo poco a poco. Rivera Ordóñez estuvo cumplidor con ese primero y demasiado destemplado con el cuarto, mató con acierto y toreó despacio con el capote. Hubo unos cuantos muletazos a cámara lenta. Tuvo al público de uñas. David Galván hubo de torear después de Manzanares. No fue fácil. Los dos toros menos agradecidos. Una primera faena de buen aire pero ligera –la muleta a la espera- y una segunda que, después de una cogida aparatosísima, se resolvió con el arrimón más rotundo de la feria. El toro consintió. Digno papel.

FICHA DE LA CORRIDA
Sevilla, 24 abr. 10ª de feria. Primaveral, templado. Casi lleno.  
Seis toros de Núñez del Cuvillo. De muy buena nota segundo, cuarto y quinto, ovacionados en el arrastre los tres.
Rivera Ordóñez “Paquirri”, silencio en los dos.
José María Manzanares, saludos tras un aviso y vuelta tras un aviso.
David Galván, silencio tras un aviso y vuelta tras un aviso.
Cogido por el cuarto y herido menos grave Juan García, tercero de la cuadrilla de Rivera

jueves, 23 de abril de 2015

SEVILLA 9ª DE FERIA

Una faena magistral de Antonio Ferrera
(Crónica de Barquerito)
Ferrera y Mecanizado. Foto Pages, www.burladero.tv
Inspiración, reposo, calidad y talento del torero extremeño en tarde redonda que solo tuvo un lunar: la espada. Por no acertar con ella se le van las orejas de un gran toro

LA CORRIDA DE VICTORINO, muy bien hecha, tardó en romper dos toros. El primero se empleó a la manera de los saltillos mexicanos en embestidas nobles, perezosas, distraídas a veces, a veces frenadas. Ferrera lo lidió con criterio seguro, finura y cabeza, y lo pasó de muleta despacito, con autoridad suficiente y natural. El poso no tan nuevo del torero extremeño. Ni un solo tirón. Todo bastante redondo. No fue toro de público este primero. Ni tampoco lo fue la faena a pesar de su calidad secreta. Una estocada caída.

A El Cid le costó sujetarse con el segundo: capotazos sobre las piernas, muchos capotazos. Castigado por un lesivo puyazo trasero, el toro amenazó con aplomarse antes de la segunda vara. Después de banderillas escarbó. La mejor idea de El Cid, en tarde muy oscura, fue salirse fuera de las rayas toreando por delante. Y poco más: muletazos de abajo arriba, me quito y me pongo, intentos de enganchar por el hocico sin apenas fe, muchas voces, viajes cada vez más rácanos del toro, que tendía a apoyarse en las manos,  mareo perdiguero, un aviso.

A las siete y veinte asomó el tercero, negro entrepelado. El mejor hecho de los seis. Elasticidad, agilidad, la personalidad propia de lo más granado del encaste. Fijo en el caballo, mimosa la segunda vara, galope en un tercio de banderillas que compartieron Ferrera y Escribano. Toro de rico estilo y ritmo mutante pero siempre vivo. Se revolvía si el trazo del muletazo era más corto que largo, y eso pasó por la mano derecha, y se entregaba por la izquierda con son profundo. Toro de sangre caliente.

Hizo el gasto Escribano en una faena desigual –el hilo cortado en momentos clave- pero salpicada de espléndidos muletazos sueltos con la zurda. Engarzados, es decir, ligados en solo una tanda que casi a última hora hizo arrancarse a los músicos. La faena fue de aguante –toda en los medios, incluidas las pausas- y por eso se sostuvo, a pesar de sus desigualdades, con emoción. Una estocada de ley. No hubo petición suficiente. Una oreja.

El gran espectáculo vino enseguida. Una faena extraordinaria de Antonio Ferrera. Al toro más serio de los seis: ni el más pesado, ni el más hecho, ni el más armado tampoco. Pero el de fondo más bélico y, seguramente por eso, el que mejor y más se dio. Toreo del grande y del caro. Completo Ferrera. La lidia, de una precisión y una sobriedad nada comunes. El toro volvía contrario, echó al principio las manos por delante, los dos arreones al caballo de pica fueron escalofriantes, y la manera de apretar. Una punta de fiereza.

Sobre un caballo sensacional de la cuadra de Peña, picó bien de verdad Dionisio Grilo. De los dos puyazos y tras dos largas peleas salió el toro suelto sin disimulo. Hasta esas dos salidas pareció haber dado Ferrera por descontadas. Le cumplía el toro, le gustaba. Banderilleó con diligencia –dos bravos pares de poder a poder, un tercero cambiado en tablas- y brindó al público.

La cosa estalló enseguida. Tres muletazos de tanteo y a los medios sin más espera. El toro pretendió soltarse –una rara y pasajera querencia hacia la puerta de arrastre- pero Ferrera acertó a sujetarlo sin violencia. Dos o tres veces. Como si lo convenciera. Un dechado de conocimiento: la distancia, el modo de enganchar por abajo, el compás de cada trazo y cada tramo. A los diez muletazos, Ferrera, plantado en la boca de riego, ya era el dueño del toro. Y a partir de entonces vinieron a sucederse hasta siete tandas de rigor y primor extraordinarios. La medida justa: cuando el toro admitió seis ligados, los seis; si cinco, los cinco. Y los remates cambiados o de pecho. El toro vino humillado y desahogado, mejor por la diestra que por la siniestra.

El jaleo fue monumental: la banda de música –tal vez el “Ragón Felez” no fuera el pasodoble adecuado-, el murmullo de fondo, el clamor de la gente, los óles y los bienes subrayando todos y cada uno de los muletazos. Solo un rasgadito del envés de la franela en un pase por alto. Un delirio, que fue creciendo cuando, hecha la faena, Ferrera se adornó con toreo enroscado en redondo a cámara lenta. Fantástico ritmo.

Antes de la igualada, que iba a ser en el mismo terreno donde el toro había pretendido soltarse, Ferrera toreó a placer. Muletazos genuflexos por bajo, larguísimos, de grueso calado. Cuadrado para la muerte, el toro se encampanó ligeramente. Ferrera atacó en la suerte contraria. Un pinchazo hondo y trasero. Rompió a aplaudir la gente con sorprendente pasión. Un segundo pinchazo en la suerte natural pero en contraquerencia, un aviso, un descabello a solas. No hubo orejas. Vuelta por aclamación para el toro de Victorino: “Mecanizado”, número 73. Y vuelta aclamadísima para Ferrera. La faena de la feria. La más redonda que se le recuerda. Magistral. Un detalle final no menor: en su turno Ferrera quitó al sexto del caballo a la manera clásica. Del peto lo sacó él y lo hizo con el garbo de unas chicuelinas de recurso.

La faena de Ferrera pesó como una losa sobre El Cid y, de otra manera, sobre Escribano también. El quinto toro, cinqueño, brochito, el de menos cara de toda la feria, fue de dos caras: bravo en el caballo y al salir de varas –humillando-, a la espera en banderillas –lidia y tercio desafortunados- y tardo y un punto correoso en la muleta.

No hubo acople ni decisión. Incómodo el torero de Salteras. El sexto, alto de agujas, muy astifino, cantó la gallina en el caballo –cabezazos y genio- y fue en la muleta uno de tantos, algo incierto, mansito y todo. Un poco machacón Escribano, otra vez seguro y listo con la espada.

FICHA DE LA CORRIDA
Sevilla, 23 abr. Sevilla. 9ª de feria. Primaveral. Tres cuartos de plaza. Seis toros de Victorino Martín. Corrida de gran variedad. De diversa condición y distintos estilos, Tercero y cuarto –éste, premiado con la vuelta al ruedo-, de muy buena nota.
Antonio Ferrera, palmas y vuelta tras un aviso.
El Cid, silencio tras un aviso y silencio.
Manuel Escribano, oreja tras un aviso y palmas.
Picó muy bien al cuarto Dionisio Grilo.

SEVILLA 8ª DE FERIA

Alternativa de José Garrido, torero de emoción
(Crónica de Barquerito)
 
Alternativa de José Garrido. Foto Pages, www.burladero.tv
Festejo de tres horas, corrida frustrante de Juan Pedro y a última hora, con un eléctrico cinqueño de Veragua, el nuevo matador se entrega en una faena de muy alto riesgo

EMPEZÓ TORCIDA la función. El toro de la alternativa del extremeño José Garrido –“Lengualarga”, de Parladé- tardó en salir. Lo hizo al fin al trote muladar. Ajeno y frenado luego. Garrido le pegó siete lances tomados muy en corto y de corto vuelo, de mucho ajuste los siete, y aplaudidos por el mérito. Y por el dibujo, tan seco. No hizo el toro otra cosa que tardear sin darse. Como si le hubieran dado un calmante. Un puyazo renegando. La segunda vara fue de anzuelo: la puya lanzada como una caña de pescar. Estaba tan apalancado el toro que ni en banderillas. Espera que te espera. La gente tenía formada una bronca muy caliente. No procedía devolver el toro por manso, pero eso se pretendía. La presidencia aguantó hasta el segundo par de banderillas. Cedió de pronto. Pañuelo verde. Aviso primero de que la corrida iba a durar más de dos horas. Fueron exactamente tres.

El sobrero, juampedro del hierro de Veragua, salió con pies. Muy valeroso en el recibo Garrido: lances genuflexos firmes y armados, terreno ganado hasta la boca de riego y la sorpresa de media de rodillas en el remate. Un quite por chicuelinas ajustadísimas y una voltereta al rematar con larga ese quite, que tuvo acento del toreo ceñido de, por ejemplo, Diego Puerta. Nada menos, nada más.
El toro de la alternativa –Ponce, cariñoso padrino- fue, en fin, un sobrero: “Fariseo”, 505 kilos. Malos apoyos y embestida rebotada. Por flojo tendía a acostarse. “Meterse”, se dice ahora. Ni un paso atrás de Garrido. Muleta pequeña, algo agarrotado el torero extremeño. Una tanda con la izquierda sacada con tenazas y toreando a la voz. Una estocada soltando el engaño. Prueba resuelta y superada.

No la única, sino tan solo la primera o la segunda de tres, pues fue con el toro que, dos horas y tres cuartos después del primer tararí, cerró corrida con el que Garrido dio la talla: la medida de su valor y su ambición. Gran corazón.  Lo propio del toreo de emoción, que es por norma irresistible. No se movió de su asiento en la Maestranza nadie. Peligraba la vida del artista. Fue muy en serio la cosa.
Otro juampedro del hierro de Veragua, de hechuras y signo por completo distintos a los de los demás. Cinqueño bien cumplido, hondo, corto de manos y cuello, tronco bien relleno y musculado, mulato pero lustroso, dos puntas finísimas, armado por delante.

Llevaba la divisa  en el pescuezo, como tantos otros. Dos o tres patinazos en las primeras carreras o ataques. Garrido lo llevó galleando al caballo, estuvo a punto de salir prendido dos veces.
El toro derribó en la primera vara con estilo fiero, se empleó fijo en la segunda. La fiereza iba a ser su sello. Embestidas como calambrazos, violentas a veces, pegajosas en cuanto empezó a enterarse. Por abajo protestaba revoltoso, pero sin dejar de pelear. Fue muy difícil estarse delante sin temblar, sino con la entereza con que anduvo Garrido. En la tercera tanda, vibrante, casi en los medios, se arrancó la banda. “Cielo andaluz”. No se oyó completa ni la primera de sus dos melodías. Un desarme en un tornillazo.

Garrido aguantó impertérrito todas las revoluciones del toro, que fueron muchas y sin tregua. El ajuste, insuperable. En cada viaje, enganchados casi todos los muletazos, el ay de la emoción verdadera. Se sentía que el toro, el genio muy vivo, podía coger, y que, si lo hacía, sería certero. Pero se tenía también el convencimiento de que no iba a perder la batalla el torero. Así fue. Un espléndido desplante de recurso –frontal, genuflexo- sorprendió al toro y a la gente. Una tanda de manoletinas –por alto, el toro era hasta tratable- y cierta autoridad inesperada. Una estocada de las de verdad. Casi una oreja. Torero en circulación. Una novedad. ¡Albricias!

Lo que no tuvo el resto de corrida –toros y toreros- fue apenas emoción. La templada y delicada faena de Castella al tercero de corrida –un anovillado y bondadoso parladé coloradito- fue como un cadencioso minué. Tandas cosidas en lazos, remates de pecho o cambiados bien enhebrados, cierta monotonía rota por un par de molinetes clásicos, un circular templadísimo, un lindo encaje entre pitones y el torero de Beziers acariciándole la cresta al toro. Una desdicha con la espada. La madeja con que abrió Castella faena en el otro turno fue de su firma y patente: dos cambiados por la espalda en el platillo y aguantando sin enmienda ni pestañeo, y la trenza continua de gran resolución. Se vino abajo el toro y adiós. Ahora entró la espada. El toro se había rajado al galope: una rareza.

El primer toro de Ponce, de Parladé, solo vino al paso y aun así amenazó ruina. Ponce lo pasó por fuera y sin obligar. Una estocada sin puntilla. Devolvieron por inválido al cuarto. Turno para un sobrero de El Pilar, negro y grandón, de embestida extraordinariamente sumisa y apagada, letárgica. El toro menos fiero de cuanto va de feria. Ponce se entretuvo en un trasteo equilibrista. De hacer vainicas y no bolillos. Le pidieron brevedad. Ni caso. Un aviso antes de entrar a matar. A las nueve menos cuarto se echó en tablas el toro. Quedaban tres cuartos de hora por delante. El toro más fiero de la feria esperaba turno. Y José Garrido también.

FICHA DE LA CORRIDA
Sevilla, 22 abr. 8ª de feria. Primaveral. Casi lleno. Tres horas de festejo.
Cinco toros de Juan Pedro Domecq -1º bis y 6º, con el hierro de Veragua, y los otros tres, con el de Parladé. Y un segundo sobrero, 4º bis, de El Pilar. El tercer parladé fue muy bondadoso. El último veragua, cinqueño, encastado y correoso, desarrolló sentido y genio.
Enrique Ponce, silencio y palmas tras un aviso.
Sebastián Castella, saludos tras un aviso y silencio.
José Garrido, que tomó la alternativa, saludos y vuelta al ruedo.
Muy fino en la brega y banderillas José Chacón. Ovacionado Pepe Doblado, que picó al quinto.

martes, 21 de abril de 2015

SEVILLA 7ª DE FERIA

Un gran toro de El Pilar, pero solo uno
(Crónica de Barquerito)
Finito con el toro de la tarde. Foto pages, www.burladero.tv
Finito firma lances y muletazos muy bellos, cuaja una tanda soberbia al natural, torea con buscada sencillez al hilo del pitón y no redondea la única faena sólida de la tarde

LA CORRIDA DE EL PILAR dio en vivo y en báscula 570 kilos de media. Salvo el sexto –quinto de sorteo-, que parecía superar de sobra los 600, los demás camuflaban las carnes bastante bien. Talludos, de buen porte, palas y pitones pálidos, pellejudos pero no badanudos, corrida afilada pero no descarada. En tipo, porque ese toro es así. Los hay menos altos y no tan largos en la ganadería, pero a Sevilla viene la cabeza de camada.

Solo el domingo Moisés Fraile recogió el premio por el toro más bravo de los jugados en la feria de Abril de 2014. Un Niñito que dejó memoria. Un hermano parece que de padre y madre, reata fiable, entró en el reparto esta vez. Cuarto de corrida. Otro Niñito. Muy grandullón. Al rematar levantó el estribo del burladero de capotes. Fría la salida, largo mareo antes de acudir al caballo. Del primer puyazo salió quebrado y claudicante. Y ya no remontó.

Codicioso pero flojo –grave dilema-, conducta de toro derrengado. El equilibrio de un flan de gelatina. Un flan de 600 kilos. El toro tenía, como dicen los ganaderos nuevos, buen fondo, pero amenazó con desplomarse en las tres o cuatro bazas en que Finito de Córdoba le bajó las manos. La alegría en banderillas –un par clásico, sencillo, modélico, de Álvaro Oliver- fue un espejismo. Pidieron a Finito que abreviara. La espada entró al primer intento. Entonces se tuvo la sensación de que se había roto la corrida como un cacharro de porcelana. Manzanares, que había hecho el paseo convaleciente de una gastroenteritis, estaba en la enfermería.

El primero de corrida fue el toro de la tarde. Estrecho y alto de agujas, ligeramente distraído de partida, arreó nada más tomar engaño. Mucha capa le dieron –algunos lances de manos bajas, con la firma y el sello de Finito fueron preciosos- porque buscaban que descolgara. El cuello, elástico, de gaita, dio para eso y más. Se empleó en un primer puyazo, se salió suelto del segundo, enterró pitones antes de banderillas y hasta se derrumbó al recobrar la vertical. En banderillas atacó sin disimulo ni tregua.
Toro a más, repeticiones no en tromba pero muy vivas. Finito le plantó cara y pelea al hilo del pitón, donde ya casi nadie torea porque no será sencillo hacerlo. Y menos con el volumen del toro de ahora. El toro pesaba de verdad. El peso de la embestida, no el de la pizarra. Por la mano derecha abundaron los muletazos de primorosa caligrafía después de una primera tanda excesiva de asegurar viajes y postura.

No llegó a gobernar del todo Finito las ondas del toro. Salvo cuando, ya entrado el combate en el cuarto asalto, se echó la muleta a la izquierda y entonces dibujó una tanda de naturales soberbia, y el cambiado de remate a suerte cargada. Se arrancó la banda: “Manolete”, de Orozco. No sostuvo el ritmo Finito. No solo pinceladas. Carteles de toros, decían los clásicos. Desigual hilván. Decisión, entrega, ingenios bellos en los remates. Más breve, la faena habría sido más redonda. ¿Y un puyacito más? Una estocada, dos descabellos, un aviso. Sacaron a Finito a saludar a la segunda raya.

El segundo –colorado ojo de perdiz, los cuatro primeros fueron de pinta idéntica- galopó y hasta planeó de salida. Manzanares se encajó en lances de compás ligero. Le dieron al toro no se sabe cuántos capotazos de doma y tan de moda. Desmontado y derribado Barroso, un caballo de Peña revolcado; un segundo puyazo excelente, la de cal del piquero, y el toro romaneó con categoría. Luque quitó a media altura con lances tan despaciosos como despegados. Pronto en banderillas el toro y parecía que sí, pero fue que no. Al toro le hirvió la sangre muy poquito, Manzanares se abrió al platillo pero en distancia agobiante y en tandas en ovillo, que no procedían. Ni el terreno ni el cómo. Se paró el toro y Manzanares le aguantó con firmeza dos parones temible. Y eso fue casi todo. Mirón, el toro, a menos, adelantaba por las dos manos. Largo trasteo. Un pinchazo y una estocada.

Y casi nada más: el afán, el denuedo, el sitio, la facilidad, los recursos, la habilidad de Luque para, aparte de dormirse con el capote en lances de cámara, enredarse en trenzas y más trenzas con un tercero –el menos toro de los seis- que fue mucho más noble que guerrero, y se distrajo más de la cuenta, y se aplomó. Como Manzanares estaba recuperando fluidos, se corrieron turnos. Luque salió en quinto lugar con un toro negro coletero y gargantillo, de otra estirpe y otro estilo, que hizo varios amagos de saltar la barrera, y casi, que solo pudo ser picado al relance y que en cuanto vio abierto un hueco se fue a la puerta de chiqueros a tomar el sol. Oficio sencillo del torero de Gerena. Ni un apuro.

Manzanares, que nunca en sus doce años de alternativa ha sido cabeza de cartel, tuvo de rebote que cerrar corrida esta vez también. Un toro retinto, anchísimo, que solo resistió entero una primera tanda de tanteo –muletazos cambiados, genuflexos- y se paró a los diez viajes. Parsimonia de Manzanares. Nada que rascar. Un  pinchazo, una estocada. Casi las nueve de la noche.

FICHA DE LA CORRIDA
Sevilla, 21 abr. 7ª de feria. Primaveral. Casi lleno. Seis toros de El Pilar (Moisés y Pilar Fraile). En tipo los seis: altos, largos, sacudidos. Salvo los dos últimos, gigantescos. Fue de excelente nota el primero. Bravo solo en los dos primeros tercios el segundo. Se apagaron, pararon o aplomaron los demás. Pitos en el arrastre para quinto y sexto.
Finito de Córdoba, saludos tras un aviso y silencio.
José María Manzanares, silencio tras un aviso y silencio.
Daniel Luque, saludos tras un aviso y silencio.
Incidencias: Manzanares, indispuesto, tuvo que ser atendido en la enfermería tras el arrastre del segundo. Se intercambió el turno de salida de quinto y sexto.Ovacionados Barroso por un notable puyazo, y Curro Javier, Luis Blázquez y Abraham Neiro en banderillas. Lidió con buen sentido al quinto Antonio Chacón.


     

lunes, 20 de abril de 2015

SEVILLA 6ª DE FERIA

Cosas buenas de Pepe Moral
(Crónica de Barquerito)
 
Pepe Moral recibe al tercero. Foto Pages, www.burladero.tv
El matador de Los Palacios sale de la feria de Abril con cartel en alza. Torero competente, valeroso, capaz y poderoso. Una corrida noble pero apagada de Torrestrella.
 
LOS TRES PRIMEROS torrestrellas salieron buenos. Negros primero y tercero; albahío el segundo. Al negro primero, muy lustroso, alto de agujas y astifino, le faltó humillar, o descolgar. Claudicó a la salida de un primer puyazo bien peleado, se apagó antes de lo previsto. Ferrera lo trató con delicadeza y acabó por tener que ponerlo todo.
 
El toro albahío y rabicano –la reseña oficial lo dio por melocotón y punto- estaba más astifino que ninguno, y eso que no fue manco ninguno. Por algún vicio en el manejo, el toro se venció por la mano izquierda –en el remate de media verónica Fandiño estuvo a punto de ser arrollado, y en la muleta, otro tanto y hasta con violencia-  pero a cambio de eso quiso a gusto por la otra mano. A gusto pero lo justo. Fandiño se puso en agobiante distancia –más encima que delante, los toques por fuera, muletazos paralelos- y eso no terminó de convencer ni al toro ni a la gente. Demasiados enganchones y pasos perdidos para una faena bien medida pero de corto vuelo.
 
Fría había estado la gente con el buen sentido de Ferrera en su primer turno: rácanas palmas para una brega modélica, un tercio de banderillas muy resuelto y esa faena tan delicada, cumplida  y técnica, las tres cosas. Con Fandiño se sintió al público particularmente distante, retraído y, en cáustico silencio, muy censor.
 
Se rompió el hielo al asomar el tercero, negro zaino, enmorrillado, muy bien hechito, un dije. En el recibo se encajó Pepe Moral. Sacó los brazos y en el platillo remató el saludo con dos medias muy cadenciosas, cosidas una con otra, y una revolera. A suerte cargada todos los lances del encuentro. Entonces entró la gente en materia. Un primer puyazo traserísimo, con derribo del toro, y solo un segundo picotazo porque el toro parecía tronchado de repente. Y, sin embargo, al trantrán –tranco del bueno- el toro cogió un ritmito de marcha que iba a durar hasta el final.
 
El arpón de una banderilla prendida en el cuello y muy caída molestó, y el toro se dolió escocido. No fue óbice. Pepe Moral abrió de largo en los medios. La temeridad de meter los pies en la montera dejada boca arriba tras brindis al público. Galopó el toro. Imperturbable, firme, muy encajado de nuevo el torero de Los Palacios. Una tanda lograda: dos por alto cambiados por la espalda, dos intercalados en la suerte natural y el de pecho a pies juntos, broche mayor. Y en seguida, tres tandas en redondo, una detrás de otra, ligadas, templadas, la figura compuesta, suelto el brazo, toro empapado, bonitos remates. La banda se animó con el “Camino de rosas”.
 
Toreo de buen compás. El piso estaba como el pasodoble, pero Pepe decidió descalzarse. Y echarse la muleta a la izquierda. No fue igual el son. Ni la ligazón, ni el ajuste. El toro pedía más distancia. Y brevedad. Una estocada hasta la mano pero muy trasera. Dos descabellos. Se enfrió el respetable. Hubo casi que forzar la vuelta al ruedo.
 
Los restantes tres toros fueron en realidad cuatro, porque el sexto, el más terciado del envío, salió con la divisa prendida en zona blanda –sangraba al asomar-  y cojeando, fue devuelto y se jugó un sobrero, de destartalada traza y embestidas regañadas y cabeceadas, resistidas, dolidas. A Ferrera le hicieron en el segundo turno algo más de caso que en el primero. No era para menos: la lidia del toro –jabonero sucio, cuarteadas de pinta negra las ancas- fue primorosa; el tercio de banderillas, un conjunto de alardes –volatín en la cara, dos quiebros, un par al cambio por los adentros; y la faena, puro rigor, de hacerlo el torero extremeño no todo pero casi todo, hasta tener en la mano el toro, que no humilló ni una sola vez.  Una estocada y puntillazo con la zurda de Manolo Rubio, que reaparecía después de su gravísimo percance de mayo en San Isidro. Cuando apuntillaba un toro precisamente.
 
No tragaron ni con el quinto de corrida –ancho y basto, rebrincado, de moverse a golpes- ni con Fandiño, a quien parecían haber tomado desde el paseo el número de matrícula. Sin fuerza, el toro tampoco empujó. Trance oscuro. Pepe Moral le dio al sobrero suave capa, y hasta tres medias y no solo dos en el remate del saludo. Valiente, es decir, firme de verdad y sosegado, se empeñó en meter en el engaño al toro, que, bruto sin malicia ni resabios, ni podía descolgar –tronco largo y estrecho, cabos de mal apoyo, el cuello suelto y no tanto la cara- ni tenía golpe de riñón. Fue casi milagro que Pepe Moral lo templara en una docena de viajes. Hasta que el toro abrió la boca y pidió la cuenta. Iba a haber sido la primera corrida de dos horitas justas. Como debiera siempre ser.
FICHA DE LA CORRRIDA
Sevilla, 20 abr. 6ª de feria. Primaveral. Media plaza. Seis toros de Torrestrella (Herederos de Álvaro Domecq y Díez). El sexto, sobrero. El tercero fue con diferencia el mejor de todos. Deslucidos, los dos últimos dejaron pobre impresión de una corrida noble pero demasiado apagada. 
Antonio Ferrera, silencio en los dos.
Iván Fandiño, silencio en los dos.
Pepe Moral, vuelta al ruedo y palmas.