martes, 31 de mayo de 2016

REVISTA MIÉRCOLES 1°

Mansada de Saltillo
(Revista de prensa)

La durísima y mansa corrida pone en aprietos a la terna. El tercero se fue vivo con tres avisos y al cuarto banderillas negras. Alberto Aguilar saluda una ovación.    
Banderillas negras al 4°. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
Martes 31 MADRID 26ª San isidro – Épico “Rafaelillo”
Dos tercios de plaza. Toros de Saltillo. Bien presentados, en tipo pero mansos y orientados. Sánchez Vara, silencio y palmas. Alberto Aguilar, silencio tras dos avisos y saludo. José Carlos Venegas, ovación tras tres avisos y silencio. 
Incidencias: David Adalid saludó tras parear al 3° y al 6°. Carlos Tirado tras parear al 3°
LAS VENTAS: Gran esfuerzo de Alberto Aguilar con una corrida imposible.
ABC (Andrés Amorós): Durísima corrida de Saltillo en San Isidro. Digna tarde de la terna con toros de Moreno Silva imposibles para el toreo.
EL PAÍS (Antonio Lorca): Toros del XIX y un torerazo de hoy. Mansa, durísima y muy peligrosa resultó la corrida de Saltillo, que trasladó a la plaza a los inicios de la tauromaquia.
EL MUNDO (Zabala de la Serna): Saltillo: una infumable y montaraz moruchada de talanqueras.
LA RAZÓN (Patricia Navarro): De cómo salir vivo de una corrida criminal.
MARCA (Carlos Ilián): El toro de hace dos siglos volvió para sembrar el pánico. Dos subalternos, Adalid y Del Puerto, provocan un clamor.
COPE (Sixto Naranjo): Cuerpo a tierra que vienen los grises
Mansada de Saltillo con un toro, el cuarto, condenado a banderillas negras. Venegas escuchó los tres avisos. MUNDOTORO (Marcos Sanchidrián): 'Homenaje a la talanquera'.
APLAUSOS (Íñigo Crespo): Mansada de Saltillo en Madrid
Moruchada con peligro y con un ejemplar -el cuarto, condenado a banderillas negras- prácticamente ilidiable.
BURLADERO (Lucía Fuente de León): Torear ante la adversidad. Áspera y peligrosa corrida de Saltillo, imposible de lidiar.
CRONICATORO (Jorge Arturo Díaz Reyes): Adalid de la torería. Cuando los muy aviesos saltillos se tomaron el ruedo de Las Ventas, intimidando las cuadrillas, correteando el peonaje, cubriendo el ruedo de capotes abandonados y sembrando el miedo. Surgió David Adalid en dos tercios de oro puro con el tercero y el sexto.          
COLPISA (Barquerito): Una corrida muy difícil de Moreno de Silva. Solo un toro de buen trato y Alberto Aguilar firma los momentos más felices de la tarde.
SALMONETES YA NO NOS QUEDAN (José Ramón Márquez): Saltillo/Moreno Silva. De repente, la única verdad de la tauromaquia: el toro de lidia. ¿Y si son tan malos por qué nadie se aburrió? He aquí la cuestión, la principal.

MADRID 26ª SAN ISIDRO

Una corrida muy difícil de Moreno de Silva
(Crónica de Barquerito)

Solo un toro de buen trato y Alberto Aguilar firma los momentos más felices de la tarde. Un cuarto pregonado y Sánchez Vara acredita su oficio. Al corral tras los tres avisos un tercero fiero.
 
Cazarrata. Foto:Juan Pelegrín, www.las-ventas.com

LOS SEIS SALTILLOS del hierro de Moreno de Silva eran cárdenos. La pinta, en las tres gamas de lo cárdeno, fue, sin contar las cuernas astifinas, la dureza de manos y la correa general, nota común de una corrida abierta de sementales y líneas, según todas las apariencias. El primero, degollado, hocico de rata y sacudido, cumplió con la estampa del toro de Saltillo que más se ha perpetuado. El clásico. Toro distraído, de los que salen de engaño con la cara alta y suelta; mirón, de los que no se entregan sin tampoco resistirse; nada sencillo, ni siquiera en los viajes humillados, que los hubo. Muy entero Sánchez Vara, que acertó con manejo, terrenos, distancia y sentido de la medida.

El segundo, terciado, justo de trapío, menguada cabeza, las borlas o flecos del rabo barriendo la arena, sacó el aire felino tan propio del encaste y, con ese aire, la elasticidad para humillar al emplearse. Pese a escupirse del caballo, fue el toro de la corrida. Alberto Aguilar lo fijó con lances de brega de mano baja, consintió que se pegaran al toro dos puyazos traseros muy dañinos y se animó con una faena corta, de emoción, resuelta, de despegado pero limpio trazo. No siempre gobernado ni metido en la muleta el toro, que fue pronto y de largo viaje, repetidor, guerrero y de fiar. Por lo que sea, el toro de Saltillo es muy fino de oído.

A este lo distrajo más una vez algún sonido conocido o tentador. Con ambiente a favor, tres pinchazos, una estocada, muchas demoras, sonó un segundo aviso.
Muy ofensivo –más astifino que ninguna, abiertas las palas, cresta corta e hirsuta, ojos saltones-, largo y bajo, el tercero era de estirpe que dentro de Saltillo ya empieza a rarear. En La Quinta sobrevive una rama, pero sin el fondo tan agresivo e incierto que saco ese tercero de corrida, que se acabó yendo vivo al corral después de sonar un tercer aviso. El único toro que tardó en sucumbir, solo lo justo, a la irresistible  seducción de los bueyes de Florito, el magistral mayoral de las Ventas. Llevaba cobrados cinco picotazos tal vez ligeros, los seis arpones de otras tantas banderillas, media estocada que acabó escupiendo, la herida de un pinchazo y una estocada desprendida. Desde el callejón Rafael González, banderillero de gran experiencia, acertó a sacarle la espada antes de que los bueyes fueran en su busca para envolverlo. La estrategia de la devolución, cumplida al tercer intento, fue un prodigio. Florito llegó a alinear los ochos bueyes de la parada en los medios, de raya a raya, como en formación de tiradores, y luego se puso a traerlos con la voz. Se distrajo el toro en plena maniobra. Al tercer intento, casi suelto, el toro tomó la ruta de corrales. Al trote vivo y casi galope.

Las galopadas del toro en algunos de sus arreones fueron escalofriantes. No se había visto nada parecido en toda la feria. No tuvo el toro trato por la mano derecha –siempre levantado, sería vicio de manejo-, pero sí una velocidad de galope extraordinaria, como de purasangre, y la agilidad y la viveza tan propia de los saltillos. Por la mano izquierda pasó sin queja pero sin repetir. A esos viajes sueltos se avino José Carlos Venegas con muletazos a pies juntos y de perfil, ayudados o no, de buen dibujo. Hasta la hora de pasar con la espada. Un trago amargo.

El cuarto, un galán de solo 500 kilos, cornipaso, cabezudo, pechugón y muy corto de cuello hizo desde salida cosas de toro pregonado. Frenarse, venirse al bulto y no a engaño, soltarse del caballo tan solo sentir el hierro de la puya, huir de un caballo a otro para pegar solo topetazos de blandearse. La plaza, tomada, porque parecía misión imposible pegarle al toro un pase. Pañuelo rojo, banderillas negras. El eje en las manos en gesto defensivo, esperó el toro. Arrojo mayúsculo y sabio del tercero de cuadrilla de Sánchez Vara, Raúl Ramírez, para prender dos pares de sobaquillo y hasta hacerle al toro un regate. Todos los toros tiene su lidia, reza un viejo dicho. Pero este no. Ni Domingo Ortega. Ni el padre de Domingo Ortega, rezaba otro dicho no tan viejo pero casi. Muy listo Sánchez Vara, curtido en tantas batallas, para torear por delante tapando la cara al toro con la muleta como anzuelo. Y, metiendo el brazo, un espadazo que no todos habrían sabido cobrar.   

Arrastrado el toro pregonado y fogueado, Cazarratas de nombre, tomó la corrida de Moreno de Silva la recta final. Con dos toros muy distintos. Un quinto cornipaso, que se emplazó de salida, fue bien sangrado en dos duras varas y banderilleado con pares de recurso. Toro de embestidas trepidantes pero no inciertas. Escarbador por agresivo. De agresivo los arreones antes de ser domado en el caballo. Otra faena de decisión y ánimo resuelto de Alberto Aguilar. Oficio, carácter, serenidad para correr la mano. Perseguido tras un pinchazo. Una estocada muy hábil. Y entonces pareció que la inmensa mayoría de la gente recobraba el aliento y respiraba.

El sexto, el más alto de todos, cabezón y badanudo, fue en el caballo de un genio terrible, desmontó y derribó en una primera vara, zurció a cornadas el peto en la segunda. La fiereza. Aunque apalancado de partida, y enterado por sistema al tercer viaje seguido, resultó menos problemático de lo presumido. Alguna salida suelta, más de un trallazo. Se hizo de ánimo Venegas, firme, mucho más seguro ahora que antes, segunda versión mejorada del muletazo de perfil a pies juntos con la zurda –el toreo de Frasquito- y, al fin, acierto con la espada.

FICHA DE LA CORRIDA
Madrid, 31 may. (COLPISA, Barquerito). Madrid. 26ª de San Isidro. 17.000 almas. Primaveral. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Saltillo-Moreno de Silva (José Joaquín Moreno de Silva).
Sánchez Vara, silencio y aplausos.
Alberto Aguilar, silencio tras dos avisos y saludos.
José Carlos Venegas, palmas tras tres avisos y silencio.

Juan Carlos Sánchez se agarró en dos varas buenas con el quinto. César del Puerto fijó de salida a ese quinto con categoría. Pares muy celebrados de David Adalid a tercero y sexto. Buen trabajo como terceros de Raúl Ramírez y Juan Carlos Tirado.

MI CORRIDA 9

Adalid de la torería
(Jorge Arturo Díaz Reyes)
 
Adalid. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
Madrid 31 de mayo.
Cuando los muy aviesos saltillos se tomaron el ruedo de Las Ventas, intimidando las cuadrillas, correteando el peonaje, cubriendo la arena de capotes abandonados y sembrando el miedo. Surgió David Adalid en dos tercios de oro puro con el tercero y el sexto.

Don José Joaquín Moreno de Silva, trajo un encierro parejo en tipo y en el peor talante. Una mansada no pacífica, una mansada de marrajos, malgeniados, buscadores de vísceras, ansiosos de sangre. Quizá los únicos que brindaron algunas embestidas claras fueron el soso primero y el encastado segundo que fue tratado con excesiva precaución. Lo demás puso la tarde al filo de la navaja.

Mansos en todos los tercios, distraídos, huidores, negados a los caballos, esperadores, cuando no arreando y tirando gañafones al cielo y al bulto. Un compendio de las peores maneras. Al cuarto le pusieron banderillas negras, quizá en representación de todo el encierro, y el tercero se fue vivo porque literalmente no se dejó matar. Por momentos, emplazados en los medios, parecieron dueños del ruedo con cinco capotes alrededor contemplándolos impotentes desde tablas.

El primero de Venegas había formado un herradero en los dos primeros tercios. Cuando vio al magro David Adalid correr hacia él como un suicida, con los palos en las manos, arremetió a su encuentro con felina velocidad. La colisión que parecía inevitable se resolvió con un cuarteo escalofriante que dejó el par arriba, reunido y el toro desconcertado. La plaza explotó. Al fin se ganaba una. Pero más aun en el tercer turno, tanto o más vibrante. David no quiso saludar la escandalera hasta que su compañero Carlos Tirado que había estado muy digno salió a compartir los honores con él.

En el sexto, que tumbó a Martos, y esperaba como un cazador al que le pisara los terrenos, Adalid, a quien le correspondía lidiar, cambió turno y volvió a banderillear asumiendo todos los riesgos y ejecutando la suerte con veraz virtuosismo. Nueva ovación y nuevo saludo esta vez sin descubrirse. Honor a la torería de plata.

También brillaron en el segundo tercio, y en medio de tanta batahola, Raúl Ramírez y César del Puerto de las otras cuadrillas. La tarde tuvo reminiscencias de aquella tauromaquia que Lagartijo, decía fácil, “viene el toro, te quietas tu o te quita el toro”. Así fue, y además se aplaudió. Nadie pudo aburrirse, la tensión lo impedía.  

Hay que recordar, sí, en esta hora dura para el ganadero que su encopetado hierro no ha llegado a esta feria por los antiguos blasones. Lo hizo por su estupenda presentación en el otoño pasado. 

lunes, 30 de mayo de 2016

REVISTA MARTES 31

“Rafaelillo” oro viejo
(Revista de prensa)

El murciano honra la plaza y la feria con una torerísima faena plena de reminiscencias de los tiempos heroico del toreo.    
"Rafaelillo" y "Malagueño". Foto: www.abce.es
Lunes 30 MADRID 25ª San isidro – Épico “Rafaelillo”
Lleno. Toros de Adolfo Martín, con trapío, plaza y armamento. De juego variado. Destacó el 2° ovacionado en el arrastre. Rafael Rubio "Rafaelillo", silencio tras aviso y vuelta tras aviso y petición de oreja. Sebastián Castella, palmitas y saludos tras tenue petición. Manuel Escribano, silencio y silencio tras aviso. 
LAS VENTAS: Vuelta al ruedo para el valor de Rafaelillo… tras una faena de valor, disposición e inteligencia, ante el toro más difícil de la variada corrida de Adolfo Martín. Ordenó tres varas a cada uno de sus toros y pudo ligar muletazos importantes ante el primero, que transmitió poco.
ABC (Andrés Amorós): Estampas antiguas de Rafaelillo en San Isidro.
EL PAÍS (Antonio Lorca): ¡Gladiator! Un heroico Rafaelillo conmovió a la plaza con un derroche de pundonor y arrojo ante el toro más complicado del certamen.
EL MUNDO (Zabala de la Serna): Rafaelillo a puro huevo; a placer Castella. El torero de Murcia da una vuelta al ruedo por una faena de valor con un adolfo de piedra; el francés disfruta de un lote de calidad y dibuja a pulso el toreo al natural.
LA RAZÓN (Patricia Navarro): Rafaelillo, ante el peligro, dueño del mundo. El murciano da una vuelta al ruedo con sabor a triunfo con un dificilísimo toro de Adolfo Martín en la feria de San Isidro.
MARCA (Carlos Ilián): Rafaelillo se juega la vida sin cuento.
COPE (Sixto Naranjo): Rafaelillo y el valor de una vuelta al ruedo. El murciano da una vuelta al ruedo con el exigente cuarto de Adolfo. Castella se explaya al natural pero no emociona.
MUNDOTORO (Marcos Sanchidrián): Faena de entrega de Rafaelillo.
APLAUSOS (Íñigo Crespo): Alarde de valor y raza de Rafaelillo, vuelta al ruedo de ley en Madrid. El murciano se impone a carta cabal a un complicado toro de Adolfo y firma los momentos más emotivos del festejo.
BURLADERO (Carlos Alonso): Rafaelillo saca nota en el examen cárdeno. Castella y Escribano sin opciones de triunfo.
CRONICATORO (Jorge Arturo Díaz Reyes): El torero Rafaelillo. Llegó vestido de azul y plata pero salió entre fulgores de oro vejo. Su lidia al cuarto adolfo de la tarde, “Malagueño”, que salió a matar o morir, fue una gesta de tiempos idos. De tiempos heroicos. De tiempos legendarios.          
COLPISA (Barquerito): Una faena épica de Rafaelillo. Llegó vestido de azul y plata pero salió entre fulgores de oro vejo. Su lidia al cuarto adolfo de la tarde, “Malagueño”, que salió a matar o morir, fue una gesta de tiempos idos. De tiempos heroicos. De tiempos legendarios. 
SALMONETES YA NO NOS QUEDAN (José Ramón Márquez): Adolfos de todo un poco, con Rafaelillo casi en Machaquito.

MADRID 25ª SAN ISIDRO

Una faena épica de Rafaelillo
(Crónica de Barquerito)

Alta tensión, pelea memorable con un toro singular de Adolfo Martín y una vuelta al ruedo clamorosa. Variada corrida de albaserradas. Castella, castigado por un ambiente raro, torea muy despacio.
 
Rafaelillo. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
LOS TRES PRIMEROS TOROS de la corrida de Adolfo Martín eran cinqueños. Cuatreños los demás. El cuarto, hondo y vuelto de cuerna, superó a todos en trapío. Uno de los toros con más plaza de toda la feria. 530 kilos. Una joya. Fue, contra costumbre del ganadero, corrida muy surtida. No solo por la diferencia de edades, que vino a confirmar una vieja noticia: la de que el toro de Albaserrada suele ganar con la edad en calidad, asiento y sentido. El son de los dos cinqueños primeros fue bastante más regular y constante que el de cualquiera de los cuatreños.

El quinto de corrida, alto, casi zancudo y flaco, cornipaso y cornialto a la vez, se acabó resolviendo en una embestida muy pastueña. En el aire común del saltillo mexicano. Muchas cosas hubo que ver en esta fiesta. Se daban por descontado unas cuantas, pero no que el quinto toro, de la reata de los Aviadores, la más pródiga de la casa, embistiera tan a cámara lenta y con tanta bondad.

Castella, blanco de agrias censuras sueltas en la tercera de sus cuatro apariciones de San Isidro, pareció el primer sorprendido por el son tan imprevisto de ese toro. Probablemente porque lo había visto acudir solo y a su aire al caballo, salir quebrado de dos varas pellizcaditas sin siquiera emplearse, tambalearse en banderillas y, sí, descolgar pronto, pero flaquear tanto que amenazaba con claudicar o acostarse. Un grito suelto intemperante le mandó un recado al ganadero antes de que el toro virara de rumbo.

No es común ver embestir a un toro tan despacito. Tampoco ver torear tan al ralentí como lo hizo Castella con la mano izquierda. Ayudándose de la espada, y eso le daba al muletazo un rancio acento. El trazo fue soberbio; el pulso y la colocación también. Firmeza y encaje, los de siempre.

El ambiente de plaza estaba muy revuelto y más en contra que a favor del torero de Beziers. El segundo de corrida fue con diferencia el más propicio y sencillo de los seis. Fibroso y musculado, remangado de cuerna, bajo de cruz, serio, aire felino. Galope de vibrante alegría, remate en dos burladeros, fijeza, ganas. Castella, fino con la capa en todas las bazas, abrió faena entonces, en tablas, con una tanda de sentida torería, intercalando el toreo cambiado y ayudado con lacios pases diestros. Se abrió al tercio. Promesa de faena mayor. Dos tandas en redondo –más lograda, ligada y reunida la primera que la segunda, las dos bien abrochadas-, una con la zurda de toreo en línea enganchado por delante, y el remate de dos trincheras, y de pronto se abrieron paso las censuras.

Castella pareció desconcertado. Decidió acortar distancias, el toro se apagó y, cuando rompía un corito de palmas de tango, sufrió un desarme. Al segundo intento, una gran estocada sin puntilla. Al rodar, el toro pareció querer volar. Antes de estrellarse contra las tablas de un portón y dejar teñido de sangre el estribo. Por todo eso –también porque la tarde de la corrida de Alcurrucén se había indispuesto en público con un censor y eso sale siempre caro- se encontró Castella a tanta gente tan del revés cuando más despacio estuvo toreando, y tan dejado de sí. A ese quinto toro tan etéreo lo tumbó de otra estocada impecable.

Los protagonistas de la tarde no fueron ni Castella ni los dos toros tan peculiares de su buen lote, sino Rafaelillo y el cuarto de Adolfo, el del trapío tan sobresaliente. Un toro disparado de salida en embestidas de colosal pujanza y algo celosas, y Rafaelillo se estiró en lances de dibujo y poder espléndidos. Un exceso de capotazos antes de varas, porque el toro parecía no ver el caballo y solo tenía ojos para los de infantería. Un puyazo trasero muy peleado; un segundo de fastidiosos preparativos pero que hizo mucha sangre, hasta la pezuña el reguero. Y una desafortunada idea: la de hacer al toro tomar una tercera vara que lo habría dejado roto sin su fondo de toro encastado. El precio del castigo en varas fue que el toro, tardo, se revolviera con un giro de peonza siempre que tomaba engaño. Medias embestidas, ni zapatilleras ni arteras, pero defendiendo al cabo terreno propio.

Al tardear, parecía medir. Rafaelillo decidió plantar cara y apostó por ganar la pelea. Las dos cosas. El cara a cara fue de una tensión tremenda. Secas las gargantas de la inmensa mayoría, la del propio torero y tal vez la del toro también, la mirada fija en Rafaelillo y la muleta a la vez. No hubo dos embestidas seguidas, pero Rafaelillo estaba puesto en el sitio en cuanto se resolvía la primera.

Angustioso el ten con ten, aunque pareciera que Rafaelillo, firme de verdad, metidos los riñones, cites con el medio pecho, tenía en la mano el toro y que era dueño. Se pasó miedo. Se daba por acabado el combate cuando Rafael decidió tirar del toro con la izquierda en muletazos ayudados y enroscados, obedeció el toro. Los dos desplantes, frontales y rodilla en tierra, que sellaron las dos tandas más logradas se celebraron como momentos épicos y singulares. Lo fueron. Un pinchazo –encogido el toro- y una estocada sin puntilla. La vuelta al ruedo fue clamorosa. Se caía la plaza. Parecerá increíble pero no hubo petición mayoritaria de oreja.

También el primero de corrida, muy noble fue triturado en tres puyazos, no tan severos como los del cuarto, pero tres fueron. Noble toro, que oliscó y escarbó, y quiso, raro en albaserradas, mejor por arriba que por abajo. Cuando se paró, Rafaelillo tragó sin miedo. Una estocada a capón al tercer viaje. Escribano, que cumplía su tercera tarde de San Isidro, acabó con el tercero de infame bajonazo –un toro de mutante condición que no le dejó pensar ni terminar de ponerse- y pecó de machacón con el único toro de Adolfo que no tuvo el menor interés. El último.

FICHA DE LA CORRIDA
Madrid, 30 may. (COLPISA, Barquerito). Madrid. 25ª de San Isidro. Lleno. 24.000 almas. Primaveral, templado, casi a plomo las banderas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Seis toros de Adolfo Martín.
Rafael Rubio “Rafaelillo”, silencio tras un aviso y vuelta tras un aviso. Sebastián Castella, división tras un aviso y saludos.
Manuel Escribano, silencio tras un aviso en los dos.

Brega buena de José Chacón y Álvaro Oliver. Pares de mérito del propio Chacón, Pepe Mora y Pascual Mellinas.

MI CORRIDA 8

El torero Rafaelillo
(Jorge Arturo Díaz Reyes)
 
Rafaelillo. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
Madrid 30 de mayo.
Llegó vestido de azul y oro nuevo pero salió con fulgores de oro vejo. Su lidia al cuarto adolfo de la tarde, “Malagueño”, que salió a matar o morir, fue una gesta de tiempos idos. De tiempos heroicos. De tiempos legendarios.

Veleto y vuelto de puntas el cárdeno claro arrancó palmas de salida. No las agradeció. Nada de zalamerías. La cosa era en serio. Pronto mostró sus intenciones cazadoras. Seis lances domadores, a dos manos, obligados, bajos, poderosos, en seguidilla desde las tablas, le pararon en los medios con una revolera diciéndole que aquí había autoridad e informándole terminantemente quien la ejercía. Primera ovación.

Collado desaprovecha el encastado galope y le pone la puya trasera, pero el fiero vuelve de largo a la segunda empleándose y más en la tercera ganando respeto general. Mora y Mellinas le parean con emoción  y saludan avalados por las armas y la fibra de las embestidas.

Rafaelillo, trastos en mano, le saca con muletazos por bajo a donde pesan más los toros, donde se está más lejos de las ayudas. Allí, los dos solos, se trenzan en una batalla vida por vida. Siempre por la cara, el pequeño murciano dando a escoger su cuerpo o la muleta. Sin trampa ni cartón. Los viajes aviesos encuentran temple y aguante pero desembocaban en tornillazos y puñaladas al bulto. Igual por diestra que por siniestra. Quién dijo miedo. Pa delante.

La ligazón era imposible. Alguna tanda de tres hubo. Valió un Potosí. La pelea planteada por el toro obligaba el unipase. Pero cada uno de ellos valía más que muchas tandas, de esas que abundan por ahí, pues iba cuajado de riesgo, de verdad y de dominio. Cada cite un albur. Cada embroque una victoria. Cada desenlace un hachazo. La plaza, casi a tope, abrumada por el peligro, el valor y el dramatismo de la lidia la seguía en vilo, jaleando y jaelando.

Derechas y naturales, jugándose las tripas, trincheras y pases de pitón a pitón fueron sometiendo al insurrecto. Los desplantes de rodillas a cuerno empuñado no fueron alardes, fueron las demostraciónes de que la batalla había terminado y estaba ganada. Se había podido lo imposible. Se había demostrado que para eso es el toreo, para poderle a los toros que no quieren, no tanto para ponerse bonito acompañándoles caminatas dóciles.

Preparó con mimo la igualada, pero pinchó arriba sin soltar y luego clavó una honda en sitio que terminó tirando el adolfo contra las tablas. La vuelta fue un homenaje al dorado toreo de otrora.

El encierro fue difícil. Un Castella descolorido se llevó no solo el mejor lote sino uno de los toros de la feria, el segundo “Escribiente” al cual dejó ir bajo atronadora ovación al arrastre después de un lamentable recital de pico que solo complació al colectivo turista del público. Al quinto, un soso, noblote y flojo, de andar mortecino le puso al final el trapo al paso haciéndolo pasar por lentitud. Mal. Más que mal el torero de la empresa.

Escribano bulló y  bulló con portagayolas y quiebros estrechísimos por las tablas, sin hallar la lidia justa para sus toros. Lo corrida fue más para los aficionados que para los toreros y sus fans. Por fortuna estaba uno llamado Rafaelillo.   

domingo, 29 de mayo de 2016

REVISTA LUNES 30

Oreja de un bravo
(Revista de prensa)

Alberto Aguilar corta una oreja al bravo toro “Camarín” de Baltasar Ibán al que pidieron la vuelta al ruedo no concedida. Corrida diversa y enrazada.
 
Aguilar. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
Domingo 29 MADRID 24ª San isidro – Aguilar corta oreja a un gran toro
Tres cuartos de plaza en tarde fría. Toros de Baltasar Ibán bien pero diversamente presentados, encastados en distintas versiones. Ovacionado el 2º para el que se pidió vuelta al ruedo. Iván Vicente, saludo y silencio tras dos avisos. Alberto Aguilar, oreja y saludo. Víctor Barrio, silencio y silencio. 
LAS VENTAS: Alberto Aguilar corta la oreja de un bravo toro de Ibán. Alberto Aguilar corta una oreja a un bravo toro de Baltasar Ibán gracias a una faena muy emocionante…
ABC (Andrés Amorós): Un «Camarín» repleto de bravura
Alberto Aguilar corta una oreja a un magnífico toro de Baltasar Ibán en Las Ventas.
EL MUNDO (Íñigo Crespo): Bravo 'Camarín'; listo Aguilar. El matador madrileño corta una oreja del único toro de Baltasar Ibán que se salva de la debacle de una corrida muy desigual y fuera de tipo de la mítica ganadería.
MARCA (Carlos Ilián): Un toro encastado en una corrida exigente de Ibán. 
EL PAÍS (Antonio Lorca): Grandísima ovación para ‘Camarín’. Sobresaliente comportamiento del segundo toro de Baltasar Ibán, para el que se pidió la vuelta al ruedo.
LA RAZÓN (Patricia Navarro): Que nos libren del bueno y del malo. Alberto Aguilar corta una oreja del bravo «Camarín» de Baltasar Ibán.
MUNDOTORO (Jose Miguel Arruego): Oreja para Aguilar de un codicioso astado de Ibán.
APLAUSOS (Íñigo Crespo): Importante Alberto Aguilar, oreja de un bravo ibán. Faena de mucha entereza y mérito del madrileño, que se juega el tipo sometiendo a un toro exigente y encastado en una faena de gran emotividad. 
BURLADERO (Carlos Alonso): El premio intermedio con la bravura grande. Una oreja corta Alberto Aguilar a ese gran "Camarín".
CRONICATORO (Jorge Arturo Díaz Reyes): El bravo Camarín. Saltó a las siete y media, pidiendo guerra. Se arrancó de largo, a galope tendido contra el capote de Aguilar. Echó abajo la cara y repitió, y repitió, y repitió
SALMONETES YA NO NOS QUEDAN (José Ramón Márquez): Salve "Camarín", el toro de la Feria, y orejilla de los mulilleros de Justo Polo al torero que no lo toreó
COLPISA (Barquerito): Un toro sobresaliente de Baltasar Ibán. La semana torista del abono se abre en tarde ventosa con una corrida de serias y dispares hechuras, de nota en el caballo y encastada conducta. Y un segundo toro muy completo.

MADRID 24ª SAN ISIDRO

Un toro sobresaliente de Baltasar Ibán
(Crónica de barquerito)

La semana torista del abono se abre en tarde ventosa con una corrida de serias y dispares hechuras, de nota en el caballo y encastada conducta. Y un segundo toro muy completo. Bravo afán de Alberto Aguilar.
 
Aguilar y el 5°. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
LA PRIMERA DE LAS SEIS citas toristas de San Isidro fue una seria corrida de Baltasar Ibán. Dos toros, cuarto y quinto, de cuajo muy respetable. La imagen misma de la seriedad. Más hondo el uno que el otro, pero mejor hecho el otro que el uno. De bello pero dispar remate los demás. Veleto y paso un tercero castaño corto y bajo de agujas. De espléndida estampa el sexto, colorado, que se empleó en el caballo, claudicó y, casi afligido, murió recostado contra las tablas. Pareció enfermo

El primero de corrida se llamaba Bastonito. Igual que el ya mítico toro del mismo hierro de Ibán que entró en 1994 a la antología de la bravura fiera. No solo por su temperamento extraordinariamente correoso. También por la categoría particular de una faena igual de legendaria de César Rincón. Aquel Bastonito de la leyenda apenas dio en báscula 500 kilos. El toro arratonado primitivo del encaste Contreras. Era de pinta entrepelada.

Este otro, colorado ojo de perdiz, muy bien puesto y hecho, astifino, morrillo tupido, pasó de los 570 kilos. Cuesta pensar que fueran de una misma reata. Ni siquiera de ramas de un tronco común. En la ganadería de Ibán era costumbre repetir nombres de toros y distinguirlos por ordinales romanos, si eran de la misma camada. Este último Bastonito cumplió bien en el caballo –tardeó pero galopó a la segunda vara y se empleó entonces en serio-, tardeó también en banderillas pero atacó, y metió la cara en la muleta. Solo que a los diez viajes empezó a rebrincarse, a los quince hizo amago de irse a tablas y de pronto no podía con su alma. Fue toro de llamativa nobleza. Al cabo una faena morosa pero de buen pulso, Iván Vicente lo tumbó de una soberbia estocada.

No hay corrida de Ibán sin toro de nota y fueron dos en esta ocasión. Un segundo muy completo en los tres tercios; y ese quinto tan serio pero tan hermoso que, pegado en corto en un primer puyazo sin escape y sangrado abusivamente en un implacable segundo puyazo muy trasero, se fue a mitad de faena a tablas como si sacara bandera blanca. De modo que se quedó sin apenas ver. Su manera de engallarse y plantarse  antes de banderillas fue distinción de bravura. También su manera de humillar y repetir en los primeros compases de una faena cortada de golpe: Alberto Aguilar, prendido por la mano derecha, empalado y montado en el cuerno durante un rato, y al fin lanzado como un fardo. Tremendo. Cuando Alberto volvió al tajo, el toro era otro. El que tomó el camino de tablas para pararse y consentir hasta un desplante de mucha majeza.

Para el segundo, negro listón, se pidió con fuerza la vuelta al ruedo. Las razones del toro: su formidable pero templado galope de salida, su pelea inconfundible de bravo en dos puyazos –muy severo, larguísimo el primero, de pelear de verdad el segundo-, la prontitud y el son de sus ataques en la muleta, con nota sobresaliente para su empleo por la mano izquierda. En corto, en distancia, al toque y al retoque: en todos modos y toda parte quiso el toro, ligeramente rebrincado en los momentos más revolucionados de una faena de Alberto Aguilar de mucha resolución, parecída entrega, un punto de electricidad, mucho aguante y agallas para resistir a pesar de un viento taimado. Soltando el engaño, una estocada sin puntilla.

El toro difícil de la corrida de Ibán, tan variada, fue el cuarto, Tesugo, hermano de lote de Bastonito. El viento molestó mucho durante la lidia entera. Capotazos de brega excelentes de Joselito Rus: hubo que llegar o esperar, según, por tratarse de toro tardo, picado al relance y protestón en el caballo, amigo de escarbar y oliscar, pero distinguido con el sello de la casta, que le dio, al probar, tardear o meter la cara entre las manos, aire incierto. Carácter complicado que se tradujo en genio a la hora del descabellar: Sin descubrir, se defendió a trallazos en cuanto sentía cerca la punta de un capote. Muy sereno Iván Vicente. Faena con dos notables tandas primeras en redondo pero castigada por el viento.

El tercer ibán apretó y enpujó en dos varas, más codicioso que poderoso, salió con la cara alta de no pocas reuniones, derrotó. Toro más de público que otra cosa. Afanoso, encajado, sueltos los brazos, Víctor Barrio, que estuvo en todos los quites y se estiró de salida con aire serio en sus dos bazas. No se arredró ante la cara tan ofensiva del toro. Al sexto, tan venido abajo, solo pudo matarlo en tablas con una estocada de recurso.

FICHA DE LA CORRIDA
Madrid, 29 may. (COLPISA, Barquerito). Madrid. 24ª de San Isidro. 20.000 almas. Revuelto, ventoso, nublado, lluvia en el sexto toro. Dos horas y doce minutos de función. En la meseta de toriles, la infanta Elena, con su hija Victoria Federica, recibió brindis muy aplaudidos de Iván Vicente y Víctor Barrio. Seis toros de “Baltasar Ibán” (Cristina Moratiel).
Iván Vicente, ovación y silencio tras un aviso.
Alberto Aguilar, una oreja y saludos.
Víctor Barrio, silencio en los dos.
Dos certeros puyazos de Óscar Bernal. Brega distinguida de Joselito Rus y Rafael González. Pares buenos del propio Joselito Rus, Tito Robledo, Roberto Jarocho y el excelente tercero Alberto Zayas.

MI CORRIDA 7

El bravo "Camarín"
(Jorge Arturo Díaz Reyes)
 
Camarín en los corrales. Foto: Juan Pelegrín, www.las-ventas.com
Madrid 29 de mayo. 
Bravo el toro. Saltó a las siete y media, pidiendo guerra. Se arrancó de largo, a galope tendido contra el capote de Aguilar. Echó abajo la cara y repitió, y repitió, y repitió, seis, siete, ocho veces hasta el remate belmontino de la fogosa tanda con que lo saludó el pequeño valiente. Fogosos los dos.

Me encanta este torero” murmuró a mi lado Loperita. Pero el rey de la plaza era el toro. Pronto y desde los medios corrió al caballo de Carlos Sánchez, y al florido quite por nicanoras, farol y media de Alberto. Y a las dos chicuelinas, la revolera y la brionesa de Barrio. Y otra vez de muy largo al peto, empujando. Y todos, comenzando por el toro, queriendo la tercera vara. Todos, menos Don Justo Polo quien cambió el tercio a la carrera privándonos del brillante momento. La reprimenda fue a ley, ejemplarizante. Sin embargo no fue la única injusticia de Justo con el toro. Al final negaría la vuelta al ruedo pedida multitudinariamente, confirmando que no lo había entendido.

Pero sigamos con uno de los grandes recuerdos que me deja esta feria. Después de ser banderilleado en franca lid, tres veces persiguió “Camarín” a Rus y a “Tito” hasta las tablas, bajo un coro de aprobación y homenaje.

Luego se quiso comer la muleta en siete doblones bajos y una firma, encadenando los viajes con franca seriedad. Raza y temperamento. Prontitud, codicia, fijeza. Nada de bobería. Hocico en tierra. Peleando gallardo por su vida.

El anterior, el primero, se llamó “Bastonito”, error, fue este segundo el que mereció el glorioso nombre. Cuatreño, negro listón en castaño, chorreado, bragado y levemente cornivuelto. Llevaba el número 37 y pesó 560 kilos.

Tandas derechas varias, dos izquierdas y de nuevo por la diestra, y a todo iba crecido. La emoción auténtica que produce la bravura se adueñó de la plaza. Qué contraste con la moda.

La estocada, montándose, cayó trasera y desprendida, pero mató de una. La faena fue digna, valerosa, vale, pero el toro lo fue más. Y el incomprensivo palco entretenido en  agitar el pañuelo para  que le amputaran una oreja al glorioso cadáver, ignoró la unánime petición de  vuelta al ruedo para bravo. No hay derecho. Y vuelta al castigo pedagógico del pueblo. Desgraciadamente la letra con pitos no entra, pese a las buenas intenciones de los sopladores.

Como preámbulo de la semana torista, Baltasar Ibán, trajo casta con picante, todos fueron a los caballos, pese a que dos se rajaron y dos se pararon. Corrida diversa. Corrida compleja. Corrida para lidiarla, que hizo honor a su ancestro Contreras. Corrida para esos que llaman aficionados. Y sobre toda ella un toro para el recuerdo y quizás lo trofeos de la feria.